Temblor en la Casa Rosada por el enojo de Santiago Caputo y la voracidad de Karina Milei

El mundo de Karina Milei es esotérico. No habla en público ni da entrevistas, no chatea diariamente con periodistas para operar en los portales o desmentir alguna información y casi no levanta la voz en las reuniones de Gabinete. Pocas personas logran acceder a su intimidad y son menos aún las que pueden atribuirse el rol de exégetas. La secretaria General de la presidencia construyó una imponente estructura de poder desde las sombras, amparada en un círculo de lealtades y, desde luego, en los diálogos a solas y reservadísimos con Javier Milei.

De a poco, o no tanto, fue determinante para que se alejaran los funcionarios que aspiraban a un vínculo semejante con el Presidente. Las primeras víctimas fueron los amigos de su hermano, incluso los que lo ayudaron y pusieron plata, mucha plata, para darle forma a su campaña, que ni siquiera llegaron a ser recompensados con cargos formales en el Gobierno. Después fue el turno de Victoria Villarruel, que parecía inseparable de Milei durante su efímero paso por el Parlamento: se sabe ahora que la hermanísima la marginó antes de la asunción presidencial.

Ya instalados en Balcarce 50, los Milei, pero sobre todo Karina, empezaron a ver con desconfianza algunos movimientos de Nicolás Posse, con el que el líder libertario había diseñado el Gabinete después de vencer en el balotaje a Sergio Massa. “Hablen con Nico”, les transmitía Milei a los empresarios y gobernadores que allá por diciembre de 2023 requerían diálogo con la nueva administración. Menos de seis meses más tarde lo echaron.

Santiago Caputo y Sebastián Amerio, el domingo pasado, en la inauguración de las sesiones ordinarias en el Congreso.

El cuadrilátero por el que hasta entonces pasaban las decisiones del Ejecutivo se convirtió en una cuestión exclusiva de tres personas. Milei se jactó de ello durante un largo tiempo y lo bautizó como el Triángulo de Hierro. Sucedió hasta que el primer mandatario no pudo menos que asumir lo que él mismo negaba y desataba su furia cuando los diarios lo contaban: que la relación entre Santiago Caputo y Karina comenzaba a desgastarse.

Para evitar lo que asomaba ya como irremediable, una mañana Milei convocó a Guillermo Francos a la Residencia de Olivos y le pidió que se sumara a la mesa de ellos tres y que lo ayudara a armonizar el vínculo entre el gurú, al que el día de su proclamación electoral presentó como “el arquitecto del triunfo”, y su hermana, a la que siempre llamó El Jefe. La mesa de cuatro se fracturó en seguida. Francos no pudo hacer nada y también él padeció la guillotina: en octubre del año pasado tuvo que decir adiós.

Su salida vino a desnudar lo que realmente ocurre desde hace por lo menos un año en la cima del poder. Karina ya no permite que Caputo tenga una opinión decisiva, no cuestionable, ni siquiera en términos de construcción electoral. Quienes se mueven con audacia en el microclima libertario cuentan que, en el último tiempo, en más de una oportunidad Caputo acordó algo con Milei y, enterada de eso, Karina fue y revirtió la resolución.

Karina exhibió que su influencia había crecido a niveles imprevistos cuando Francos abandonó la jefatura de Gabinete. El lugar lo ocupó Manuel Adorni, que mantiene una estrecha relación con ella. En aquella reconversión del Gabinete, el ministerio del Interior quedó en manos de Diego Santilli. Se había especulado con que podía ir un hombre de Caputo. No ocurrió. Aquel domingo 2 de noviembre, Milei le ofreció el puesto a Santilli en una conversación por teléfono, mientras el dirigente manejaba por la ruta de regreso desde Rosario. Apenas Santilli dio el sí, Milei le dijo: “Esperá que te van a hablar”. Era Karina.

Luis Caputo y Diego Santilli trabajaron para el PRO y ahora tienen la confianza de los Milei.

El último capítulo de la saga se concretó el martes pasado. Milei designó a Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia en remplazo de Mariano Cúneo Libarona. Caputo, que comanda un potente equipo en redes que suele contar con información privilegiada, y hasta la SIDE, a través de Cristian Auguadra, se enteró de la llegada de Mahiques por las redes sociales. Vaya maldición. Pero había más. Su delfín en Justicia, Sebastián Amerio -que se desempeñaba como segundo de Cúneo Libarona- tuvo que interrumpir su participación en un Plenario del Consejo de la Magistratura cuando le sonó el teléfono y le avisaron que no había buenas noticias para él. Su lugar sería ocupado por Santiago Viola. Karinista, claro.

