Juan Leyrado: “Descubrí un Sarmiento más humano”


Le gustan los desafíos. Fue Cyrano de Bergerac, en el teatro, y Héctor Panigassi, en la TV, con el programa Gasoleros. Pudo sobrevivir al éxito y a la popularidad y ahora afronta una nueva aventura escénica: Juan Leyrado encarnará a Domingo Faustino Sarmiento. Estará desde el 11 de abril en el Centro Cultural de la Cooperación, los sábados de abril a las 22; luego, en mayo, agregará los viernes a las 20. Estrenará Sarmiento, la clase, con texto de Juan Francisco Dasso, dirección de Nicolás Dominici, y se suma la actriz Carolina Oviedo.

En la larga lista de obras teatrales que Leyrado interpretó figuran importantes textos clásicos universales como Tres hermanas, de Chéjov; Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams; o Madre coraje, de Bertolt Brecht, pero se entrecruzan con propuestas mucho más actuales como Baraka, Los mosqueteros del Rey, donde amplió su público, y, más cercano en el tiempo, Una terapia integral en 2024. Este proyecto de encarnar a Sarmiento le llevó tres años, pero, mientras tanto, pudo grabar la miniserie El tiempo puede esperar, de Underground, que emitirá Netflix. En enero se terminó de editar la primera temporada y ahora encarará la segunda, como actor invitado, junto a Verónica Llinás. El elenco principal está integrado por Carla Peterson, Luciano Castro, Jerónimo Bosia, Valentina Zenere, más Pablo Rago, Jorgelina Aruzzi, Alan Sabbagh y María Leal, con las participaciones especiales de Leticia Siciliani, Leonora Balcarce, Toto Ferro y Mariana Genesio.

—Como teatro político se podría considerar cuando encarnaste al doctor Stockmann de “Un enemigo del pueblo”, de Ibsen, o, más alejado, “Los lobos”, de Luis Agustoni. ¿Considerás esos personajes?

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El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

—Sí. Creo que Los lobos sería para este momento; eran cuatro diputados que estaban en sesión. Fue un buen espectáculo.

—¿Nunca antes hiciste un personaje histórico? ¿Por qué Sarmiento?

—Fui a ver a un amigo mendocino productor y él me marcó el parecido que tenía y me propuso que lo hiciera. Me di cuenta de que lo único que sabía de Sarmiento era lo que sabemos en general todos. Había leído Facundo, recordaba haberme reído con el Himno. También tenía la creencia que nunca había faltado a la escuela, que había sido el mejor alumno, pero que era muy malo porque quería matar a todos los indios. Cuando decidí que lo iba a interpretar, me metí en su literatura: escribió cincuenta y tres tomos. Fue impresionante porque ahí aparece él como persona, ser humano y también como político. Descubrí otra parte de Sarmiento que me interesó mucho. Sigo teniendo, a lo mejor, algunas diferencias con él, pero a veces se me acortan. Me extraña que nunca antes se haya intentado subirlo al escenario.

—¿Cuál es la excusa de su presencia en un teatro?

—Fue convocado para una charla, lo traen de la muerte. Se pone a hablar de cosas que pasan ahora y que estuvo observando, trabajando y analizando. No niega nada de lo que hizo, pero ya pasaron más de cien años desde su muerte. Uno tiene una imagen, pero es solo una fotografía, no sabemos cómo hablaba. Lo recordamos por su frase más célebre: “civilización o barbarie”, pero nosotros somos ambos, sería “civilización y barbarie”. Hace tres años que estoy leyendo y armando este proyecto. Me ayudó mucho el historiador Felipe Pigna, pero había que escribir el libro y armarlo como monólogo. Afortunadamente encontramos a Juan Francisco Dasso, a quien le vi algunos espectáculos, y aceptó escribirlo, más la ayuda de Nicolás Dominici, que me dirige.

—Fue el primero en impulsar en el país la educación pública, gratuita y laica. ¿Qué tiene de actual?

