Secuestró a una niña a mitad de la noche mientras dormía y la tuvo en cautiverio 9 meses a solo cinco kilómetros de su casa: la insólita forma en que lo atraparon

El 5 de junio de 2002 Elizabeth Smart, de 14 años, fue secuestrada a mitad de la noche tras ser amenazada a punta de cuchillo en su propia casa en Salt Lake City, Utah.
Hubo una única testigo, su hermana menor, Mary Katherine Smart, de 9, que dormía en la misma habitación y alcanzó a oír la voz del secuestrador.
Toda la comunidad buscó a Elizabeth durante nueve meses. El caso tomó relevancia nacional y la alerta de su desaparición se emitió en todo Estados Unidos.
Elizabeth Smart en la época del secuestro. (Foto: Archivo Clarín)Durante el último tramo de la desesperante búsqueda la familia ya no confiaba en las autoridades policiales ni en los consejos del FBI. Se revelaron y tomaron una decisión clave.
Los padres de la niña, Ed y Louis Smart, brindaron una conferencia de prensa televisada, donde le mostraron al público el retrato del principal sospechoso y rogaron la colaboración ciudadana ante cualquier avistamiento.
Gracias a esa acción, Elizabeth fue rescatada. Actualmente tiene 37 años, y es una referente del activismo contra la violencia sexual. Su impresionante historia de superación fue contada en infinidad de ocasiones, e incluso se hicieron películas para recrear el calvario que vivió.
Sin embargo, pocas veces se habló de su captor, Brian David Mitchell, el hombre que la mantuvo en un atroz cautiverio a tan solo cinco kilómetros de su casa durante ocho de los nueve meses que estuvo desaparecida.
La noche del secuestro de Elizabeth Smart
La testigo clave desde el inicio fue la pequeña hermana de Elizabeth, tal como ella misma contó en el documental de Netflix estrenado en febrero de 2025, Secuestrada: Elizabeth Smart.
La portada del documental de Netflix sobre el secuestro de Elizabeth Smart. “Desperté porque había alguien en mi habitación que le decía a Elizabeth que si gritaba la mataría. Me quedé paralizada y cuando se fue corrí hacia el dormitorio de mis padres para decirles que un hombre había entrado y se había llevado a Elizabeth“, relató Mary Katherine.
Las pericias determinaron que Mitchel se subió a una silla desde el patio trasero, cortó la mosquitera de la cocina de los Smart, entró a través del agujero y se dirigió a la habitación de las hermanas.
Le puso a Elizabeth un cuchillo en el cuello y la obligó a levantarse silenciosamente hasta salir de la propiedad. Luego la hizo caminar cinco kilómetros por el bosque hasta un campamento improvisado, donde la esperaba otra mujer, vestida con una túnica blanca y el rostro semicubierto.
Le exigieron a la niña que se sacara toda la ropa, la mujer le lavó el cuerpo con agua y trapos, le colocó una túnica idéntica a la que tenía puesta y le dijo que ya estaba lista para “su casamiento”.
Mitchel dijo unas palabras, miró al cielo y exclamó que oficialmente era “la segunda de sus siete esposas”. Esa fue la primera de cientos de noches que abusó sexualmente de Elizabeth.
El secuestrador durante su juicio en 2005, en Salt Lake City, Estados Unidos. (Foto: AP)Mientras ella vivía esa tortura psicológica y física, todos la buscaban. Su hermana le dijo a las autoridades que la voz del captor le pareció “familiar”, como si ya la hubiera escuchado alguna vez, pero no estaba del todo segura ni podía identificarla.
La policía interrogó a todo el entorno familiar. Elizabeth pertenecía a una familia numerosa de fe mormona. Sus padres, sus cinco hermanos, sus tíos maternos y paternos, todos fueron investigados.
No encontraron ningún elemento sospechoso en ningún pariente. Nueve días después del secuestro, el 14 de junio, la policía arrestó al primer sospechoso en el caso: Richard Ricci, de 48 años.
