Reforma laboral: el Gobierno festejó desde temprano y puso a prueba su pragmatismo y una nueva dinámica en la toma de decisiones


Desde la mañana del miércoles, la mesa política de Javier Milei se trasladó al Congreso para asegurar que no habría sobresaltos para que el Senado le diera media sanción a la reforma laboral.

Karina Milei y sus principales alfiles Martín y Eduardo “Lule” Menem y Manuel Adorni monitorearon desde el Palacio Legislativo la sesión, que Patricia Bullrich calificó como la “más trascendental” de los últimos 50 años. La jefa de bloque de senadores e integrantes de la mesa de poder libertaria condujo el debate oficialista y la interacción con los jefes de bloque cercanos a la Rosada con los que había negociado las concesiones previas y ajusto la letra chica de la ley. Su despacho se convirtió en el epicentro de las negociaciones. La falta de acuerdo pleno y seguro con la obligó a elegir por una votación por capítulo.

El ministro del Interior, que anotó los reclamos de los gobernadores de todo el arco político salvo de los opositores más duros se acomodó en la presidencia de los Diputados. Hasta último minuto negoció. El miércoles recibió a la senadora por Misiones Sonia Rojas Decut y en el Congreso hasta dijo presente un gobernador. El mandatario neuquino Rolando Figueroa, que al final colaboró para el quórum con el voto de su senadora Julieta Corroza, almorzó con Lule Menem.

Santiago Caputo, el dueño del relato, siguió el desarrollo de la sesión desde la Casa Rosada, interesado también en que se aprobara el traspaso del fuero laboral a la Ciudad al que un sector del oficialismo le puso trabas. Luis Caputo, habitual participante de la mesa chica del gabinete, ya había dado el visto bueno a todos los cambios con impacto presupuestario 24 horas antes.

El oficialismo se abrazó otra vez al pragmatismo. A diferencia del Presupuesto 2026 decidió festejar el triunfo político de ser el primer gobierno en allanar el camino hacia una reforma laboral en décadas. Difícilmente las votaciones en particular de los senadores cambien ese libreto, aunque en el oficialismo reconocían hasta el cierre de esta edición en que los números eran muy finitos.

En diciembre, una sensación de frustración embargó al oficialismo después de que la oposición más amigable con LLA volteara el capítulo 11 de la norma, que incluía la derogación de la ley de fortalecimiento universitario y de emergencia en discapacidad. Después de amenazar con no prorrogar el Presupuesto por tercer año consecutivo, el Gobierno festejó la sanción definitiva en el Senado para cerrar el año y aceptó discutir la reforma recién dos meses después.

Sacamos un Presupuesto que no nos sirve”, destacaba días atrás un integrante de la mesa política que paradójicamente mantiene un vínculo aceitado con los sindicatos. Esta vez otorgó concesiones para todas los sectores de la negociación: gobernadores, sindicatos, cámaras empresarias, bancos y gobernadores.

El pragmatismo se notó también a la hora de aceptar subir de 13 a 14 años la edad mínima de imputabilidad en la reforma penal juvenil sin disimular la marcha atrás que lo obligó a retirar la ley y volver a enviarla.

La postergación de la discusión de la ley de glaciares que el oficialismo pretendía discutir en la misma sesión de este jueves en el Senado fue otra demostración de la agenda más modesta en materia de reformas que el Gobierno privilegia en lugar de la versión más radical con la que se busca emparentar al Presidente.

En la retórica, el Gobierno mantuvo hasta último momento un perfil confrontativo. Bullrich prefirió hablar de “construcción colectiva” en lugar de concesiones y explicitó que no se habían retirado los artículos que minimizaban el poder sindical. En los hechos cedió todavía más durante el transcurso de la negociación.

El Presidente, desde Olivos, apuntó por X contra la oposición kirchnerista, que pretende judicializar la reforma. La polémica oficina de Respuesta Rápida no desmintió al Presidente cuando tergiversó la opinión de Mariano Recalde. “Esto es el kichnerismo“, ironizó el mandatario en una catarata de tuits.

También expuso los choques entre la policía y los manifestantes que rodearon el Congreso. “Son delincuentes (…) Por más bombas molotov que armen, la reforma laboral sale sí o sí. Se les acabó la joda”, escribió Santilli en X en un mensaje que el Presidente replicó. La ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva -pendiente del levantamiento policial en Santa Fe- monitoreó el operativo desde el comando único unificado. El Gobierno no está dispuesto a ceder la bandera del control de la calle que califica como un hito de la gestión. Hubo conformidad por una movilización que no tuvo la magnitud que esperaban lo sectores más duros de la oposición y los gremios.

El pragmatismo se lubricó también con las malas noticias: la aceleración de la inflación y la polémica del INDEC. La conversación digital sobre el instituto estadístico durante febrero fue la más alta de los últimos 2 años, según constató la consultora Ad-Hoc, que mide la conversación digital, el terreno más fértil de la militancia libertaria. “Inflación” es el tercer tópico más repetido en relación a Milei en febrero. Casi el 60% fueron menciones negativas. El número crece cuando se lo vincula al INDEC. No es un dato menor, porque es la principal promesa electoral del mandatario.

El Presidente, en Davos, pronosticó la muerte de Maquiavelo. Sin embargo, el oficialismo demuestra cada vez más expertise en el toma y daca de la política profesional, como lo demuestra el accionar del Gobierno, la mesa política, donde ganaron preponderancia dos dirigentes con mucho pasado como Santilli y Bullrich. Lo explicitó incluso un pura sangre libertario como Alberto “Bertie” Benegas Lynch. “Las votaciones son para ganar, no para que te llenen la cara de dedos. Lo perfecto es enemigo de lo posible. Vamos con lo óptimo y después, justamente, el Congreso tiene que ser un órgano de contralor”, sostuvo el legislador y amigo de Milei, horas antes de la votación.

Fuente: www.clarin.com

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