El desfiladero de 21 kilómetros que corta la montaña y es uno de los paisajes más impactantes de España


El Desfiladero de La Hermida es la garganta más extensa de toda España, con 21 kilómetros de longitud y paredes verticales que alcanzan los 600 metros de altura sobre el río Deva. Este imponente accidente geográfico, situado en la zona occidental de Cantabria, constituye la principal vía de acceso al valle de Liébana.

Su formación es el resultado de milenios de erosión fluvial sobre la piedra caliza del macizo, creando un ecosistema de gran valor geológico y biológico. La carretera N-621 atraviesa este corredor natural conectando las localidades de Unquera y Potes en un trayecto de gran belleza visual.

El diseño de la vía obliga a los vehículos a serpentear bajo grandes moles de piedra que parecen cerrarse sobre el cauce del agua. A lo largo del recorrido, el paisaje cambia drásticamente, pasando de la influencia costera del Cantábrico a la alta montaña propia del interior peninsular, ofreciendo una experiencia inmersiva única.

Este espacio natural no solo destaca por sus dimensiones, sino también por ser un refugio crítico para especies protegidas de la fauna ibérica. En sus riscos habitan colonias de buitres leonados y águilas reales, además de ser un punto clave para la reintroducción del quebrantahuesos en el norte.

La combinación de su microclima mediterráneo en el fondo del valle y el clima atlántico de las cumbres permite una biodiversidad vegetal rica en encinas y alcornoques.

Para quienes buscan una perspectiva aérea del cañón, el mirador de Santa Catalina ofrece la panorámica más completa de la grieta montañosa. Desde este punto, situado en el monte Hozarco, se puede apreciar la magnitud de la “cicatriz” que el río Deva ha esculpido en la tierra.

Además de la observación paisajística, la zona es un referente para la escalada y el senderismo, contando con la vía ferrata más famosa de la región que atrae a deportistas de todo el país.

El núcleo de población de La Hermida, ubicado en el corazón del desfiladero, es famoso por sus aguas termales que brotan de forma natural a 60 grados. El balneario local aprovecha estas propiedades mineromedicinales desde el siglo XVIII, proporcionando un contraste de relax frente a la bravura del entorno rocoso.

Es común ver a visitantes disfrutando de las pozas calientes que surgen junto al río, integrando el bienestar físico con el contacto directo con la naturaleza salvaje. La importancia histórica de este paso es fundamental, ya que durante siglos fue la única comunicación viable para los habitantes de Liébana.

El aislamiento que proporcionaba el desfiladero permitió preservar tradiciones y una arquitectura rural que hoy son el principal reclamo de municipios como Potes. Explorar este territorio implica adentrarse en la historia viva de la montaña cántabra, donde cada curva del camino revela un nuevo estrato de sedimentación geológica y herencia cultural.

Fuente: www.clarin.com

Artículos Relacionados

Volver al botón superior