Mariano Ojeda, el médico argentino que viajó a África para operar gratis a más de 100 chicos: “Me hicieron sentir que servía para algo en la vida”

Mariano Ojeda pide que por favor se lo espere, que está de guardia y le llegaron pacientes.
Minutos después se libera, se quita el traje de doctor y se sienta a la mesa para comenzar la conversación virtual con Clarín.
Lo que pretendía ser un repaso de sus tres experiencias en África resultó una charla general sobre su apasionante vida, marcada especialmente por los viajes, pero también por la historia de su padre y, sobre todo, por sus acciones benéficas.
Mariano y Aníbal Ojeda, dos vidas paralelas: “Mi historia es la historia de mi viejo”
A mediados de la década de 1970, la pareja conformada por Aníbal Ojeda y María Esther Buteler, dos jóvenes médicos de Córdoba, se mudó a la ciudad de La Rioja, detrás de una oportunidad laboral que ofrecía el hospital Presidente Plaza (hoy Enrique Vera Barros).
Sin embargo, en noviembre del 76, volvieron a su provincia natal, pero solo para que naciera su hijo: Mariano.
Mariano cumplió el sueño de trabajar con su papá. Foto: Cortesía Mariano OjedaPara contar la historia de Mariano, vale la pena repasar la de su papá, ya que es casi una fotocopia. “Mi historia es la historia de mi viejo. Somos iguales, lástima que yo no tengo hijos”, sintetizó el protagonista a Clarín.
Aníbal, su padre, comenzó a trabajar como médico de adultos en el Plaza. Sin embargo, su verdadera pasión era atender niños, por lo que, con el paso del tiempo, logró volcarse hacia esa especialidad, y se volvió un experto en cirugías para pequeños con malformaciones congénitas.
Tal era su vocación, que no le bastó con atender a los pacientes del hospital. Entonces, en los momentos libres, se subía a su auto y salía al interior de la provincia, en busca de niños que necesitaran su servicio, que brindaba de forma gratuita. De esta manera, solo en sus primeros años, Aníbal operó a más de 8000 niños.
A la par de su dedicación al trabajo, y junto a Esther, quien también era empleada del Plaza, Aníbal se ocupaba de criar a su pequeño hijo. “Mi viejo me hizo médico y mi mamá, persona”, contó Mariano en la charla.
Mariano y su padre, Aníbal, quien operó a más de 8000 chicos. Foto: Cortesía Mariano OjedaLa familia vivía en una “casita” que le habían entregado a los padres. Allí se crió Mariano, aunque también en hospitales y arriba del auto, pues acompañaba a su papá a todos lados. “Sabía lo que era un quirófano antes de aprender a andar en bici”, dijo.
También recordó que, cuando tenía 6 años, su padre lo operó de apendicitis, aunque podría haberlo hecho él, pues ya conocía de qué constaba la cirugía.
Así, entre viajes y salas de hospital, Mariano se hizo mayor y, repitiendo el camino de sus padres, eligió seguir Medicina en la Universidad de Córdoba.
De La Rioja a Francia, con una fundación en el medio
En 2002, cuando tenía 25, Mariano se recibió de médico. Ese mismo año, ingresó como residente en el Hospital Infantil de Córdoba. ¿La especialidad a ejercer? Por supuesto, cirugía de niños, temática que ya conocía gracias a su papá.
“Fue mi viejo quien me inculcó el amor por el quirófano. Me ayudó a acelerar los tiempos, porque él atendió adultos y recién después se pasó a chicos, mientras que yo directamente empecé con niños”, dijo al explicar el motivo de sus elecciones académicas.
Mariano se recibió de médico a los 25 años. Foto: Cortesía Mariano OjedaEn 2007, volvió a La Rioja para cumplir un sueño: frecuentar los hospitales con su papá, pero esta vez como colegas. Allí, vio en primera persona cómo su “viejo”, luego de recibir una donación, creó la Fundación Rioja, que hasta hoy se dedica a atender a los niños con malformaciones congénitas que no pueden costear una cirugía.
Sin embargo, en esta oportunidad, Mariano no estaría mucho tiempo en tierras riojanas. En tan solo unos meses, había revolucionado el hospital Vera Barros, en especial por introducir una forma de operar inédita para el lugar. Esto lo había vuelto reconocido, pero pronto se topó con la falta de recursos para mejorar su trabajo.
“Llevé la laparoscopia a La Rioja, y los directores estaban muy contentos conmigo. Pero al segundo año, empecé a pedir herramientas mejores, y no me las daban. Sentía que no podía avanzar y me empecé a preocupar”, detalló a Clarín.
Ante ello, el joven terminó por convencerse de que debía continuar su carrera en otro lado, y al poco tiempo consiguió irse a Francia. “Accedí a un intercambio para irme a Saint-Étienne, y ahí me perfeccioné”, recordó.
Todo parecía ir bien para el cordobés. Había encontrado una válvula de escape a su situación en La Rioja y tenía la oportunidad de formarse en el primer mundo. Pero su destino, irremediablemente, estaba en la Argentina, donde le aguardaba un futuro increíble.
De Neuquén a África, al servicio de los niños
Después de especializarse en Europa, Mariano, de nuevo, retornó a La Rioja para trabajar con su papá. En dicha ciudad había algo que siempre lo hacía regresar. No obstante, al poco tiempo, su rumbo iba a cambiar, esta vez definitivamente.