—Fundó ochocientas escuelas, pero no éramos tantos habitantes. Hoy hay sesenta y tres mil. Pero la diferencia es que cuando él las creó éramos en la Argentina cerca de dos millones de habitantes; ahora somos casi cincuenta. También descubrí al Sarmiento irónico. Quisiera que cada espectador se vaya y piense. Se entrecruza en lo que digo su política y su vida. Conocemos algo de su historia, pero no sabemos su forma de moverse ni cómo era su voz. Sabemos que era alto y que se enojaba fuerte.

—¿La educación fue una de sus obsesiones?

—Claro, por eso decidió traer a las maestras desde los Estados Unidos; en esos tiempos era un ejemplo de país. Hoy, para algunos, Sarmiento representa el neoliberalismo y no es así. El pensamiento que tiene y que escribió diría otra cosa. La gente en su época se peleaba a través de cartas; sus correspondencias evidencian lo que pensaba. Es muy difícil poner todo esto en una obra de teatro, en un monólogo, en un unipersonal. Estoy apasionado estudiando. Buscamos, junto al director, que tenga humor, para que no sea tedioso.

—Se lo asocia con frases muy polémicas…

—Cuando él hablaba decía cosas fuertes y se tomaron como que era un hombre de derecha, pero tenía propuestas de izquierda. No hay que verlo con la mirada de hoy. Se lo recuerda por la carta que le escribió a Mitre sobre la sangre de los gauchos, pero estábamos en guerra y él combatió en Caseros. Llevó una imprenta, fue como un corresponsal describiendo lo que pasaba. Hay mucha historia, además de la que sabemos, que es solo una cuarta parte.

—¿Cómo fue el liberalismo que él militaba?

—Tenemos que escuchar su voz. Lo que hizo y lo que pasó hasta ahora, pero los espectadores deberán sacar sus propias conclusiones; eso es lo más interesante. No nos queríamos meter en cosas que no sabemos qué podría haber dicho. La mayoría de lo que se dice en el espectáculo está en sus libros, por eso el trabajo fue grande. Me preguntaba qué pasó con Sarmiento y con otros próceres; por eso quisimos preguntárselo a él, que fuese él quien hablase. Viene al escenario y dice muchas cosas que me encargo de repetir. También buscamos que el espectáculo sea ágil.

—Fue gobernador de su provincia, después llegó a la Presidencia y más tarde senador y ministro. ¿Una carrera política?

—No se sabe y lo conoce muy poca gente. No lo estudié en el colegio ni en el secundario; solo sabía que había escrito Facundo. Mi primera lectura no fue muy positiva: pensé “cómo odia a los gauchos”, mirá si me hubiera quedado con esa idea. Después descubrí cómo fue su vida en cuanto a los estudios. Me identifico porque no hice una carrera terciaria, pero leo mucho y siempre con un diccionario al lado.

—Actuaste en teatros oficiales y comerciales, ¿pero es la primera vez que lo harás en el Centro Cultural de la Cooperación?

—Sí, en la sala grande, que es hermosa. La gente estará cómoda y cercana al escenario. No quería llevarlo a un teatro muy grande como el Metropolitan.

—Es tu primer unipersonal. ¿Vas a estar caracterizado?

—Sí, es mi primer casi unipersonal, aunque también hay una actriz, Carolina Oviedo, quien hace un papel muy pequeño; es como la secretaria que organiza ese evento, en la actualidad. Siempre hay una idea de cómo era Sarmiento. Me enfrento a eso. Quería probarme en un unipersonal, además me siento muy protegido por el grupo y la producción. Estoy casi pelado como él; solo usaré maquillaje y fui muy estricto pidiendo un vestuario de época, muy bien hecho.

—¿Todos los textos están extraídos de los libros de Sarmiento?

—Hay muchas partes extraídas de sus obras, pero hay otras que no. Obviamente no puede estar toda su vida, hicimos una selección. Pero la realidad es que sabemos solo una cuarta parte de su historia. Rosas lo llamaba “el loco” y lo consideró “su mejor enemigo”. También Jorge Luis Borges y Julio Cortázar se ocuparon de Sarmiento. Es un personaje apasionante.



Fuente: www.perfil.com

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