Claudia Rodríguez, pareja de Marc Cucurella: “Nuestros veinte fueron diferentes pero no menos felices”


Claudia Rodríguez, antes de estadios o hijos, soñaba con ser bailarina clásica en Londres. La danza le enseñó disciplina y resistencia, marcando su vida profundamente. “La danza clásica es de las mejores cosas que me han pasado en la vida”, afirma.

Si pudiera hablar con sus hijos, les mostraría su felicidad con poco, su fuerza y perseverancia. A pesar de la fama de Marc Cucurella como campeón mundial, mantienen una vida normal. “La gente se sorprende al vernos en el supermercado”, dice.

Nacida en Mataró, Claudia aprendió de su madre a ser independiente y responsable. De su padre, la importancia de actuar con bondad y mantener valores firmes, sin importar las circunstancias.

Con 17 años, conoció a Marc Cucurella, entonces en la cantera del FC Barcelona. Ella cree en el amor a primera vista, pero se enamoró al descubrir su esencia. “Marc sacó mi mejor versión”, confiesa.

Cuando Cucurella pasó del FC Barcelona al Eibar, su relación era reciente. Decidieron vivir juntos, y Claudia reorganizó sus estudios para acompañarlo, iniciando una nueva vida lejos de casa.

Esa primera mudanza fue el inicio de muchas: Getafe, Brighton, Chelsea y ahora el Real Madrid. Para las familias, cada cambio de equipo implica una gran logística: “colegios, casa, médicos…”, explica Claudia.

Ahora, mientras disfruta de sus vacaciones, se prepara para la etapa en el Real Madrid. “Siempre he sido madridista desde pequeña. Es una coincidencia preciosa que termine en el equipo que siempre he apoyado”, comenta.

A sus 26 años, Claudia es madre de tres. Su vida temprana fue diferente, lo que los impulsó a formar una familia jóvenes. Mateo, el primero, llegó cuando Marc tenía 21 y Claudia 20.

Poco después, Mateo fue diagnosticado con autismo. Claudia inició una búsqueda constante de tratamientos y recursos, incluso viajando a Argentina para encontrar apoyo para su hijo.

Al hablar de Mateo, Claudia destaca su alegría, cariño y valentía. “No hay nada que le guste más en la vida que la música”, dice. Resalta su corazón, gratitud y fortalezas, más allá de las dificultades.

Marc se involucra plenamente en la crianza, noches incluidas. La maternidad le enseñó paciencia, amor incondicional y la responsabilidad de educar a tres hijos sin perderse a sí misma. Ha trabajado en terapia para encontrar su equilibrio.

Claudia, mientras apoya la carrera de Marc, también construye su propio camino. Ha terminado Comunicación y trabaja en un proyecto personal. El fútbol es parte de la vida de sus hijos, quienes empiezan a notar la singularidad de su padre.

La danza le enseñó que el equilibrio es movimiento. La vida le exigió la misma disciplina. Las victorias importantes no son portadas, sino enseñar humildad a sus hijos. Juntos construyen una historia que no se mide en títulos, sino en cómo sus hijos, Mateo, Río y Bella, vean el mundo.

Fuente: www.clarin.com

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