Cómo evitar los dolores de cabeza de cada verano


Estemos o no de vacaciones el verano tiene otro ritmo. Salimos a la playa, a la montaña, pasamos más tiempo tomando algo en las terrazas -y se nos pueden antojar unas aceitunas o unas patatas fritas para acompañar-… en general somos más ‘disfrutones’ en verano.
Y, sin embargo, hay quien sufre, invariablemente, un dolor de cabeza más o menos intenso que, en algunos casos, se transforma en migraña. Quienes los sufren quizás no sepan que, en realidad, es una situación muy frecuente. No son casos aislados.
Hay muchas personas que sufren este trastorno en verano -a pesar de que el resto del año no tengan este tipo de molestia-. A medida que cumplimos años estamos más expuestos a este tipo de molestia estival.
Estemos o no de vacaciones el verano tiene otro ritmo. Salimos a la playa, a la montaña, pasamos más tiempo tomando algo en las terrazas -y se nos pueden antojar unas aceitunas o unas patatas fritas para acompañar-… en general somos más ‘disfrutones’ en verano. Y, sin embargo, hay quien sufre, invariablemente, un dolor de cabeza más o menos intenso que, en algunos casos, se transforma en migraña.
Quienes los sufren quizás no sepan que, en realidad, es una situación muy frecuente. No son casos aislados. Hay muchas personas que sufren este trastorno en verano -a pesar de que el resto del año no tengan este tipo de molestia-. A medida que cumplimos años estamos más expuestos a este tipo de molestia estival.
El calor, la luminosidad del sol, no llevar protegida la cabeza, los cambios ambientales, el ruido, el cambio en los patrones de sueño, más consumo de alcohol, deshidratación, más tensiones familiares, cambios en la dieta, exposición a viento fuerte y constante… las causas pueden ser muy diversas o un cúmulo de varios factores.
La dilatación de los vasos sanguíneos es uno de los principales factores que puede llevar a la aparición de la cefalea. Y siguiendo con la temperatura, el paso brusco de un calor intenso a ambientes muy refrigerados con aire acondicionado también puede estimular el dolor de cabeza.
Como dato orientativo se puede comentar el resultado de un estudio de la Escuela de Medicina de Harvard (EE. UU.) que mostró que solo con un aumento de cinco grados en la temperatura ambiental aumenta un 7,5 por ciento el riesgo de sufrir un dolor de cabeza en las siguientes 24 horas.
A nivel médico se han detallado una serie de consejos o recomendaciones que contribuyen, sensiblemente, a reducir la aparición de las cefaleas veraniegas:
Evitar el sol y el calor directo utilizando gorras, sombreros, ropa holgada y de colores claros
No salir a la calle en las horas centrales del día. Buscar la sombra siempre que sea posible y refrescar cara y cuello con frecuencia ayuda a controlar la propia temperatura corporal.
Proteger los ojos con gafas de sol con un filtro adecuado para evitar el aumento de la presión intraocular.
Además, la luz brillante del sol al entrar en el ojo mediante el iris puede activar unas células nerviosas en el cerebro que transmiten señales de dolor.
Con un consumo diario de unos 2,5 litros de agua y evitar o controlar el consumo de alcohol ya que este contribuye a la deshidratación y a la aparición del dolor de cabeza.
Es importante dormir las horas necesarias y, si vamos a acostarnos más tarde o salir por la noche, es muy buena idea disfrutar de una breve siesta de unos quince minutos y practicar algún tipo de ejercicio físico de intensidad moderada.
Una investigación divulgada por la Asociación Española de Migraña y Cefalea advierte que en esta época se consumen más alimentos ricos en histamina como marisco, embutidos o conservas.
La histamina se vincula directamente con la manifestación del dolor de cabeza. Los embutidos también contienen nitratos y algunos frutos secos, el chocolate o el queso pueden ser ricos en tiramina. La dieta debe ser, en cambio, rica en alimentos frescos; en especial verduras, hortalizas y fruta.
Fuente: www.clarin.com



