Un virus atrapado por 48.000 años emerge del permafrost ruso en un hallazgo sin precedentes


Un equipo de científicos liderado por el profesor Jean-Michel Claverie ha logrado reactivar un virus que permaneció atrapado durante 48.500 años en el permafrost de Siberia, Rusia, al estar congelado.
Este descubrimiento marca un hito en el campo de la virología al demostrar que patógenos prehistóricos pueden conservar su capacidad infectiva tras milenios de inactividad biológica.
El hallazgo se produjo en 2022 tras analizar muestras de suelo extraídas a gran profundidad en la región de Yakutia. El microorganismo, bautizado como Pandoravirus yedoma, pertenece a una categoría de virus gigantes que suelen afectar a las amebas. Sin embargo, su resurgimiento plantea interrogantes críticas sobre los efectos del cambio climático en la liberación de agentes biológicos antiguos.
A medida que el calentamiento global acelera el derretimiento de las capas de tierra permanentemente congeladas, microorganismos que convivieron con mamuts y Neandertales vuelven a la superficie.
Los expertos advierten que, aunque estos virus específicos no atacan células humanas, su supervivencia sugiere que otros patógenos más peligrosos podrían estar aguardando en las profundidades árticas.
La principal preocupación de la comunidad científica radica en la falta de inmunidad de las poblaciones actuales frente a estas amenazas del pasado. El permafrost actúa como una cápsula del tiempo que preserva material genético intacto. Si el proceso de deshielo continúa al ritmo actual, el contacto entre humanos y virus desconocidos será una posibilidad estadística inevitable.
El equipo de la Universidad de Aix-Marsella subraya que este fenómeno no debe ser subestimado como una curiosidad de laboratorio. La capacidad de estos “virus zombis” para replicarse después de casi 50.000 años indica una resistencia biológica superior a la imaginada. El monitoreo constante de las zonas de deshielo se vuelve una prioridad para la seguridad sanitaria global a largo plazo.
El estudio también destaca que la actividad industrial en el Ártico, como la minería y la extracción de petróleo, aumenta las probabilidades de liberar estos microorganismos.
Al remover capas profundas de sedimentos, se rompe el aislamiento natural que mantuvo a estos virus lejos de la biósfera moderna. La ciencia busca ahora entender cómo prevenir un salto zoonótico de origen prehistórico.
La comunidad científica internacional observa con cautela estos avances, ya que el riesgo no reside únicamente en los virus gigantes, sino en bacterias resistentes a los antibióticos actuales que también podrían emerger del hielo.
Investigaciones complementarias sugieren que el ADN de patógenos extintos, como la viruela o la gripe española, podría permanecer viable en condiciones de frío extremo.
Fuente: www.clarin.com



