Así crean lluvia artificial: los países que utilizan la siembra de nubes para combatir la sequía


En un mundo cada vez más afectado por la escasez de agua, varios países empezaron a mirar al cielo en busca de soluciones. Una de las más llamativas es la “lluvia artificial”, una técnica que permite provocar precipitaciones a partir de nubes ya existentes.

Lejos de ser ciencia ficción, se trata de un método real que ya se utiliza en distintas partes para enfrentar sequías, mejorar reservas de agua e incluso reducir la contaminación del aire.

La técnica, conocida como siembra de nubes, consiste en intervenir en el proceso natural de formación de lluvia.

Para lograrlo, se dispersan sustancias como:

Estas partículas actúan como núcleos de condensación, haciendo que el vapor de agua dentro de las nubes se agrupe más rápido y forme gotas lo suficientemente grandes como para caer en forma de lluvia.

El procedimiento suele realizarse mediante aviones, cohetes o drones.

Generalmente, se aplica en nubes ubicadas entre los 2.000 y 4.000 metros de altura, y los resultados pueden verse en apenas 15 a 30 minutos.

Actualmente, más de 50 países experimentan con la siembra de nubes, aunque algunos son líderes en el rubro.

Es el país con el programa más grande del mundo. Utiliza la siembra de nubes para combatir sequías, reducir la contaminación y hasta mejorar el clima en eventos importantes.

Realiza cientos de vuelos al año para generar lluvia en una de las regiones más áridas del planeta. También desarrolla tecnologías con drones y descargas eléctricas.

Aplica el sistema en varios estados, especialmente para aumentar reservas de agua en zonas agrícolas.

Lanzó un programa regional para aumentar precipitaciones y frenar la desertificación.

Implementa la técnica en momentos de monzones débiles y también para combatir la contaminación en grandes ciudades.

Utiliza la siembra de nubes para aumentar nevadas en zonas montañosas y mejorar el suministro de agua.

Además de combatir incendios, usa esta tecnología para controlar el clima durante eventos importantes.

Cuenta con uno de los programas más antiguos, iniciado en 1955, con un sistema de varias etapas para estimular la lluvia.

El objetivo principal de esta tecnología es claro: aumentar las precipitaciones en zonas donde el agua escasea. Sin embargo, también tiene otros usos:

A pesar de sus beneficios, la siembra de nubes genera debate. Algunos especialistas cuestionan su efectividad real y advierten sobre posibles impactos ambientales por el uso de químicos.

Al mismo tiempo, surgen alternativas más recientes, como el uso de paneles solares a gran escala para modificar el calor local y favorecer la formación de lluvias sin intervención química.

Los expertos aseguran que la lluvia artificial no reemplaza los procesos naturales, pero busca acelerarlos o potenciarlos en momentos críticos.

Con el cambio climático y la creciente demanda de agua, esta tecnología aparece como una herramienta cada vez más utilizada, aunque todavía en evolución.

Fuente: www.clarin.com

Artículos Relacionados

Volver al botón superior