Desde Europa, Mariano volvió a La Rioja para, de nuevo, trabajar con su papá. Foto: Cortesía Mariano OjedaOjeda comenzó a asistir a congresos de medicina y, en uno de estos, alguien de Neuquén se interesó por él, por lo que pronto lo convocaron a una entrevista laboral al Hospital Provincial Doctor Castro Rendón.
Fue entonces cuando, acompañado como siempre de su padre, tomó el auto y se dirigió hacia el sur. El resultado de aquel evento lo contó él mismo.
“Había tres personas más, así que no era seguro que quedara. Pero a la vuelta, mientras regresábamos, me avisaron que había sido seleccionado. Mi viejo enseguida me dijo ‘Andate a Neuquén, yo no te puedo ofrecer lo que te ofrecen allá’”, rememoró.
Por tanto, aceptó la propuesta y se mudó a dicha provincia. Una vez allí, le llegó otro ofrecimiento, aquel que tanto había esperado en su vida.
“Un directivo me dijo que había que hacer algo con los chicos que tenían labio leporino. Le contesté qué debíamos armar un equipo multidisciplinario, y estuvo de acuerdo”, detalló.
En consecuencia, el nuevo médico armó ese equipo, y desde entonces se encuentra a cargo de él.
Cuando parecía que ya no le quedaba más nada por hacer, otra vez un congreso y sus ganas de ayudar lo impulsarían a emprender una aventura.
“En 2018, en un evento sobre cirugía infantil, me comentan el caso de un chico de dos años de Angola, que tenía labio leporino. Era hijo de la directora de un hospital, quien estaba desesperada porque nadie le daba bola”, explicó Mariano, como introducción a la parte más atrapante de su vida.
Siempre predispuesto, el cordobés se interesó en el tema, aunque enseguida halló un obstáculo. Logró contactarse con la madre del niño, quien le mandó fotos de este, pero la resolución pensada, que implicaba que el pequeño viajara a Neuquén para operarse, no fue posible, por trabas burocráticas.
Enterado de esto, a su padre se le ocurrió una solución que parecía alocada. Así lo recordó el propio Mariano a Clarín: “Me dijo, ‘¿Y si vamos?‘ Le contesté ‘Bueno, vamos’, sin pensar. La verdad que fue una locura”.
Sin más, a mediados de 2019, tomaron un vuelo hacia Luanda, la capital del país africano. Allí los recibió una médica angoleña que había estudiado en Argentina, quien los acompañó durante su estadía.
Desde Luanda se trasladaron hasta Luena, donde vivía el niño al que iban a intervenir. Mariano explicó que esta ciudad era muy pobre y que contaba con un buen hospital, fruto de donaciones europeas, pero carente de médicos.
Los Ojeda operaron al pequeño sin dificultades. Pero ya que estaban allá, no podían dejar pasar la oportunidad de ayudar a más chicos. “Vimos a un montón de niños que tenían malformaciones congénitas, y preguntamos si podíamos operarlos. Nos dejaron, y así intervenimos a 19 más”, contó Mariano.
“Los padres estaban súper agradecidos. Me hicieron sentir que servía para algo en la vida”, agregó, visiblemente emocionado al evocar la experiencia.
Pero la historia de viajes y operaciones de Mariano no terminaría allí. A principios de 2020, la doctora angoleña que conocía lo convocó de nuevo (y también a su padre), esta vez para cambiarle la vida a una cantidad más numerosa de chicos.
El cordobés explicó que en varios países africanos hay muchos niños con labio leporino, debido a la falta de médicos especialistas y a la mala nutrición. “Imaginate que, para eliminar los químicos contaminantes, algunos padres le ponen naftalina al agua que le dan a sus bebés”, ejemplificó.
Por tanto, padre e hijo se dispusieron a regresar a Angola, pero la llegada del covid los obligó a postergar el plan hasta 2022.
Aquel año, viajaron nuevamente a Luanda, donde también especializaron a médicos locales para que aprendan a realizar esa clase de cirugías.
El resultado serían 48 niños operados exitosamente, pero Mariano recuerda aquel viaje más bien por otro motivo: fue la última vez que trabajó con su papá, a quien había comenzado a aquejarlo una enfermedad. Entonces, intuyendo esto, decidió inmortalizar el hecho en una foto que los muestra saludándose.
La foto que subió Mariano tras la última operación realizada junto a su papá. Foto: Cortesía Mariano OjedaMás tarde, en 2025, se sorprendió al enterarse que los profesionales que formaron habían realizado 2000 cirugías infantiles.
Ese mismo año, sus servicios volvieron a ser requeridos, para que perfeccionara a los doctores angoleños. Viajó y, por primera vez, no pagó todos los costos, sino que lo financió el Gobierno de Angola. Fue el último viaje de Mariano a África, y el primero sin su papá. “Mi viejo no pudo ir por una enfermedad”, explicó.
Ojeda cumplió el compromiso y, con la ayuda de profesionales africanos, alcanzó su récord de operaciones de labio leporino: 68.
Mariano, junto a un médico de Angola. Foto: Cortesía Mariano OjedaActualmente, Mariano está por cumplir 50 años y pausó su etapa viajera. Se siente motivado por el hecho de que, hace poco, asumió como presidente de la fundación que creó Aníbal.
A la par, sigue como jefe del equipo del Hospital Provincial de Neuquén, aunque, al igual que lo hizo su padre, recorre el interior por su cuenta, con el propósito de atender a las personas más necesitadas.
Por último, aclaró que no se olvida de los chicos de Angola, y que planea un nuevo viaje. “Quiero llevarles la laparoscopia”, concluyó, con el mismo entusiasmo que lo caracterizó durante toda la charla.
Fuente: www.clarin.com



