Caso Loan: qué hizo la familia con la plata de las donaciones y por qué se quedaron solos


A dos años de la sustracción de Loan Danilo Peña en un inhóspito paraje rural de 9 de Julio, unos pocos vecinos llegaron el sábado hasta la casa de sus papás, José y María, para encender una vela o dejar una flor en el altar que la familia levantó para recordarlo y mantener viva la esperanza de volver a abrazarlo.

En el pueblo ya no quedan ecos de las multitudinarias marchas que exigían la aparición con vida del chico y la familia está cada vez más sola en su lucha.

Sólo un pequeño grupo de autodenominadas “madres corajudas” se reunió en la Costanera de la ciudad de Corrientes para participar de una misa y exigir castigo para los responsables del hecho.

A casi 200 kilómetros del pequeño poblado las lágrimas volvieron a rodar, como en junio de 2024, cuando toda la provincia salió a la calle para dejar en claro que se había traspasado un límite intolerable. Esa vez, el “vivo se lo llevaron, vivo lo queremos” retumbó en todos los rincones, pero Loan nunca apareció. Y esas voces se fueron silenciando.

En 9 de Julio muchos reconocen que la causa Loan dejó de ser la causa del pueblo hace muchos meses. Y lo atribuyen a algunas decisiones de la familia del nene, que tenía 5 años al momento de su desaparición.

Los mayores cuestionamientos apuntan al uso que los padres y hermanos de Loan dieron al menos a una parte del dinero que se recaudó para costear la búsqueda del chico en las semanas posteriores a su desaparición en El Algarrobal. La realidad es que los Peña no exhiben un cambio marcado en sus condiciones de vida.

“Compraron un auto, una moto nueva y abrieron tres negocios en el pueblo. Hoy día uno tiene la sensación que ya no lo buscan a Loan, que ya es parte del pasado”, se sincera una vecina por lo bajo.

Los dardos parecen dirigidos a José (hijo), que está al frente de una verdulería en el barrio Belgrano. Mariano se dedica a comercializar camisetas al por mayor y los fines de semana salta la cancha como árbitro de los partidos que rompen la monotonía pueblerina. César tiene un polirrubro sobre una calle lateral de la plaza donde 9 de Julio supo reclamar la aparición de Loan.

Apenas estalló el caso, hubo millonarias donaciones en canales de TV de Buenos Aires que llegaron a los Peña.

El mural con el rostro de Loan en la plaza principal del pueblo, donde decenas de veces José y María exhibieron su dolor de padres, fue el testigo del silencio ensordecedor de una comunidad que ya no confía en nadie, ni siquiera en las víctimas de una historia que este martes sumará un nuevo capítulo con el inicio del juicio oral.

A pocas cuadras de allí, cientos de personas se reunieron en la casa de Susana Canteros para celebrar a San Antonio de Padua. Hubo un almuerzo comunitario, chamamé y a las 16.30 partió la procesión por las calles del pueblo. Nadie recordó a Loan ni pidió por su aparición.

En el tejido perimetral de la casa de los Peña siguen colgados los carteles que piden por la aparición del menor de los hermanos. El paso del tiempo los fue decolorando, pero nadie se atreve a quitarlos y ya no hay voluntarios dispuestos a hacer nuevas pancartas.

Detrás del portón de acceso, una puerta siempre abierta de la casa muestra el altar con la foto y las cosas más apreciadas por Loan: su pequeño acordeón de juguete, su boina preferida.

José, de 58 años, fue el sábado nuevamente a El Algarrobal, donde hace dos años llegó montado en su caballo junto a Loan sin saber que la historia de su familia cambiaría para siempre.

El dormitorio que compartía el nene con su hermana de 11 años sigue intacto. Ella es la segunda más chica de un total de siete hijos, seis de ellos varones.

María (48) guarda toda su ropa, la mochila del jardín y hasta la ropa interior del menor de sus hijos porque ella está convencida que un día lo verá ingresar nuevamente por el pequeño portón.

En 9 de Julio esperan con ansias el inicio del juicio. Algunos creen que allí podría salir a la luz la verdad del caso a partir de la confesión de alguno de los siete acusados de la sustracción. Y así cerrar el capítulo más triste de sus 150 años de historia.

Fuente: www.clarin.com

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