El Coloso de Rodas: entre la verdad, la leyenda y la polémica por sus supuestas piernas abiertas

En la isla griega de Rodas, hace más de 2.200 años, se construyó una estatua monumental. Se trata del Coloso con el que los habitantes de entonces representaron a Helios, el dios del sol.
La figura de bronce —de aproximadamente 33 metros de altura— fue obra del escultor Cares de Lindos (una de las ciudades de dicha isla) y demoró doce años en terminarse.
Pero previo a la decisión que hizo honor a su mitología, los rodios atravesaron un conflicto bélico.
Fueron invadidos por Demetrio I, uno de los reyes de la antigua Macedonia, y salieron airosos. Como fruto de tal victoria se erigió el ambicioso monumento. Es que al macedonio se lo conocía nada menos como el “asediador de ciudades”, algo que igualmente no impidió el éxito de la resistencia.
El Coloso de Rodas, del Libro del Conocimiento. Foto: The Grolier Society (1911)De esta manera, se estima que para 292 a.C. Cares comenzó a diseñar al Coloso de Rodas, indica National Geographic. Sin embargo, su ubicación exacta y la forma que adoptó fueron focos de discusión.
Ciertos artistas, por su parte, perpetuaron en poderosas imágenes la leyenda de las piernas abiertas. Desde varias disciplinas se situó a la escultura en la entrada del puerto, apoyado en las terminaciones de dos muelles.
El terremoto que puso fin al gigante
“Por qué, hombre, él domina el estrecho mundo como un Coloso, y nosotros, hombres insignificantes, caminamos bajo sus enormes piernas y miramos a nuestro alrededor para encontrarnos tumbas deshonrosas”, dice Casio en la obra Julio César, de William Shakespeare.
La estatua se terminó de construir cerca del 280 a.C. Foto: ArchivoMás allá de la inspiración que provocó en el dramaturgo inglés, historiadores se encargaron de rechazar la pose que quedó en la imaginación. Los mismos se sustentan, entre otras razones, en el peso de la estructura y en la importancia de la marina como para cerrarla más de una década en pos de la compleja edificación.
No obstante, un terremoto en 226 a. C. destruyó la memorable estatua con base de mármol blanco. Durante los siguientes novecientos años sus restos quedaron esparcidos, aunque “siguió causando admiración al haberse roto por las rodillas”, detalló la aludida revista estadounidense.
Finalmente, cuando esta tierra del mar Mediterráneo estuvo bajo control de los otomanos, la proeza de ingeniería fue totalmente demolida por el califa Muawiya en el año 654.
Quién ocupa el “lugar” del Coloso en la actualidad
Si bien la postura de las piernas abiertas es sumamente cuestionada, así lo recuerdan algunos en el puerto de Mandraki, cerca del fuerte de San Nicolás.
Los dos ciervos cercanos al fuerte de San Nicolás, en Rodas. Foto: Dominio públicoEn ese embarcadero de lujosos yates de Rodas se encuentran dos ciervos, ubicados donde antaño “se habrían situado los pies del coloso”, según señala el sitio turístico rhodesguide.
Este es un marcado simbolismo para quienes se apoyan en tal leyenda, registrada en distintos tipos de arte. El cine incluido, con la película The Colossus of Rhodes del año 1961.
Por su parte, en el siglo XVI el pintor neerlandés Maerten van Heemskrerck también “vio” pasar agua debajo del vientre del Coloso. Así lo registró artísticamente en un lienzo que formó parte de la serie de cuadros con los que representó a las siete maravillas del mundo antiguo.
Las controversias por los deseos de reconstruir al Coloso
En la mencionada lista de joyas culturales, el Coloso no es el único que enaltece a una deidad. Véase la estatua de Zeus ubicada en el templo de Olimpia —la antigua ciudad griega donde se celebraban los Juegos Olímpicos— en el 430 a.C, y el templo dedicado a la diosa Artemisa en Éfeso, en lo que actualmente es el oeste de Turquía.
Dicho sea de paso, de estas majestuosas estructuras —siendo la Gran Pirámide de Guiza la única que aun existe—, el Coloso de Rodas fue la que permaneció menos tiempo. De todas maneras, sus menos de seis décadas de pie en la inmensidad de la historia no la dejaron en el olvido.
En este sentido, suscitó comentarios como los de Plinio el Viejo, que vivió en el primer siglo d.C. y destacó el tamaño de la obra. Sentenció que un pulgar caído era tan pero tan grande que pocas personas podían rodearlo completamente con sus brazos.
Recreación del Coloso en la antigua ciudad de Rodas, por Frantisek Kupka (1906)Asimismo, más de una vez se pensó en volver a levantarlo, empezando por la propia Antigüedad. Pese a las ganas, en aquel momento los habitantes de Rodas fueron disuadidos por el oráculo de Delfos, que ligó la destrucción arquitectónica con “el descontento de Helios”, señaló el sitio Britannica.
En el siglo que corre aparecieron numerosos proyectos para un nuevo Coloso, pero se chocaron con quienes lo consideraban “de mal gusto” ante el fin de acrecentar el turismo en la isla griega.
“Planes como la reconstrucción del Coloso son sólo actos desesperados, condenados a fracasar”, espetó el escritor Nikos Dimou en un artículo del 2005 replicado por Clarín. En parte por lo que consideró el afán del “dinero fácil”, en un mundo donde los dioses ya no son los de antes.
Fuente: www.clarin.com



