Científicos revelan que el mayor depredador marino de hace 360 millones de años no tenía dientes, sino cuchillas óseas


El mayor depredador marino que dominó los océanos hace unos 360 millones de años no utilizaba dientes para cazar, como se creyó durante décadas.

Un hallazgo científico liderado por el biólogo Russell Engelman de la Universidad Case Western Reserve, reveló que utilizaba un sofisticado sistema de cuchillas óseas que actuaban como una guillotina natural.

Se trata del Dunkleosteus, uno de los peces acorazados más temidos del período Devónico, la cuarta era Paleozoica, y obligó a reescribir parte de la historia evolutiva de los grandes cazadores marinos.

Durante más de un siglo, el Dunkleosteus fue representado como un pez gigante con una mandíbula repleta de dientes afilados.

Sin embargo, nuevas investigaciones basadas en modelos tridimensionales, fósiles mejor conservados y comparaciones con especies actuales demostraron que esa imagen era incorrecta.

El hallazgo clave fue que este depredador marino no tenía dientes verdaderos, sino placas óseas endurecidas que crecían y se afilaban de manera natural con el uso. Estas estructuras que tenía como dientes funcionaban como cuchillas capaces de cerrarse con enorme fuerza y precisión.

Al encajar unas con otras, formaban un sistema de corte extremadamente eficiente, ideal para perforar caparazones, partir huesos y despedazar a sus presas.

Según los científicos, este mecanismo era incluso más eficaz que una dentadura tradicional, ya que requería menos mantenimiento biológico y ofrecía un filo constante.

El Dunkleosteus pertenecía a los placodermos, un grupo extinto de peces acorazados que dominaron los mares durante el Devónico. Este depredador marino podía alcanzar varios metros de longitud y se ubicaba en la cima de la cadena alimentaria, sin competidores reales en su entorno.

El hallazgo no solo redefine la apariencia del Dunkleosteus, sino que también aporta información clave sobre la evolución de los sistemas de alimentación en los vertebrados marinos.

Hasta ahora, se asumía que los dientes eran una condición indispensable para que un animal alcanzara el rol de superdepredador, sin embargo, este depredador marino demuestra lo contrario.

Las placas óseas del Dunkleosteus eran parte del cráneo y crecían junto con el animal, adaptándose al desgaste. A diferencia de los dientes, que pueden romperse o perderse, estas cuchillas se autoafilaban con cada mordida.

Este detalle convierte al hallazgo en una pieza central para entender cómo la evolución exploró múltiples soluciones para un mismo problema: capturar y procesar alimento de manera eficiente.

Además, los científicos detectaron que la fuerza de mordida del Dunkleosteus era extraordinaria. Las simulaciones indican que podía cerrar sus mandíbulas a una velocidad notable, generando un efecto de succión que facilitaba la captura de presas rápidas o escurridizas. Este rasgo refuerza su imagen como un depredador marino altamente especializado.

El hallazgo también permite comprender mejor cómo eran los ecosistemas marinos de hace 360 millones de años. La presencia de un depredador marino tan eficiente sugiere océanos ricos en biodiversidad, con abundancia de presas y una compleja red trófica.

Lejos de ser ambientes simples, los mares del Devónico estaban llenos de interacciones evolutivas sofisticadas. Los investigadores señalan que la aparición de este tipo de depredadores impulsó una “carrera armamentista” evolutiva.

Las presas desarrollaron caparazones más resistentes o mayor velocidad, mientras que el Dunkleosteus perfeccionó su sistema de cuchillas óseas. Además, el trabajo de los investigadores pone sobre la mesa que inclusó fósiles famosos todavía tienen secretos que revelar.

Fuente: www.clarin.com

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