Brendan Fraser luce irreconocible como un personaje clave de la Segunda Guerra Mundial


Brendan Fraser está viviendo un renacer actoral. Su actuación en La ballena (The Whale) lo devolvió a la lista de prioridades de Hollywood, y ahora busca estar a la altura en la piel de un personaje clave de la Segunda Guerra Mundial: Dwight D. Eisenhower.

En las últimas horas salió el trailer de “Pressure”, una película que narra los momentos previos a la decisión del expresidente estadounidense -en ese entonces Comandante Supremo de los Aliados- de desembarcar en Normandía, en 1944.

En el trailer se ve al actor de 57 años con un look totalmente cambiado, acorde al del militar. Con poco pelo, más avejentado y nuevamente en un rol “serio”

Otro personaje menos conocido que jugará un papel determinante en la trama es James Stagg, el meteorólogo de la Real Fuerza Aérea, que es interpretado por Andrew Scott.

Brendan Fraser vivió algo parecido a un “regreso imposible” después de La ballena: de ser un nombre asociado a la comedia de aventuras de los 90 y 2000, pasó a convertirse en un símbolo de resiliencia y, sobre todo, de revalorización artística.

La película de Darren Aronofsky lo volvió a poner en el centro del mapa con un papel exigente y extremo, pero lo que consolidó el renacer fue el modo en que la industria y el público leyeron esa actuación: ya no como nostalgia, sino como una confirmación de oficio.

El impacto fue doble. Por un lado, el reconocimiento crítico (premios, titulares, ovaciones) le devolvió estatus y visibilidad. Por el otro, le abrió una ventana para reposicionarse: Fraser dejó de ser “el actor de La Momia” para ser un intérprete capaz de sostener un drama íntimo, doloroso y de alta exposición emocional.

Después de La ballena, su camino no fue el del “regreso a los tanques” a cualquier precio, sino el de elegir con cuidado. Empezó a moverse entre proyectos donde podía sostener presencia sin repetirse, combinando apariciones en cine y televisión con roles que aprovechan su vulnerabilidad, su calidez y también su costado excéntrico.

También cambió su vínculo con la audiencia. A diferencia de otros “comebacks” calculados, el de Fraser se sintió humano: entrevistas sinceras, emociones a flor de piel y una imagen pública atravesada por la idea de segunda oportunidad. Ese clima funcionó como combustible, pero no alcanza si no hay talento detrás: lo que sostuvo el regreso fue la credibilidad interpretativa.

Dwight D. Eisenhower fue una de las figuras clave del mando aliado en la Segunda Guerra Mundial, más por su capacidad de coordinación que por un brillo “de trinchera”.

En 1942, Estados Unidos lo eligió para conducir operaciones en el teatro europeo y del Mediterráneo, en un momento en que el desafío no era solo militar: había que alinear estrategias, egos y prioridades de potencias distintas.

Su primera gran prueba fue el norte de África. Como comandante supremo de la Operación Torch (1942), Eisenhower dirigió el desembarco aliado en Marruecos y Argelia, un paso decisivo para expulsar a las fuerzas del Eje del Magreb y abrir el camino hacia Sicilia e Italia.

Esa campaña expuso problemas de logística y coordinación, pero también consolidó su perfil como “arquitecto” de coaliciones: un jefe capaz de mantener un frente común entre generales con estilos e intereses muy diferentes.

El punto culminante de su rol llegó cuando fue nombrado Comandante Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada (SHAEF). Desde ese puesto condujo la planificación y ejecución del desembarco de Normandía (Día D, 6 de junio de 1944) y la posterior campaña en Europa occidental.

Su tarea incluía desde decidir el momento político-militar del ataque hasta integrar en un solo plan fuerzas terrestres, navales y aéreas de múltiples países.

Eisenhower también tuvo que navegar tensiones estratégicas internas: debates sobre si avanzar con un golpe directo hacia Alemania o priorizar frentes alternativos, cómo distribuir recursos entre comandantes como Montgomery, Bradley y Patton, y cómo sostener la unidad aliada cuando las decisiones eran impopulares para alguno de los socios.

Aun con críticas por ciertas apuestas, su liderazgo fue central para mantener la cohesión del bloque aliado hasta la derrota nazi en 1945.

Fuente: www.clarin.com

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