“La ansiedad no empieza solo en la cabeza”: un psiquiatra revela el rol del hígado y el corazón


La medicina moderna ha descubierto que el origen de la ansiedad y el estrés no reside únicamente en los procesos cognitivos o en las experiencias traumáticas del entorno. Un conjunto de investigaciones recientes demuestra que el estado físico del hígado y el corazón envía señales químicas constantes que pueden alterar el equilibrio emocional de manera drástica. Este hallazgo cambia el enfoque tradicional.

El funcionamiento del hígado es determinante, ya que este órgano se encarga de filtrar toxinas y regular proteínas que impactan directamente en la química del cerebro. Cuando el hígado presenta niveles altos de inflamación, libera biomarcadores que viajan por la sangre y afectan la plasticidad neuronal. Esto genera una predisposición biológica a sufrir crisis de pánico o estados de alerta.

Por su parte, el corazón mantiene una conversación eléctrica y hormonal permanente con la corteza cerebral a través del nervio vago y el sistema simpático. Una frecuencia cardíaca irregular o una presión arterial elevada son interpretadas por el cerebro como señales de peligro inminente. Esta respuesta fisiológica activa el mecanismo del estrés incluso cuando no existen amenazas externas reales.

Un estudio liderado por el psiquiatra Benedicto Crespo-Facorro, de la Universidad de Sevilla, destaca que la microbiota y las funciones metabólicas del hígado regulan sustancias clave para el bienestar. Si el equilibrio químico se rompe, los síntomas de la ansiedad aparecen sin causa externa.

La relación entre el sistema digestivo y la salud mental es un campo que la ciencia explora hoy con una precisión técnica sin precedentes en la historia. Un estudio publicado en la revista Molecular Psychiatry destaca que la salud metabólica es el soporte indispensable para la estabilidad emocional de los pacientes. Sin un cuerpo sano, la terapia psicológica suele encontrar límites biológicos.

Es fundamental comprender que el estrés crónico genera un proceso de retroalimentación negativa que desgasta los tejidos cardíacos y la función de filtrado hepático. La liberación constante de cortisol daña las arterias y sobrecarga el metabolismo, lo que a su vez incrementa la señal de angustia en el sistema nervioso. Este ciclo explica por qué muchos cuadros no ceden con tratamientos simples.

Los especialistas sugieren que el control de los valores de glucosa y colesterol es una herramienta preventiva para evitar el colapso de la salud psíquica. La evidencia obtenida en centros de alta complejidad indica que una dieta equilibrada reduce significativamente la necesidad de fármacos.

Finalmente, la integración de la medicina clínica con la psiquiatría permite abordar al ser humano como una unidad funcional y no como partes aisladas. La detección de un hígado graso puede ser la clave para entender por qué una persona no logra salir de un estado de irritabilidad permanente. El futuro de la salud mental depende de este entendimiento profundo de nuestra fisiología interna.

Fuente: www.clarin.com

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