Alfonso, ganadero a 4000 metros de altura, pasó de trabajar para otros a criar casi 200 cabras: “Mi hija es mi motor y un motivo para seguir adelante”


Alfonso, ganadero a 4000 metros de altura, pasó de trabajar para otros a criar casi 200 cabras: “Mi hija es mi motor y un motivo para seguir adelante”

Alfonso, conocido en el pueblo como “Juanchito” o “Jonshito”, vive entre seis y nueve meses al año a más de 4000 metros de altura, donde logró construir su propia historia como ganadero. Después de pasar más de tres décadas en Lima y regresar a la sierra por una enfermedad, comenzó trabajando como peón hasta que decidió independizarse y apostar por sus propios animales.

Su casa en la cima del cerro es una pequeña construcción que él llama la “casita de corcho”. Está hecha con piedras y paja y cubierta con plásticos para protegerse de las condiciones climáticas de la montaña. Alrededor tiene además una jauría de diez perros que se encargan de vigilar el lugar y proteger al ganado.

Alfonso se levanta entre las 4 y las 5 de la mañana. Enciende el fuego con leña de mora y con “muñeca”, como llama a la bosta seca de vaca que recolecta y guarda durante la época seca. Antes de salir, prepara el desayuno y también el almuerzo. Entre las 6 y las 6.30 comienza el ordeño.

Actualmente obtiene leche de entre 22 y 23 cabras por día. Explica que la constancia es fundamental: si una cabra pasa dos días sin regresar para ser ordeñada, su producción disminuye. Después se ocupa de los “guachitos”, los cabritos y corderos más pequeños o huérfanos, a los que alimenta a mano. Para él, cuidar animales requiere vocación.

“Tiene que gustarte… uno siente por sus animales. Cuando te nace, hay que estar hasta el último protegiéndolo y cuidándolo”, explica.

Cuando regresó a la sierra después de vivir más de 30 años en Lima, Alfonso comenzó a trabajar para otros ganaderos. Fue peón de personas como Benito Vivas y Adela, hasta que decidió que quería construir su propio futuro. “Ya me cansé de ser peón. Yo pensé en mi futuro y mis animales. Prefiero mi animal”, recuerda.

Comenzó prácticamente desde cero. Mediante intercambios y compras consiguió sus primeras cinco cabras y, después de entre diez y quince años de trabajo constante, logró formar un hato de casi 200 animales entre cabras y borregos.

La producción también incluye queso de cabra. Alfonso cuaja la leche fresca con una pastilla de cuajo, la mantiene cubierta durante un período de entre 25 y 60 minutos y luego trabaja la masa con las manos. Después agrega sal y la coloca en moldes tradicionales. Los restos de la preparación se convierten en pequeños quesos llamados “cachitos”, que no comercializa y reserva para consumo propio.

Alfonso baja al pueblo únicamente los martes y sábados para vender sus productos y comprar provisiones. El recorrido desde la cima puede demandarle entre tres y cuatro horas. Cuando lleva queso, parte de madrugada, cerca de la 1, con tres o cuatro bloques a cuestas. Allí vende el kilo a 10 soles a sus clientes habituales.

Después de una jornada de trabajo, Alfonso comparte un almuerzo de arroz con trucha frita, pescada por él mismo en un río cercano. Agradece a Dios por cada nuevo día y a las personas que lo ayudaron durante sus años de trabajo en ferias y arreos.

Al momento de despedirse, deja el mensaje que resume aquello que lo impulsa a continuar con su vida en la montaña. “A mi hija especialmente es mi motor y un motivo de seguir adelante por ella, y mi nieta especialmente también”, dice.

“JONSHITO” vive en el CERRO haciendo QUESITOS de CABRA🐐 y resguardado por sus 10 PERROS 🐕

Fuente: www.clarin.com

Artículos Relacionados

Volver al botón superior

Adbloquer detectado

Nuestro sitio se mantiene gracias a nuestros sponsors locales, por favor permite que se visualicen en el navegador ♥