Eso explica el frío saludo que le dio Caputo a Karina cuando se cruzaron en el acto de asunción de Mahiques en la Casa Rosada. Una cosa es la pérdida de poder y, otra, el desplante, cuando no el escarnio. Parecería que Karina le está pasando alguna factura importante a su compañero de Gabinete. Es posible que tenga que ver con su situación en las causas $Libra y Andis. Acaso esperaba mejores noticias de la Justicia y una defensa más enérgica en redes.

Milei recibió el jueves a Caputo en la Residencia de Olivos. Solo ellos conocen la profundidad de la charla.Se supo, sí, que allí acordaron que Amerio sería designado como Procurador del Tesoro. No fue el único gesto de Milei con su asesor. Delante de las cámaras de TV, durante la jura de Mahiques, lo abrazó efusivamente y le habló al oído. Lo considera un hermano de la vida. Karina desconfía. Ella apenas lo saludó y, él, que tampoco tiene mucho de dócil, ni le dirigió la palabra.

Karina Milei, en el palco del Congreso. Foto: Federico López Claro.

La hermanísima terminó de alejarse de Caputo cuando trascendieron los audios de Diego Spagnuolo en los que el ex titular de la Agencia de Discapacidad dice que existía un sistema de coimas con los laboratorios por el que ella, según Spagnuolo, recibía el tres por ciento de los sobornos. Se hicieron canciones sobre ese porcentaje y se viralizaron hasta en los vagones de los subtes. Karina, por primera vez, entró en shock. Los Menem, Lule y Martin, la convencieron de que Caputo tenía algo que ver o que, al menos, no la alertó sobre la situación. ¿Será cierto que uno de ellos le dijo “Kari, van por vos, no por nosotros”?. Nadie podría decir que la ambición no es una cualidad del apellido Menem.

Lo cierto es que, desde la aparición de esos audios, el vínculo de Karina y Caputo pasó a ser casi inexistente. Atrás quedaron los tiempos en que ella le prestaba la oficina del primer piso de la Casa Rosada para que él atendiera a las visitas.

En las últimas semanas, Karina habló dos veces con Mahiques. Ninguno dijo nada. Es más, se dio una situación curiosa: cuando el nombre de Mahiques empezó a sonar en los medios como posible reemplazante de Cúneo Libarona, algunos hombres del Círculo Rojo recibieron un mensaje que decía: “Karina no lo quiere porque es amigo de Toviggino”. A la par, hubo operaciones a favor y en contra de Guillermo Montenegro, otros de los que aparecía en la lista de candidatos.

Pablo Toviggino y Claudio Tapia, se supone, son enemigos del mileísmo. Ambos están sospechados de haberse apropiado ilegalmente de aportes previsionales de los empleados de la AFA y por evadir unos 19.000 millones de pesos. En los tribunales de Comodoro Py cuentan que el nuevo ministro de Justicia es -o era- el cerebro de su defensa. Mahiques fue a la televisión, apenas juró, para desmentir su amistad con Toviggino. Amigos son los amigos, pero que no se note.

A Toviggino se le atribuye una mansión en Pilar que cuenta con un helipuerto, caballerizas y canchas de varios deportes por la que habrían desfilado distintos protagonistas de la Justicia. Entre ellos, el padre del ministro, Carlos Mahiques, camarista de la Casación Federal, máximo tribunal penal por debajo de la Corte Suprema.

La primera decisión de Mahiques como funcionario fue desplazar al titular de la Inspección General de Justicia (IGJ), Daniel Vítolo, que había promovido una revisión de los estados contables de la AFA, además de solicitar la designación de veedores para supervisar el funcionamiento institucional del organismo.Los periodistas amigos de Milei se sobresaltaron: uno de ellos, especializado en fútbol, lo contactó para preguntarle si era cierto que Mahiques podía ser ministro y se mostró contrariado.

Javier Milei le tomó juramento a Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia.

Las tensiones en la Justicia y las peleas internas en el Gobierno transitan junto a las preocupaciones por la economía. Las consultoras privadas estiman que la inflación de este año podría trepar al 26,1%, más del doble que la que estima el Presupuesto aprobado en el Congreso. La recaudación en febrero medida en términos reales, descontada la inflación, implicó una caída del 9,7%, según Arca.

Los gobernadores están inquietos. Uno de ellos, perteneciente a una de las provincias más grandes, registra una caída de 6 puntos en la imagen del Presidente y lo atribuye a la intranquilidad por la pérdida de empleo y a la merma de salario. “Necesitamos que más gente trabaje y Milei se pelea con los empresarios”, dice el mandatario.

Como si faltaran alarmas, desde hace ocho días, el mundo mira hacia Medio Oriente. Otro conflicto, otra guerra que podría agravarlo todo.

Fuente: www.clarin.com

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