Cómo fue el primer show de Bad Bunny en River: euforia, banderas, multitud, fiesta y agradecimiento

Por fin terminó la espera. Después de meses de cuentas regresivas que parecían eternas, el fenómeno Bad Bunny llegó a Buenos Aires a revolucionarlo todo. Aunque, la realidad, es que el torbellino puertorriqueño tocó tierra antes de que el artista pusiera un pie en el escenario del Estadio Monumental, que lo recibió con euforia, emoción y una multitud.
En los días previos a que el cantante llegara a la Argentina, la adrenalina ya se sentía en el aire. Las remeras temáticas empezaron a copar las vidrieras de las principales avenidas porteñas, su música sonó con más frecuencia en bares, autos y locales comerciales, y la expectativa creció a la par de una ciudad que se preparó para recibir a una de las figuras más convocantes del planeta.
El martes por la tarde comenzaron a aparecer las primeras carpas en las inmediaciones del estadio. Fans decididos a asegurarse un lugar privilegiado armaron guardia con reposeras, banderas y parlantes. La postal se repitió durante los días siguientes: grupos organizados, listas improvisadas y mates compartidos bajo el sol del verano porteño.
Y, el jueves por la tarde, empezó la verdadera emoción. Bad Bunny llegó al país, se alojó en Recoleta y arrancó su concentración para tres presentaciones históricas. Para su última cena antes del primer River, sin embargo, decidió salir del aislamiento. Junto con el equipo que lo acompaña fue a cenar a Ness, un reconocido restaurante del barrio de Núñez. Y allí, según contaron sus sueños, se dio una buena panzada con postre incluido. Tanto le gustó que se llevó una porción a su alojamiento.
Una noche histórica
Bad Bunny, su banda y su magia coparon la noche del viernes 13 de febrero en River. Foto: Martín BonettoAsí llegó finalmente el viernes 13 de febrero, la fecha señalada en rojo por miles de seguidores. Sin escalas, después de su paso por el Super Bowl y tras hacer historia en los premios Grammy, el artista puertorriqueño desembarcó en Buenos Aires para actuar en su primer River Plate, en el marco del “Debí tirar más fotos World Tour”.
La jornada comenzó temprano. Con el sol todavía alto y una temperatura que no dio tregua, las puertas del estadio se abrieron a las 16 horas y, desde ese momento, el campo se convirtió en una carrera silenciosa hacia el vallado. Muchos se aferraron a su lugar sin intención de soltarlo en toda la tarde. El calor no fue obstáculo: la consigna fue resistir y quedarse en ese primer lugar para asegurarse la vista privilegiada.
Quienes recibían al público que llegaba al Monumental, estaban todos vestidos como el personal de un hotel all inclusive del Caribe: trenzas, sombreros, pañuelos y flores en el pelo, polleras, camisas y tíos en tonos. pasteles, blanco y beige. Y en vez de las pulseras que se encienden con colores distintos según la canción (como en los shows de Coldplay o Taylor Swift), aquí te daban cámara fotográfica. En alusión, claro, al último álbum de Bad Bunny, Debí tirar más fotos.
La cámara que les dieron a los asistentes al show de Bad Bunny. Ya no pulsera con luces, como Coldplay o Taylor Swift.A las 19 fue el turno de Ramma, el telonero argentino elegido para la ocasión. El joven de 21 años, oriundo de Trelew, Chubut, mantuvo en secreto que él fue el seleccionado por la estrella de la noche para la apertura oficial hasta cinco horas antes de su presentación. El anuncio despertó sorpresa y encendió los primeros coros masivos de la noche.
Una hora más tarde, a las 20, puntualísimos, subieron al escenario los miembros de Chuwi, la banda puertorriqueña que acompaña a Bad Bunny en las fechas latinoamericanas del tour. Con una propuesta que mezcló ritmos caribeños y energía festiva, lograron que el público bailara y arrancara con las palmas y los cánticos, aunque el primer tema hablara sobre los cortes de luz en los temporales. Mientras la ansiedad por ver al artista principal crecía.
Antes de que empezara el show de Bad Bunny, los integrantes de Chuwi se autoencomendaron la difícil tarea de “calentarle la tarima” en todos los sentidos. En medio de su presentación, que duró 30 minutos, hablaron sobre el exilio de los puertorriqueños en busca de una mejora en su calidad de vida. “Cada uno debería tener una vida digna en el lugar en el que nació”, señaló el guitarrista y vocalista. Luego, pusieron en alto dos banderas: la puertorriqueña y la argentina, lo que provocó el aplauso inmediato del público.
