Tiene 800 años, sigue en pie y pocos lo conocen: el puente romano mejor conservado del mundo


El paso del Imperio Romano dejó una huella decisiva en la historia de Occidente, y pocos territorios reflejan ese legado con tanta claridad como la península ibérica. En el corazón de España, todavía se conserva una de las joyas más impactantes de esa herencia: el puente romano mejor preservado del mundo, testimonio vivo de una ingeniería que desafía el paso del tiempo.

La presencia romana en la región se extendió durante más de siete siglos, desde la conquista de Ampurias en el 218 a.C. A partir de entonces, su influencia moldeó aspectos centrales de la vida como desde la lengua, el derecho, hasta las costumbres y la alimentación. Sin embargo, fue en la arquitectura donde ese legado alcanzó una dimensión monumental.

Hoy, ese impacto se puede recorrer en distintas ciudades que conservan estructuras milenarias en pie. En Tarragona, por ejemplo, un anfiteatro romano se asoma al mar Mediterráneo y sigue siendo uno de los grandes atractivos históricos. Más al interior, en Segovia, el imponente acueducto atrae a miles de visitantes cada semana, en gran parte por su cercanía con Madrid.

Mérida es la ciudad de España que mejor atesora el conjunto arquitectónico que dejó el Imperio romano. Tal es así que la UNESCO lo incorporó a la lista de Patrimonio Mundial en el año 1993.

La organización mundial destacó que la reconocida ciudad española es un ejemplo excepcional de lo que fue una capital provincial en el Imperio Romano.

Y entre todas las construcciones que componen el patrimonio histórico de Mérida se destaca el puente romano que cruza el río Guadiana. No es un simple monumento antiguo, se trata de una obra que marcó la vida de la ciudad durante más de 2000 años.

Este puente cuenta con sus 790 metros de largo y 60 arcos, de los cuales tres permanecieron ocultos hasta fines de los años 1990. Además, ostenta el título de puente romano conservado más largo del mundo.

El puente romano de Mérida fue construido en el siglo I A.C., en los inicios de la fundación de la colonia Augusta Emerita. Ya desde aquel momento fue pensado como una pieza estratégica, dado que su función era garantizar la comunicación entre las dos orillas del Guadiana y asegurar la conexión con las calzadas ubicadas en el oeste de la península.

Con el paso del tiempo, el puente resistió crecidas violentas del Guadiana y conflictos bélicos, pero ni siquiera estuvo cerca de desaparecer. Incluso fue reconstruido varias veces, especialmente en los siglos XIII, XV y XIX, que no alteraron su esencia vinculada al Imperio romano.

Quienes estuvieron por ese lugar aseguran que cruzar el puente a pie -es la única forma en la que se puede hacer desde 1991- es prácticamente como viajar al pasado, a la época de los romanos.

Fuente: www.clarin.com

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