Eyacular 21 veces o más al mes podría prevenir el cáncer de próstata

A pesar de su alta incidencia, el tema continúa siendo un tabú para muchos varones, que postergan controles médicos o minimizan los síntomas iniciales. Los especialistas advierten que este retraso en la consulta reduce las posibilidades de un tratamiento eficaz y oportuno.
La publicación médica Harvard Health Publishing analiza la relación entre la frecuencia de la eyaculación y la incidencia de cáncer de próstata en estadios iniciales.
Según sus datos, los hombres que eyaculan aproximadamente 21 veces al mes podrían experimentar un efecto protector.
Hábitos que pueden reducir el riesgo
Si bien hay factores que no se pueden modificar —como la edad, la genética o los antecedentes familiares—, distintos estudios científicos señalan que el estilo de vida influye en la aparición del cáncer de próstata.
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Entre las conductas asociadas a una menor probabilidad de desarrollar la enfermedad se encuentran:
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Mantener una alimentación saludable, rica en frutas, verduras y grasas saludables.
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Realizar actividad física de manera regular y controlar el peso corporal.
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Evitar el consumo de tabaco.
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Sostener una vida sexual activa y saludable.
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Conocer los antecedentes familiares y consultar al médico en caso de riesgo elevado.
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Realizar controles médicos periódicos.
Eyaculación frecuente: qué dice la ciencia
Investigaciones citadas por Harvard Health Publishing analizaron durante casi dos décadas a miles de hombres y observaron que quienes reportaban una mayor frecuencia de eyaculación presentaban un riesgo menor de desarrollar cáncer de próstata en estadios iniciales.
Los especialistas explican que este hábito podría ayudar a eliminar sustancias potencialmente nocivas acumuladas en la próstata. Sin embargo, aclaran que el efecto protector se observa principalmente en tumores de bajo riesgo y no reemplaza los controles médicos ni otras medidas de prevención.
La importancia del control médico
Los profesionales de la salud remarcan que ningún hábito por sí solo garantiza la prevención total de la enfermedad. Los chequeos periódicos, como el control del antígeno prostático específico (PSA) y los exámenes clínicos, siguen siendo claves para detectar alteraciones a tiempo.
La combinación de hábitos saludables, información confiable y consultas médicas regulares es la estrategia más efectiva para cuidar la salud prostática y mejorar el pronóstico ante un eventual diagnóstico.
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