Por qué decimos una cosa y hacemos otra: investigadores identificaron la zona del cerebro responsable


Si bien la ciencia hizo foco en él en las últimas décadas descubriendo varios de sus misterios, el cerebro aún mantiene secretos que obsesionan a médicos y científicos. Por este motivo, investigadores identificaron una zona del mismo que sería responsable de por qué decimos una cosa y hacemos otra.

El estudio, publicado en la revista Cell Reports, se centra principalmente en lo que los especialistas denominan “inconsistencia moral”.

Se trata de un trabajo de investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China, quienes utilizaron técnicas avanzadas como resonancias magnéticas y estimulación transcraneal, para analizar cómo reacciona el cerebro cuando un individuo debe elegir entre el beneficio económico personal y la honestidad.

Entre las conclusiones que sacaron, se indicó que las personas que juzgan con dureza las faltas ajenas pero se permiten “licencias” en su propio comportamiento, muestran una actividad alterada en la corteza prefrontal ventromedial (vmPFC). La investigación fue comandada, entre otros, por los científicos Valley Liu, Zhuo Kong, Jiaxin Fu, y Xiaochu Zhang.

Xiaochu Zhang, coautor del estudio, habló con la Agencia de Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), medio de comunicación de noticias científicas de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, y aseguró que la coherencia moral “es un proceso biológico activo”.

“Ser una persona moral requiere que el cerebro integre el conocimiento en la conducta diaria, y ese proceso puede fallar incluso si se conocen perfectamente los principios“, aseguró Zhang a ese medio.

El estudio profundiza en la llamada inconsistencia moral, un fenómeno que se da cuando las personas no aplican a sí mismas los mismos principios éticos con los que evalúan a los demás.

Según los investigadores, este desajuste tiene consecuencias concretas ya que tiende a erosionar la reputación individual y a dañar los vínculos sociales, ya que quienes lo perciben suelen interpretar esa conducta como una señal de falta de coherencia y confiabilidad.

El estudio se centra en comprender qué ocurre en el cerebro cuando una persona actúa de manera moralmente incoherente, especialmente en situaciones donde se pone en juego el beneficio económico frente a la honestidad. Para eso, los investigadores utilizaron resonancias magnéticas funcionales y una técnica de estimulación cerebral no invasiva que permite observar cómo se comunican distintas áreas del cerebro durante la toma de decisiones.

Los resultados mostraron que quienes presentan mayores niveles de inconsistencia moral tienen una actividad más débil en regiones clave del cerebro vinculadas al juicio y la evaluación ética, en particular en la corteza prefrontal ventromedial. Además, esa información moral aparece menos integrada entre las distintas tareas, lo que sugiere un procesamiento fragmentado de los principios éticos.

La conclusión a la que llegaron los investigadores es que estas personas no desconocen las normas morales ni actúan por ignorancia. Son conscientes de esos principios al momento de decidir, pero les dan menos peso y no los incorporan de manera efectiva en su conducta, lo que termina generando una brecha entre lo que creen correcto y cómo actúan en la práctica.

Esta región específica del cerebro funcionaría como una especie de director de orquesta de las decisiones éticas, encargado de coordinar y dar coherencia a lo que una persona considera correcto con la forma en que finalmente actúa.

El punto clave, según el estudio, no es que las personas moralmente inconsistentes desconozcan las normas o valores éticos —de hecho, sí los conocen—, sino que al momento de tomar decisiones su cerebro no logra integrar esos principios en la conducta propia.

Como resultado, se produce una suerte de “desconexión” neuronal que permite que el interés personal termine pesando más que los valores que esa misma persona suele exigir o defender para los demás. Esta brecha entre lo que se piensa y lo que se hace ayuda a explicar por qué algunos individuos pueden juzgar con severidad conductas ajenas mientras justifican las propias.

Este fenómeno se vincula con un concepto ampliamente estudiado en psicología: la disonancia cognitiva. Se trata de una tensión interna que aparece cuando una persona mantiene al mismo tiempo dos ideas, creencias o valores que entran en conflicto entre sí, o cuando su comportamiento contradice directamente aquello que dice creer. En esos casos, pensamientos y emociones no logran alinearse, generando una falta de coherencia entre lo que se considera correcto y lo que efectivamente se hace.

Fuente: www.clarin.com

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