Ricci estaba en libertad bajo palabra. Había trabajado en la casa de los Smart y les había robado joyas y dinero. Aseguró no saber nada, pero no le creyeron y lo encarcelaron.
En julio de 2002, siete semanas después, mientras Ricci continuaba en prisión, hubo otro intento de secuestro, a Jessica Wright, la prima de Elizabeth, de 15 años.
El mecanismo fue el mismo: un mosquitero cortado y una silla para intentar entrar por la ventana. Al parecer el sospechoso se asustó al oír los ladridos del perro, que intentó atacarlo, y huyó.
Para la familia no había dudas de que había sido la misma persona. Como Ricci seguía en la cárcel, empezaron a creer que él no era el criminal que se había llevado a Elizabeth.
Los investigadores no pudieron probar que ambos ataques estuvieran relacionados y debido al impacto mediático que tenía el caso, creyeron que podía tratarse de un imitador.
Sin embargo, el detalle de la silla no había sido divulgado a la prensa, y por eso este nuevo intento de secuestro resultaba más que relevante.
El 30 de agosto, tras permanecer dos meses detenido, Ricci tuvo un ACV en prisión y murió. La policía seguía pensando que podía ser el culpable y se había llevado el paradero de Elizabeth a la tumba. Por fortuna, no tenían razón.
Un escondite en las montañas y doble identidad: “Emmanuel”, el falso profeta
El verdadero captor, Mitchell, estaba al tanto de los avances en el caso y de la búsqueda frenética para encontrar a la niña. Vio los carteles pegados en el centro de la ciudad y decidió trasladar a Elizabeth dos kilómetros más, hacia las montañas, donde tenía otra tienda improvisada.
Obligaba a Elizabeth a tomar alcohol para que estuviera plenamente consciente pocas horas al día. Tampoco la dejaba dormir y la mantenía atada con una soga los escasos momentos en que descansaba.
El hombre se autodenominaba profeta bajo el nombre de “Emmanuel“. Recitaba su propio evangelio y justificaba todas sus acciones diciendo que “Dios se lo había ordenado”.
Brian David Mitchell cantó himnos religiosos mientras le leían el veredicto judicial. (Foto: AP)Los tres usaban la misma túnica blanca, y ambas llevaban el rostro tapado con un velo. Solo se les veían los ojos. Entonces, cuando bajaban en búsqueda de víveres -él, la mujer adulta que se identificaba como su primera esposa, y Elizabeth- nadie sospechaba.
Aunque no comprendían bien qué religión practicaban, creían que eran profesantes religiosos ortodoxos. El giro de la investigación ocurrió cuatro meses después del secuestro, cuando Mary Katherine empezó a recordar más detalles del traumático rapto de su hermana mayor.
“Creo que ya sé quién es. Fue Emmanuel, el hombre sin hogar que vimos en el centro mendigando y luego vino a arreglar nuestro techo“, le dijo la niña de 9 años a sus padres.
El año anterior lo habían visto predicando la palabra de Dios en las calles. Entablaron diálogo con él y le ofrecieron un trabajo de albañilería en su casa.
Se lo comentaron de inmediato al FBI, que se había involucrado en la investigación. Hubo dudas, porque el contacto de Emmanuel con la familia había sido muy limitad: trabajó tres horas un año antes del secuestro, fue un solo día a esa casa y ni siquiera regresó para cobrar.
Emanuel no estaba ni si quiera en el listado de los posibles sospechosos. Los investigadores tampoco estaban seguros de que ese recuerdo de Mary Katherine fuese fiel.
Trajeron a una dibujante y le pidieron la descripción física lo más detallada posible de Emmanuel. Ese identikit quedó archivado otros cuatro meses más.
La familia Smart no podía publicar el retrato porque podría poner al culpable en alerta. Mientras tanto, sin que ellos lo supieran, Elizabeth seguía cerca, siempre custodiada y amenazada de muerte por la pareja de captores.
