Andrew Carnegie, de la pobreza al poder: la historia del “Rey del acero” que inspiró el sueño americano

Ser tan rico como Rockefeller, el fundador de la otrora poderosa petrolera Standard Oil, fue una expresión que traspasó fronteras. Pero hubo otro hombre de negocios en Estados Unidos que también estuvo entre las personas más adineradas de la historia.

Se trata de Andrew Carnegie, un visionario en el uso a gran escala del acero, que dejó hitos como el puente de San Luis en el río Misisipi, y una fortuna que creció con los abundantes pedidos de reemplazo de los rieles de tren.

Además, su producción aumentó a la par del crecimiento urbano, siendo que para finales del siglo XIX se construyó en la ciudad de Chicago el Home Insurance Building, uno de los primeros edificios en utilizar una estructura de este material.

Pero los orígenes del hombre que encabezó semejantes marcas estuvieron lejos de la comodidad material. Nacido en 1835 en la ciudad escocesa de Dunfermline, Reino Unido, Carnegie vio la pobreza desde pequeño.

Es que su padre fue tejedor en el momento incorrecto: transcurría una de las etapas de la Revolución Industrial que, entre sus avances, provocó el reemplazo de empleados manuales tras la aparición de telares a vapor.

“Estaba grabado en mi corazón que mi padre tenía que rogar para trabajar. Y entonces decidí que remediaría esa situación cuando fuera un hombre”, señaló tiempo después el propio magnate.

Por esta razón, contando incluso con la participación activa de su madre Margaret remendando zapatos, el grupo familiar tomó la decisión de cruzar el Océano Atlántico para buscar una vida mejor.

Trece años después del nacimiento de Carnegie, la familia zarpó del territorio que supo ser una antigua capital medieval de Escocia.

El nuevo y laborioso hogar en Estados Unidos

Ya en en las tierras prometidas de América del Norte, los escoceses se refugiaron en una casa de madera endeble y oscura en el estado de Pensilvania, en una colonia junto a gente de su mismo origen.

El adolescente dedicó su fuerza como embobinador (operador de un eje que enrolla un hilo) en una fábrica de algodón. Pronto continuó en el sector ferroviario, en el que una vez llegado a la adultez, transformaría una parte elemental de su estructura.

Carnegie fue un autodidacta desde pequeño. Foto: Biblioteca del Congreso EE.UU.

Pero antes de la opulencia, Carnegie tuvo sus primeros trabajos en la vía pública y rodeado de trabajadores. Específicamente, como mensajero en la oficina de telégrafos de Pittsburgh, la ciudad donde vivía.

El empresario que vio a la joven promesa

En vez de restringirse solamente a los deberes por cumplir, el muchacho aprovechó cada tarea para acercarse más a su horizonte. Por otra parte, en sus tiempos libres estudió de forma solitaria en una biblioteca local, en la que hizo provecho del préstamo de libros.

En sus entregas memorizó las calles por las que andaba, direcciones y nombres de las personas que consideraba importantes. Así, se mostró predispuesto a asumir nuevas responsabilidades, algo que vio el empresario Thomas Scott en la mencionada oficina.

Scott lo contrató en 1853 como su secretario privado y telegrafista personal, en el momento en que este iniciaba su carrera en los ferrocarriles de Pensilvania. Carrera que, dicho sea de paso, culminaría en el manejo de una impresionante corporación ferroviaria.

De esta manera, quien fuera competidor de John D. Rockefeller en la industria petrolera, se convirtió en el mentor de Carnegie.

La experiencia en la Guerra Civil que ayudó a Carnegie a innovar

Las innovaciones pueden arribar por los lados menos esperados, y también menos deseados. Fue justamente un acontecimiento bélico el que llevó a Carnegie a una de sus más redituables producciones.

A medida que su jefe ascendía, lo mismo le ocurría al joven aprendiz: sucedió a Scott en el Ferrocarril de Pensilvania como superintendente de la División de Pittsburgh.

Al mismo tiempo, al estallar la Guerra de Secesión (1861-1865), Carnegie participó junto al rico empresario -llamado “barón ladrón” por algunos periodistas que criticaban su ética- en la supervisión del transporte militar.

El Presidente Lincoln se oponía a la esclavitud. Foto: Biblioteca del Congreso EE.UU., año 1862

Esta guerra civil, en la que ciertos estados estadounidenses querían separarse ante su posición favorable a la esclavitud –idea contraria a la del entonces Presidente Abraham Lincoln-, terminó por favorecer las ambiciones de Carnegie.

¿Cómo? Con el impulso de la industria siderúrgica y la potencialidad que el muchacho vio en ella. Quien por cierto es recordado por sus inversiones estratégicas y haber sacado jugo de las conexiones personales con sus antiguos empleadores.

El mismo año en que se puso fin al conflicto interno –con la victoria de la Unión por sobre la Confederación rebelde- Carnegie fundó la Keystone Bridge Company.

Carnegie reemplazó puentes de madera por puentes de acero. Foto: Museo de Arte Estadounidense Amon Carter

Con solo 30 años, su propósito fue reemplazar los puentes de madera por puentes de hierro, algo que les daría una resistencia notablemente crucial luego de los estallidos acontecidos.

