River y Gallardo, bajo presión: visita de máximo riesgo a Argentinos :: Olé

El mismo Marcelo Gallardo que metaforizó con una “piña” la goleada en contra ante Tigre podría abrazarse al speech de la sexta película de Rocky para rescatar a River del nocivo hoyo negro al que corre riesgos de caer. “Nadie golpea más fuerte que la vida, pero no importa lo fuerte que lo haga sino lo mucho que que resistas y sigas avanzando”.
Y sí: Balboa (Stallone) lo dijo. Sólo así se gana. Y el Muñeco necesita hacerlo: el desplome futbolístico de su equipo en el Monumental aceleró los procesos de exigencia de aprobación. El partido contra Argentinos va a ser una final. Y posiblemente también lo sean Vélez, Ciudad de Bolívar, Banfield, y así… Y es que tanto se ha parecido el River del sábado a la frustrante versión de 2025 que el umbral de tolerancia cambió. Por eso la quinta fecha de un Apertura en el que 8 de 15 equipos de la zona pasan de ronda implica un desafío desproporcionado si se analiza únicamente el momento del año y no todo el contexto deportivo.
La situación es tan compleja que después de 19 meses, Gallardo ya no parece bañado en keblar. Porque es el autor de un plantel al que modeló a lo largo de su segunda etapa en el club, con altas y bajas y millones de dólares invertidos, pero al que nunca pudo lograr que estuviera “presente” con regularidad.
El enigma River
¿Cuál es River? ¿El del año pasado? ¿El que empezó el 2026 ganándole 1-0 a Barracas y 2-0 a Gimnasia y entusiasmó por no haber recibido goles en tres fechas? ¿O el que se vio reducido y desnudado por un Tigre tácticamente perfecto -y que, a diferencia de la versión 2025, ya pasó por el quirófano del mercado?
River tendrá una prueba de identidad en La Paternal. Porque hace tiempo que no sabe quién es. Y su deté tampoco consigue que ese patrón identitario, esa genética MG, quede impregnada en sus versiones más recientes. Por eso volvieron aquellas vibras incómodas de la temporada anterior: la sensación de que los que están afuera darán las soluciones que no aportan los que juegan, la confirmación de que no es así y, en el medio, puntos que se escapan.
River no puede permitírselo. El Muñeco, tampoco. Y es por eso que el testeo en el Diego Maradona también será de templanza. Si la imagen inmediatamente posterior a la de un equipo cacheteado es de rebeldía, de tensión, de voracidad, con un resultado positivo aun sin brillo, entonces el grupo habrá dado al menos un paso hacia adelante y empezado a demostrar que ya no transita los casilleros de ese Juego de la Oca en el que avanzó y retrocedió mil veces durante los últimos meses. Obligatoriamente, en cualquier caso, tendrá que refrendarlo en los siguientes partidos: el 1-4 ante Tigre estará latente por un buen tiempo.
Las consecuencias de un tropiezo, en cambio, pueden ser todavía más adversas. La atmósfera, ya densa, se volvería todavía más irrespirable incluso para un Gallardo que debe también dar señales de reacción: las esquirlas de otra humillación podrían rayar todavía más su estatua de seis toneladas.
Argentinos, un rival y una oportunidad
Al entrenador se le reclamará en La Paternal, allí donde nunca perdió, el pragmatismo de estratega que lo identificó en su primer ciclo. Sólo el kickoff de este jueves dirá si la idea de mantener la base (¿con ajustes por bajo rendimiento, como los de Rivero o Viña?) viene acompañada de un plan de juego más simple para lastimar a Argentinos.
La vara estará alta. Enfrente, River tendrá a uno de los equipos que mayor oposición puede generarle: incluso sin estar en su pico, a AAAJ estructuralmente se lo ve consolidado. Y conoce la idea de un entrenador ambicioso ( Nico Diez) que entiende cómo aprovechar los pocos espacios que ofrece el DAM y que cuenta con recuros potenciales para lastimar: remate desde el perímetro (Lescano), desequilibrio e ingenio por las bandas (Porcel, López Muñoz), un delantero que puede destaparse en cualquier momento (Molina), una defensa rocosa y un 5 que organiza (Fattori).
El desafío puede ser una oportunidad para que este River, que cayó a la lona de cuatro piñas, se levante. El 2025 ya le pegó demasiado. Ahora queda aprender a levantarse. Y seguir. Lo dijo el deté: no hay otra opción.
Fuente: www.ole.com.ar






