Villapene: el pueblo con 133 vecinos que sorprende por su llamativo nombre


En la provincia de Lugo, en Galicia, España, existe una pequeña aldea que cada tanto vuelve a hacerse viral por una razón muy particular: su nombre. Villapene, con apenas 133 habitantes, despierta sonrisas y curiosidad entre quienes lo descubren por primera vez, pero para sus vecinos es simplemente parte de su identidad.

Lejos de avergonzarse, en el pueblo lo viven con naturalidad. Su alcalde, Armando Castosa, fue claro: “Ni yo ni los vecinos nos hemos planteado nunca modificar el nombre”. Para la comunidad, la denominación forma parte de su historia y tradición.

Aunque en castellano puede tener connotaciones que generen bromas, el origen de Villapene es histórico y lingüístico. Según explicó el propio alcalde, se trataría de un nombre compuesto que provendría de “Villa” y “Pennus”, en referencia a un dirigente romano. Sin embargo, reconoció que no existen datos oficiales concluyentes que permitan afirmarlo con certeza.

Otra versión vincula el topónimo con el gallego “Vila de Penne”, es decir, “la villa de Penne”, posiblemente relacionado con un antiguo linaje medieval. Con el paso del tiempo y la evolución del idioma, la forma habría derivado en el nombre actual.

Además, Castosa remarcó que las connotaciones que genera en español no existen en gallego, por lo que para los habitantes locales el nombre no tiene la carga humorística que perciben desde fuera.

Villapene está situada en la parroquia de San Xoán de Alba, dentro del municipio de Cospeito, en Lugo. Como muchos pequeños pueblos de la Galicia rural, se caracteriza por:

No es un destino turístico masivo, pero quienes llegan atraídos por el nombre descubren un entorno típico gallego, hospitalario y marcado por la naturaleza.

Villapene no es el único caso llamativo. España cuenta con numerosos pueblos cuyos nombres despiertan curiosidad, como Guarromán, Matagorda o Calamocos, muchos de ellos con raíces históricas que nada tienen que ver con su interpretación actual.

En tiempos de despoblación rural, algunos alcaldes incluso recibieron sugerencias para modificar nombres que generan burlas. Pero en Villapene la postura es firme: conservarlo es defender la historia del lugar.

Más allá de las risas en redes sociales, Villapene es un ejemplo de cómo la toponimia, la ciencia que estudia los nombres propios de los lugares, guarda huellas del pasado. Y en este rincón gallego, sus 133 vecinos lo tienen claro: el nombre no se toca.

Fuente: www.clarin.com

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