Cubanos que eludieron la deportación en EE.UU., ahora están varados en México

Mientras Washington intensifica la presión sobre Cuba al restringir el suministro de combustible y endurecer las sanciones económicas, también ha aumentado el cerco sobre los migrantes cubanos que viven en Estados Unidos.
En ningún lugar son más evidentes las consecuencias que en México, que en poco más de un año ha recibido unos 4.353 deportados cubanos, según un informe de Human Rights Watch (HRW). Por todo el sur de México, multitudes de cubanos —muchos de ellos deportados por tener antecedentes penales— intentan sobrevivir en un país donde carecen de estatus legal y reciben escasa ayuda del gobierno. Algunos hacen trabajos ocasionales o mendigan, mientras otros son reclutados por los cárteles o recurren al trabajo sexual.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
La situación refleja el doble objetivo de debilitar a La Habana y, al mismo tiempo, endurecer la represión contra las infracciones migratorias. La administración Trump acusó formalmente al exmandatario de la isla y ha insinuado su disposición a utilizar la fuerza militar para derrocar al régimen de partido único, que lleva 67 años en el poder. Al mismo tiempo, la ola de deportaciones representa un cambio drástico para la comunidad cubana en EE.UU., un bastión clave de apoyo para la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
Durante décadas, los cubanos disfrutaron de privilegios —incluida una vía acelerada hacia la legalización— a los que otros latinoamericanos no tenían acceso. Y dado que la isla comunista se niega a aceptar el regreso de muchos de sus ciudadanos, ni siquiera los migrantes cubanos que infringían la ley en EE.UU. eran deportados.
La semana pasada, el secretario de Estado Marco Rubio, quien tiene aspiraciones presidenciales, pidió a los ciudadanos cubanos alinearse con Trump en los esfuerzos por impulsar un cambio. Nacido estadounidense de padres cubanos, Rubio ha sido durante mucho tiempo un defensor de la comunidad de la isla en el país.

Lorenzo Sánchez, de 65 años, huyó de Cuba en 1980 como parte del éxodo del Mariel y se estableció en el sur de Florida. Hace aproximadamente un año, sentado en la playa de Cayo Hueso, lanzó una lata de cerveza hacia el bote de basura y falló. Sería uno de los lanzamientos más trascendentales de su vida.
Un policía que pasaba por allí vio la lata, lo detuvo por beber en vía pública y descubrió una orden de deportación de 1991 que llevaba mucho tiempo inactiva. Semanas después, lo dejaron junto con otros 150 cubanos en Villahermosa, en la frontera sur de México con Guatemala, a unos 3.800 kilómetros de su hogar.
“Ahora vivo en la calle, no puedo trabajar y dependo de la comida que la gente me da. No tengo dinero ni para comprar mi insulina”, dijo Sánchez, que perdió los dedos del pie izquierdo debido a una neuropatía diabética.
300 drones cubanos y la narrativa de la amenaza
En EE.UU., realizaba trabajos ocasionales y tenía acceso a Medicare y Medicaid, además de un subsidio mensual de US$300 para comida. Sin teléfono, no ha podido ponerse en contacto con su familia. No cree que nadie sepa dónde está. “Ellos deben pensar que estoy muerto”.
En Villahermosa no hay muchas oportunidades de trabajo. La ciudad atraviesa una difícil transición económica tras años de auge ligado a la expansión de Pemex, la petrolera estatal que lucha con una deuda de US$79.000 millones. También se ha convertido en una de las zonas más violentas del país a medida que los cárteles ganan terreno.
Cuando Sánchez intentó salir de Villahermosa, las autoridades mexicanas lo devolvieron.
“Nos soltaron en una calle en la noche y ahora no podemos irnos”, dijo. “Estamos presos”.

