“Cuando uno elige el cine de género va por la experiencia”


Antes de su estreno el 22, viene precedida de premios. La producción argentina uruguaya El susurro ya recibió a la mejor dirección y largometraje en el Festival Buenos Aires Rojo Sangre, en su edición 26ª. Está protagonizada por el argentino Luciano Cáceres, junto a la uruguaya Ana Clara Guanco y al venezolano Marcelo Michinaux, entre otros. Luciano Cáceres anticipó que está ensayando un nuevo unipersonal para el teatro, con el título de Paraíso es su autora la española Inmaculada Alvear, contará con la dirección de Ignacio Rodríguez de Anca. Será una coproducción con España y esperan estrenar el 15 de marzo en el Teatro San Martín. “Así como Muerde refleja el mundo rural –anticipa Cáceres– éste es de la ciudad. Tal vez vuelva a filmar en España, gracias a la película Adiós Madrid”. Mientras apoya con pasión la ficción El susurro y junto a su director y coguionista anticipa su temática.
—¿Por qué un actor elige filmar una película de terror?
LUCIANO CÁCERES: A mí me encanta el género. Primero, no soy prejuicioso, los vencí a todos en el momento que abrí una sala teatral Quintín (1996) y sumé miles de trabajos para poder sostener ese espacio y seguir formándome. A mí los géneros me encuadran, me provocan un atajo y tienen que ver con mis estudios. Tengo una formación tradicional que fue en la escuela de Alejandra Boero, donde veíamos los autores clásicos, la dramaturgia norteamericana y comedia del arte. Transitábamos todos los géneros y eso es un camino a la hora de actuar. Me encantan los personajes y los roles que tenga que hacer.
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—¿Cómo nace el guión de una película de este género?
GUSTAVO HERNÁNDEZ: A veces, nace escuchando una historia o un sueño, o una pesadilla. En este caso fue algo personal que le sucedió al otro guionista, Juma Fodde. Él tiene un gato y al lado de donde vive había una casa abandonada, notó que el animal volvía de allí con un olor extraño. Tuvo la idea de ponerle una cámara para ver donde iba y eso lo trasladamos a la película. Fue un punto de partida porque me pareció superinteresante visualmente. ¿Cuál es el tema de la película? Vengo de una familia muy grande, con muchos hermanos y hace tiempo que quería abordar los vínculos de la hermandad.
—¿Qué características tiene trabajar con niños? ¿Estaban acostumbrados?
L.C: Tengo muchísima experiencia, ya que hice para Telefe Señores papis (2014) y fueron trece meses trabajando con niños. Siempre es muy particular. Hay alguien que se encarga de los chicos en el set y deben estar los padres que a veces tienen más intereses que los pequeños. En este caso puntual no, porque Marcelo es de otro planeta. Es un niño, pero profesionalmente es un adulto más. Tiene una gran claridad de cómo pararse, estar y no se pierde tiempo con él, ni tiene manías y eso que tiene diez años. Es feliz filmando. También fue muy bueno el trabajo de Ana, que es su primera película y se nota que además de actriz es bailarina. Hay algo muy físico que ella pone de energía.
G.H: Sabía que iba a trabajar con un chico y con animales, más precisamente con un gato, que es dificilísimo. La película se filmó en Uruguay, pero el gato viajó desde Argentina con un entrenador especializado. Ya había trabajado con niños en mi anterior película Virus 32. Fue importante hacer un casting muy grande, vimos doscientos cincuenta niños. Pero hay que saber que cuando lo contratás, en realidad hay que observar cómo es su familia. Si hay padres inaguantables la filmación se vuelve un infierno, pero no me pasó. Aquí ellos lo apoyan al ciento por ciento. Marcelo es un niño que tiene una naturalidad innata y como los grandes actores es inteligente. Además de intuición, tiene que tener inteligencia porque se está constantemente tomando decisiones.
—¿Qué características diferentes tiene actuar en una película de terror?
L.C: En este género no te hacés cuestionamientos, sos cómplice de todo. Estaba haciendo la gira con el unipersonal Muerde en los Estados Unidos y me llamó el productor Fernando Díaz y me la propuso advirtiéndome que se filmaría en Uruguay. Ya había visto varias películas de Gustavo (Lobo feroz, La voz ausente). Lo que más me gustó del guión es que tiene todos los tópicos del género. Al igual que De-sarmadero de Eduardo Pinto hay aquí un sustento vincular y emocional muy potente, que creo que es un bonus track que tiene la ficción.
—¿Cómo fue la filmación?
G.H: Para una película de terror son cuatro semanas y media, es un tiempo que está bien. Aunque es difícil, porque pasan un montón de cosas, hay niños, un bebé, un gato, no fue fácil, pero tuve la suerte de tener tres actores que dejaron todo. Tengo muchos años filmando y cuando los interpretes están muy comprometidos, comprometen a todo el equipo. Es una película de terror filmada en el Río de la Plata, género que durante muchas décadas fue vapuleado o minimizado. De a poco fuimos encontrando nuestro lugar, ahora estamos disfrutando el trabajo de muchísimos años.
—¿El público es distinto?
G.H: Sí, para mí es mucho más arriesgado. Lo que un público más ortodoxo está esperando en el del terror, aplaude, busca la sorpresa, o lo nuevo porque quiere que la experiencia sea distinta. A mí, como espectador, me gusta asustarme porque prefiero que me provoquen, pero también que la historia que me están contando sea interesante, que me emocione y sacuda. Cuando estamos armando las películas, siempre me pongo de ese lado. Hay mucha gente que busca en el género del terror lo impredecible, lo que nunca vio antes, eso lo aplaude muchísimo.
—Tu personaje no es un protagónico…
L.C: De alguna manera es mi susurro…Estoy en los momentos que tengo que estar y si no, no la hubiese podido filmar por toda mi actividad. Me armaron siete días de trabajo, para que estuviera.
—¿Qué les sorprende del género y de sus espectadores?
L.C: Hoy hay muchos festivales del género. Nunca gané tantos premios como con este tipo de cine. Con El desarmadero creo que me dieron diez galardones internacionales. Hay cierto fanatismo. También me sucede con la obra teatral Muerde, de Francisco Lumerman, más allá de contar una historia, se vuelve una experiencia. El público no sale igual a como entró. Cuando uno elige el cine de género va en búsqueda de una experiencia. De alguna manera sigue provocando eso este tipo de cine y captando a las nuevas generaciones. Además, saben que no es lo mismo verlo en una plataforma que en la pantalla del cine. El sonido, lo que va a pasar en la sala y el susto es colectivo. Se vuelve algo que hay que vivenciarlo.
—¿Cómo son los festivales?
L.C: Técnicamente se ha vuelto muy superador el cine de género, en su factura y cómo de alguna manera empieza a entrar en festivales que eran solo para Cinearte. Ahora estas películas pueden estar también en competencias. Por ejemplo, todos los premios Sur que ganó Cuando acecha la maldad de Damián Rugna, donde entran categorías como fotografía o música original. Me parece un cliché pensar que el cine de este género es menor.
G.H: Estuvimos en el festival número uno del mundo, que es el Sitges (España), donde fue muy bien recibida. Fueron elegidas treinta películas entre ochocientas que se presentaron a la selección y allí estuvo El susurro. Hay que darse cuenta de lo que pasa con el cine latinoamericano. Lo que estamos logrando. Después ganamos como Mejor Película Latinoamericana en el Festival de Mórbido, en México. Además sumamos el Festival Buenos Aires Rojo Sangre.
Fuente: www.perfil.com