La política ya estaba en escena.
Bad Bunny, en las pantallas de su imponente puesta en el estadio de River Plate. Foto: Martín BonettoY llegó Bad Bunny
A las 20:55 se apagaron las luces del estadio y se prendieron los flashes de los celulares, que hicieron que las plateas se vean desde el campo como un cielo estrellado. Y, durante dos minutos, el clima se mantuvo tenso, a la expectativa de que algo suceda. Casi como un cronómetro programado, empezaron al unísono las palmas de un público ansioso por ver el artista del momento.
Asi, justo cuando la paciencia empezó a agotarse, se prendió la pantalla y mostró a dos argentinos sentados en la vereda de su casa, charlando acerca de la posibilidad de traer a Benito de Puerto Rico. Entonces, se dispusieron a llamarlo entonando las estrofas de La mudanza, la canción con la que el puertorriqueño abre sus shows en la gira.
Exactamente dos minutos antes de las 21, Bad Bunny apreció en escena, con lentes oscuros y un traje color beige. Recién en ese momento empezó la verdadera ovación, al canto de “Benito, Benito”. Mientras tanto, el protagonista de la noche se tomó los dos minutos que faltaban para la hora de inicio prevista para el show para observar la inmensidad de un River repleto, visiblemente emocionado por la postal que tenía en frente.
Una vez que el reloj marcó las nueve en punto empezó la fiesta, con el puntapié inicial dado por la ya popular frase “Un aplauso pa mami y papi, porque en verdad rompieron”.
Bad Bunny fue el protagonista de un concierto inolvidable en el estadio de River. Foto: EFE/ Juan Ignacio Roncoroni“Apriete chamaquito, que estamos en Buenos Aires”, le dijo Bad Bunny a su percusionista, que desató una fiesta absoluta, al ritmo de su bongo.
Casi sin dar respiro, tras una ola de aplausos al terminar el primer tema, empezó a sonar Callaita, otro de su grandes éxitos. Pero, antes de arrancar con el estribillo, Bad Bunny se tomó unos segundos y volvió a enloquecer a su público.
“Creo que todas las personas que están aquí esta noche son conscientes de lo que yo pienso del público de Argentina. Así que no espero menos”, exclamó, casi desafiando a todos los presentes a gritar lo más fuerte que puedan. Y sus deseos fueron órdenes: se escuchó un rugido colectivo que hizo temblar a la cancha completa.
Como no podía ser de otra manera, hizo alusión a su increíble presente profesional, que lo trajo sin escalas al país después de hacer historia en el Grammy y en el Súper Bowl. “Después de dos semanas dos intensas, se los digo desde el fondo de mi corazón, esto se siente como volver a casa. Así que: gracias Argentina”, expresó.
Bad Bunny habló de la integración americana, en su primer show en River. Foto: Martín BonettoY, a continuación, sumó: “Les voy a decir algo. La noche apenas esa comenzando. Y la única razón por la que nosotros estamos aquí presentes es para que ustedes la pasen bien. Que por un momento nos olvidemos de todo lo que está pasando afuera de este estadio, y estemos llenos de alegría y felicidad. La única razón por la que estamos hoy aquí es para que se unan una noche, como un solo pueblo. Este show se trata de la unión de Argentina con Puerto Rico y América Latina”.
La fiesta volvió a encenderse minutos después, cuando Bad Bunny puso a todos y a cada uno de los presentes a dejarlo todo en la pista de baile con Nueva Yol, una de sus canciones más pegadizas, con la que se lanzaron los primeros aires acondicionados de la noche.
A continuación, después de unos pocos minutos de intervalo de la mano de la mascota animada del tour -una simpática rana puertorriqueña que contó cuáles son sus planes turísticos porteños para estos días- Bad Bunny se trasladó a “La casita”, el escenario secundario, a 45 minutos de arrancado el show.
Allí, hizo enloquecer a todos cuando apareció con una camiseta Argentina. A su lado y entre un grupo grande de mujeres argentinas, aparecieron bailando Tini Stoessel y Emilia Mernes, como parte de la tradición de invitar a figuras de cada país a vivir la fiesta puertorriqueña desde adentro.
El estadio Monumental se transformó en una fiesta multitudinaria: un público entregado y un artista en su mejor momento, dueño absoluto de una escena que ya lo tiene como protagonista indiscutido.
Los hits y los mensajes de integración se sucedieron uno tras otro, ante una multitud rendida a los pies de Bad Bunny.
Fuente: www.clarin.com



