Unamuno la llamó “el salón más bello de Europa”: así es la plaza barroca que deslumbra en España


Una plaza barroca, piedra dorada y un centro urbano que sigue funcionando como tal. En España, pocas plazas quedaron tan asociadas a Miguel de Unamuno, un espacio que se entiende rápido por una razón concreta: todo en ella parece responder a una misma idea. Él la llamó “el salón más bello de Europa”.

Acá el foco no está en decir que es “linda” o “monumental”. Lo que ordena la visita es otra cosa: una planta cerrada, soportales continuos, balcones repetidos y un centro despejado que deja ver el conjunto sin interferencias. Esa claridad explica por qué se la menciona tanto cuando se habla de grandes espacios urbanos en España.

Además, hay un detalle que termina de fijar la imagen. La piedra de Villamayor, típica de Salamanca, cambia con la luz y al final de la tarde toma un tono más cálido. No es un efecto agregado ni una lectura poética posterior: es una propiedad del material y una de las claves visuales de la plaza.

La referencia es la Plaza Mayor de Salamanca, levantada en el siglo XVIII sobre un espacio que ya cumplía funciones de mercado y punto de reunión.

La construcción actual comenzó en 1729 y se terminó en 1755, bajo el impulso del corregidor Rodrigo Caballero y con proyecto inicial de Alberto de Churriguera, continuado por Manuel de Lara Churriguera y Andrés García de Quiñones.

El dato útil no está solo en la fecha. Está en la forma. La plaza se resolvió como un cuadrilátero irregular soportado, con tres pisos en las fachadas y el Ayuntamiento presidiendo uno de sus lados. En total suma 88 arcos y numerosos medallones, algo que le da ritmo visual y vuelve fácil la lectura del conjunto desde casi cualquier ángulo.

Cuando se camina, el orden se nota enseguida. No hay un gran monumento en el centro que obligue a rodear nada ni un acceso principal que jerarquice un lado sobre otro.

Se entra desde varias calles del casco histórico y, en todos los casos, la plaza mantiene la misma lógica: borde activo, centro libre y una sensación de recinto muy clara.

A eso se suma otro rasgo que la vuelve muy reconocible. Bajo los soportales conviven comercios, terrazas y circulación constante, mientras el centro queda despejado.

Uno de los rasgos más visibles de esta plaza barroca en España es el material. La piedra de Villamayor, una arenisca local, responde a la luz de manera muy marcada y por eso la percepción cambia entre la mañana y el atardecer.

El tono dorado más intenso de las últimas horas no es una intervención moderna: sale del propio comportamiento de la piedra.

En esa línea, los arcos aparecen acompañados por medallones con figuras históricas y forman parte del diseño original del siglo XVIII. Asimismo, están distribuidos de manera regular y acompañan la estructura general, sin cortar la lectura del perímetro ni competir con la escala de la plaza.

Ese sistema de repetición explica bastante de su efecto. La plaza no depende de una sola torre, una fuente o un punto de vista específico. Funciona por conjunto: forma, proporción, piedra y continuidad. Por eso se recuerda entera y no por un detalle aislado.

Miguel de Unamuno nació en Bilbao y desarrolló gran parte de su trayectoria en Salamanca. Fue escritor, ensayista, filósofo y una de las figuras centrales de la Generación del 98.

Su vínculo con la ciudad fue sostenido: vivió allí durante años y fue rector de la Universidad de Salamanca en dos etapas, de 1900 a 1914 y de 1931 a 1936.

Entre sus obras más conocidas están Niebla y San Manuel Bueno, mártir, además de ensayos centrados en la religión, la identidad y el problema de la existencia.

Fuente: www.clarin.com

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