“Se busca a Elizabeth Smart”, los carteles pegados en todo Estados Unidos. (Foto: Archivo Clarín)Incluso a veces se cruzaba con alpinistas en la montaña, pero no se animaba para pedir ayuda. “Sufrí abusos extremos y cuando desobedecía era violada, o no me dejaban comer; así que tenía que estar muy segura de que cuando intentara escapar, lo lograría”, declaró la propia Elizabeth ante el tribunal federal.
“Me amenazaba todo el tiempo, diciéndome que si no hacía lo que me decía me mataría y luego mataría a mi familia. El recuerdo de mis padres y hermanos fue lo único que me mantuvo con vida, porque tenía una familia por la que vivir; los extrañaba mucho”, agregó.
Contó que un día los tres fueron a la biblioteca de Salt Lake para ver mapas. Emmanuel le dijo que era hora de trasladarse y fijar sus próximas rutas.
“Ese fue mi mejor posibilidad de huir, cuando un hombre se nos acercó y nos dijo: ‘Soy detective de homicidios y necesito hacerle unas preguntas para asegurarme de que esta chica no sea la que estamos buscando. ¿Puedo ver su cara?’, relató.
“No, lo siento porque va contra fe y sería una falta de respeto. Los únicos que pueden ver su rostro son su futuro esposo y yo, su padre”, fue la mentirosa respuesta de Emmanuel.
“Quise gritar, pero no pude. Me pateó las piernas debajo de la mesa como amenaza. Y por alguna razón, el detective no insistió más y yo perdí mi oportunidad”, reveló.
Después del encuentro con ese detective Emmanuel la llevó rápido de nuevo a las montañas. “Estaba muy ansioso y decidió que dejaríamos Salt Lake City, mencionó Nueva York, Boston, como opciones”, rememoró la sobreviviente del horror.
Sabía que si la llevaban a otra gran ciudad sería prácticamente imposible que la encuentren. “Me uní a la conversación y le dije: ‘Tengo un presentimiento de que deberíamos regresar a Salt Lake, aunque sé que Dios no me habla directamente a mi, pero puedes preguntarle y te confirmará si ese es el camino correcto, porque en verdad tú eres su siervo y su profeta'”, relató Elizabeth.
“El me miró y me dijo: ‘Qué alegría, Dios por fin está empezando a trabajar en ti. Ahora que reconoces tu propia insignificancia, podemos regresar a Salt Lake City'”, detalló.
La traición del cuñado de Brian David Mitchell que compensó las fallas del FBI
Ya habían pasado ocho meses. Desesperados, sus padres publicaron el retrato y dieron un teléfono para recibir información ciudadana.
Recibieron un llamado de un hombre que creía saber quién era Emmanuel. “Dijo que sintió escalofríos cuando vio el dibujo, que se parecía mucho a su excuñado“, reveló el papá de Elizabeth.
“No quiero creer que así sea, pero el hombre está lo bastante loco como para tal vez estar relacionado en todo esto. ¿Están al tanto de que tiene una tienda de campaña en las montañas?“, les dijo aquel informante, que efectivamente resultó ser el excuñado de Mitchell.
Al ver la fotografía que le envío a la familia de una celebración familiar junto al exmarido de su hermana, confirmaron que era Emmanuel. Y luego supieron que su nombre, Brian David Mitchel, y su edad, 48 años.
Su padre, Shirl Mitchell, dijo que a los 16 años lo enviaron a vivir con su abuela tras constantes discusiones con su madre, Irene Mitchell, que derivaron en un altercado físico.
Elizabeth Smart junto a sus madres, la foto de su captor a la derecha y otra de su matrimonio con su cómplice. Foto: Captura @XEn su adolescencia fue arrestado porque se exhibió de forma obscena ante una menor de edad. A los 19 años Mitchell se casó por primera vez con una mujer llamada Karen, y tuvieron dos hijos antes de separarse.