Trump ganó la reelección en 2024 con la promesa de poner en marcha la “mayor deportación” de la historia de EE.UU., y ha reescrito radicalmente las normas que durante mucho tiempo rigieron la inmigración. En particular, la administración negoció acuerdos que le permiten enviar deportados, independientemente de su nacionalidad, a más de 30 países. Algunos de estos, como los que han enviado personas a Ghana, Esuatini y la famosa prisión CECOT de El Salvador, han acaparado titulares.
Eso abrió la puerta a la deportación de cubanos que habían estado protegidos por administraciones anteriores. El informe de HRW reveló que muchos de los deportados cubanos habían sido residentes legales en EE.UU., pero perdieron sus tarjetas de residencia tras condenas penales. En la mayoría de los casos, los delitos no eran violentos y, en muchos, ya habían cumplido sus condenas y seguido viviendo en EE.UU. durante años o décadas.
“Muchos habían llegado a creer que la deportación ya no era posible”, señalaba el informe de HRW.
Es probable que a otros cubanos enviados a México desde EE.UU. no se les permitiera ser deportados a sus propios países tras argumentar que podrían sufrir torturas si eran devueltos, afirmó Gretchen Kuhner, directora del Instituto para las Mujeres en Migración, con sede en Ciudad de México. EE.UU. es signatario de la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura, que según los abogados es relevante en casos individuales, pero no impide que esas personas sean trasladadas a otro país.
El papel de México ha pasado en gran medida desapercibido. Entre el 20 de enero de 2025 y el 9 de marzo de 2026, EE.UU. deportó a casi 13.000 nacionales de terceros países a México, entre ellos hondureños, nicaragüenses y haitianos. Pero los cubanos representan, por mucho, la mayor parte, según el estudio de HRW.
“Los cubanos en EE.UU. se consideraban históricamente inmunes a las deportaciones masivas”, afirmó Alcira Hava, becaria Leonard H. Sandler y una de las autoras del informe. “Durante décadas estuvieron prácticamente protegidos contra la expulsión y, desde luego, no eran deportados a la escala que estamos viendo ahora”.

“Ahora los están abandonando en ciudades extremadamente peligrosas, sin ningún tipo de apoyo institucional ni acceso a atención médica”, agregó.
Los representantes del Gobierno de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, no hicieron declaraciones al respecto de inmediato.
Durante años, Amparito, un albergue de gestión privada en Villahermosa, ha ofrecido a los migrantes comida, ropa y unas cuantas noches de alojamiento. En 2024, la mayoría de los beneficiarios eran venezolanos y hondureños que caminaban hacia el norte, rumbo a EE.UU., dijo el director Josué Leal. Ahora son predominantemente cubanos deportados desde Florida y Texas. Y la mayoría son hombres mayores, con problemas de salud y, a menudo, con antecedentes penales.
Leal cree que la presión económica y política de Washington está obligando a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, a recibirlos.
Cuba reivindicó su derecho a la defensa propia y advierte de un “baño de sangre” en caso de invasión
“Cuba los rechaza porque tienen algún récord criminal”, y ni EE.UU. ni México se hacen responsables de ellos, afirmó.
“Es un reto para nosotros. Están enfermos, no tienen identificaciones ni celular”, dijo. “Los deshechan como a perros. Los mandaron aquí a morirse”.
Sobre el papel, los cubanos deportados tienen derecho a solicitar asilo y residencia en México. Pero en la práctica, hay demasiados obstáculos y la mayoría termina atrapada en un limbo legal, según HRW.
Sobre el papel, los cubanos deportados tienen derecho a solicitar asilo y residencia en México. Pero en la práctica, hay demasiados obstáculos y la mayoría acaba en un limbo legal, según HRW.

Algunos de los deportados más jóvenes han logrado llegar a Cancún y otros centros turísticos y encontrar trabajos informales. Pero quienes no pueden hacerlo a veces caen en manos de los cárteles y son reclutados como traficantes de drogas o trabajadores sexuales.
Alena Larrazábal, de 47 años, vivió en Florida durante 20 años y tenía una orden de deportación por robar un collar para perro hace décadas para financiar su adicción al crack. Originaria de La Habana, terminó encontrando un trabajo estable en Miami como enfermera y conductora de Uber. En Villahermosa, ha caído en el comercio sexual.
“Aquí no nos ayudan en nada”, dijo, fumando un cigarrillo a la salida de un supermercado. Afirmó que solo sigue viva gracias a su trabajo.
La mayoría de los cubanos entrevistados en Villahermosa dicen que la única forma de volver a la isla es que haya un cambio de gobierno y regrese la democracia.
Al borde del colapso, Cuba negocia contra reloj y en forma directa con la CIA
Algunos, como Damián de la Moneda, un hombre de 49 años que vivió en EE.UU. desde los 11, ya tienen un plan. “Como hablo inglés, quiero trabajar en Cancún con los turistas y, si hay un cambio de verdad, estoy al lado de Cuba: solo me subo a un bote y regreso”.
Por ahora, Sánchez, de Cayo Hueso, duerme en la calle y tiene los brazos llenos de picaduras de mosquitos. Mientras esperaba bajo un sol abrasador a que el albergue repartiera comida gratis un fin de semana reciente, se puso desodorante… dos veces.
“A mi me quitaron todo. No tengo ni siquiera una patria, pero no me van a quitar mi dignidad”, dijo. “Al menos huelo bien”.
GZ
Fuente: www.perfil.com