El amague con el retiro y la vuelta al ruedo

En 1868 Carnegie consiguió una fortuna de 400.000 dólares, que equivaldría a casi 5 millones de dólares actuales, en base al éxito del proyecto mencionado.

Pero con 33 años ya estaba pensando en retirarse. Le preocupaba que su vocación empresarial lo terminase alterando en extremo. En específico, sus pensamientos sobre “cómo ganar más dinero en el menor tiempo posible”, según sus propias afirmaciones, rescatadas por la cadena de televisión pública norteamericana PBS.

Renunciaré al mundo empresarial a los 35 años, pero durante los dos años siguientes deseo dedicar las tardes a recibir instrucción y a leer sistemáticamente”, señaló el empresario autodidacta.

Sin embargo, un viaje al Reino Unido alteró sus intenciones.

El mentor de Carnegie fue Thomas Scott. Foto: Biblioteca Carnegie de Pittsburgh / B.C. de EE.UU.

Del inventor inglés Henry Bessemer adoptó un nuevo proceso de refinación de acero, que trasladó a los Estados Unidos. Así, Carnegie dedicó sus inversiones en el prometedor proceso y hasta se endeudó para construir otra planta siderúrgica cerca de Pittsburgh, en 1875.

El amor con una joven de 23 años y la importancia de su madre

Tiempo después, a los 45 años, se puso en pareja con Louise Whitfield, de 23. Su madre se opuso, y no solo por la diferencia de edad. Ocurre que, hasta entonces, ella tenía la total y completa atención de su hijo.

De hecho, Carnegie compartía con su progenitora una suite en el Hotel Windsor de Nueva York, y hasta escuchaba los comentarios que tenía para dar sobre sus negocios, contó el PBS.

Pero en cuanto al amor, el millonario evitó revelarle su compromiso con la joven, ocurrido en 1883. De todas formas, se casaron cuatro años después, cuando la mujer ya había fallecido.

Finalmente le rindieron tributo con quien sería la única hija de Carnegie, a quien le pusieron de nombre Margaret, y que tendría una larga vida.

La polémica por el (mal)trato a los trabajadores

Si bien Carnegie tenía un discurso que fomentaba el derecho de los trabajadores a sindicalizarse y proteger sus derechos, se conoce que a sus propios empleados los hacía trabajar largas jornadas a cambio de bajos salarios.

En cierto sentido, repitió la escena que había vivido su padre, pero desde el otro lado del mostrador.

En la implementación de modernas maquinarias, la compañía de acero Carnegie Steel procedió a despidos masivos. Aquello generó un conflicto con el sindicato y el dueño no dudó en apoyar al gerente de su planta durante la Huelga de Homestead (1892), quien contrató a matones sanguinarios para intimidar a los huelguistas.

La venta del imperio siderúrgico

En 1901, con la compañía funcionando a todo motor, se metió en escena la financiera JP Morgan: ya con 66 años, Carnegie le vendió su nave insignia al gigante bancario –que le cambió el nombre a US Steel-, por nada menos que 480 millones de dólares.

El banquero J.P. Morgan le compró la compañía de acero a Carnegie. Foto: Biblioteca del Congreso EE.UU.

De tal número, Carnegie se quedó con 250 millones de dólares, que son aproximadamente 4.500 millones de dólares de la actualidad.

“Quien muere rico, muere deshonrado”

Producida la venta y siendo uno de los hombres más ricos de EE.UU., el magnate se dedicó a la filantropía, ante una “profunda obligación moral”. Para ello fundó la Carnegie Corporation en Nueva York.

Su pasado volvió a aparecer, esta vez no con su padre, sino en los ratos que dedicaba a su inmersión en las letras en la motivante curiosidad de su niñez.

Entre las donaciones que realizó, las bibliotecas fueron las más favorecidas. Donó lo suficiente como para construir más de 2.500 de estos establecimientos en todo el mundo, aunque la mayor parte fueron en Estados Unidos.

No por nada en ese país es reconocido como impulsor de las bibliotecas públicas gratuitas.

Sin embargo, la primera de todas las bibliotecas había sido edificada en 1881, en su ciudad natal. Un gesto que marcó el recuerdo de su tierra, que al momento de morir tuvo lejos: Carnegie falleció en 1919 en Lenox, un pequeño pueblo del estado de Massachusetts, a los 83 años.

Dichas acciones se enmarcaron en su frase “quien muere rico, muere deshonrado”, inmortalizada en su escrito El Evangelio de la Riqueza.

En ese ensayo unió la riqueza personal con los beneficios dirigidos a la comunidad, siendo que, según su concepción, un hombre debería esforzarse por “dedicar el primer tercio de su vida a la educación”; el segundo a la “acumulación de riqueza”; y el último tercio a una “filantropía enérgica”.

Por último, además de la alfabetización y el conocimiento, Carnegie promovió la paz internacional, llegando a presidir el Congreso Nacional de Arbitraje y Paz de 1907, en Nueva York.

“La guerra internacional es la peor mancha de nuestra civilización”, sentenció en una carta del Carnegie Peace Fund.

Pero aparecieron la Primera Guerra Mundial y luego la segunda, por lo que el legado de Carnegie, más que en sus palabras, quedó en sus inversiones y la potenciación de la industria estadounidense, que entre otras cosas llevó a la reducción del precio del acero.

Fuente: www.clarin.com

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