Luego se casó con otra joven, Debbie, pero su unión también se disolvió. Sus dos hijos fueron llevados a hogares de acogida. Alrededor de 1997 dijo que iba a dejar la fe mormona y creó su propio panfleto evangélico de 27 páginas.
Ocho años después se casó por tercera vez, con Wanda Barzee, divorciada y madre de seis hijos, que había perdido la tenencia tras haber sido denunciada por maltrato físico y emocional hacia sus niños.
Wanda Barzee, la cómplice de Brian Mitchell, durante su juicio. (Foto: Archivo Clarín)A mediados de la década de 1990, a pareja vendió todas sus posesiones y comenzó a viajar a dedo por todo el país usando hábitos.
Al buscar su historial delictivo, los investigadores descubrieron que Mitchell había sido arrestado por robar cerveza en una tienda durante el período de cautiverio de Elizabeth.
“Fue devastador saber que lo atraparon y lo dejaron ir mientras tenía a nuestra hija secuestrada. Iba vestido como un predicador fundamentalista ambulante, con túnica y una barba larga”, relataron indignados los padres de la niña.
Supieron que casi siempre estaba con una señora que llevaba una muñeca, algo que llamaba la atención de los transeúntes. Era Wanda Barzee, y había adoptado el nombre de Hephzibah.
Además había denuncias previas de abuso sexual infantil contra Mitchel. “Mostraba signos de un estado mental alterado y agresivo desde entonces, tal como confirmó la exesposa de Mitchell, que lo consideraba una persona peligrosa y se divorció tras un horrible episodio”, informó la policía.
Brian David Mitchell, el secuestrador de Elizabeth Smart. Foto: AFPMitchell sabía que ella le tenía fobia a los ratones. Mató a varios roedores y los puso en el horno. Cuando ella lo abrió encontró a todos los ratones muertos. Él se reía de sus miedos y la amenazaba constantemente.
Los llamados siguieron llegando, pero la pista definitiva y milagrosa llegó el 12 de marzo de 2003. Varios residentes dieron aviso de tres personas que coincidían con la descripción de Elizabeth y sus secuestradores, caminando por una carretera en Sandy, en dirección a Salt Lake City, a solo 30 kilómetros de la casa de la familia Smart.
Cuatro patrullas llegaron enseguida. Comprobaron que era Elizabeth, la pusieron a salvo y arrestaron a la pareja de captores, que dijeron no tener identificaciones y ser “mensajeros de Dios.”
La condena de Brian David Mitchell y Wanda Barzee
El 10 de diciembre de 2010, más de ocho años después del secuestro de Smart, el jurado declaró a Mitchell culpable de secuestro interestatal y transporte ilegal de un menor, mientras él cantaba canciones sobre Jesucristo durante la lectura del veredicto y sostenía las manos en señal de oración.
Mitchell, que actualmente tiene 7.2 años, está cumpliendo cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional en una prisión federal de Lewisburg, Pensilvania.
En cuanto a su cómplice, Barzee, aceptó un acuerdo con la fiscalía federal y recibió una sentencia de 15 años de prisión, menos el tiempo cumplido. En septiembre de 2018, quedó en libertad, y actualmente tiene 80 años.
Elizabeth se centra en compartir las historias de los sobrevivientes, como escritora, oradora y defensora de los derechos de las víctimas.
“Sobreviviente, madre y esposa”, Elizabeth Smart en la actualidad. Foto: IG @elizabeth_smart_official“Espero que otros sobrevivientes se den cuenta de que no están solos y no sientan vergüenza de lo que les ocurrió”, manifestó en el flamante documental de Netflix.
En cuanto a su vida personal, Elizabeth es madre de tres hijos junto a su esposo, Matthew Gilmour, con quien dice haber recuperado su fe en el amor y el respeto.
“Ojalá les reconforte saber que hay finales felices y que incluso después de que te sucedan cosas terribles, podés tener una vida maravillosa”, expresó Smart..
Fuente: www.clarin.com



