El terrible caso de Valeria Schwab y el enigma sobre quién la mato: “Éramos almas gemelas”

Valeria Schwab tenía 39 años y amaba salir a caminar por la costanera de Comodoro Rivadavia. Era fuerte y decidida. Había logrado abrirse camino en un ámbito díficil: fue una de las pocas mujeres que trabajó en la sala de control de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) hasta que la despidieron. En el deporte encontró una forma de sanar.

De un lado el mar y del otro los cerros, testigos silenciosos de sus paseos nocturnos. Cerca de las 22 del 13 de enero pasado la joven salió a hacer ejercicio y, mientras caminaba por ese lugar que sentía como su segunda casa, fue atacada por una o varias personas y asesinada. Su cuerpo fue encontrado horas después en un acantilado.

Su hermana Jessica habló con Clarín sobre el vínculo que las unía, las horas previas al crimen y el estado actual de la investigación judicial.

“Estoy llegando a Chalet Huergo”, fue el último mensaje que Valeria le envió a su novio a las 23.07. Iban a cenar juntos. Dos minutos después, la joven hizo una llamada por WhatsApp.

“Llamó a su novio. Presiento como hermana que apretó el botón de llamar cuando la agarran”, dice Jessica a Clarín, con la voz quebrada, afuera de la fiscalía de Comodoro Rivadavia.

Jessica hace una pausa. Le cuesta encontrar las palabras. “Nosotras éramos almas gemelas, éramos una. Yo sabía todo de ella. Por eso también pudimos entrar al celular de una manera rápida porque sabía sus claves”, cuenta, con lágrimas en los ojos.

Tenían un vínculo especial. Vivían una al lado de la otra y compartían todo; risas, secretos, viajes, sueños, deportes. “Sabía todo de mi hermana, con quién andaba, cómo se llevaba con el novio, quién la molestaba, quién no. Era una chica muy buena, no tenía problemas con nadie”, agrega.

En este lugar apareció el cuerpo de Valeria Schwab. Todavía la familia está a la espera de los resultados de la autopsia y de ADN. Foto: Martín Levicoy.

En la mañana de ese trágico día, Valeria había llevado al bebé de Jessica a la plaza y luego lo dejó en la casa. “Me trae al bebé y yo le digo: ‘Quedate a comer’ y ella responde: ‘No, me voy a caminar’, recuerda Jessica sobre los instantes previos a la muerte de su hermana.

La esquina donde Valeria envió su último mensaje es ahora una marca imborrable en la memoria de su hermana. Un lugar lleno de vida, transitado por deportistas, chicos en bicicletas, pero descuidado por las autoridades.

“Fue en esa esquina”, señala el camino costero, a metros de la fiscalía. “No hay cámaras, tampoco luz ni presencia policial. Valeria estaba desprotegida”, dice.

Apenas la joven de 39 años dejó de responder los mensajes, su familia y amigos empezaron a buscarla. “No alcancé a llegar porque los amigos llegaron antes y la encontraron. Nosotros salimos a buscarla desde la media hora que nos dimos cuenta que ya no contestaba”, relata Jessica.

Y agrega: “Yo voy a un área, no sé si ella me habrá querido cuidar o algo para que yo no la encuentre. No lo voy a saber nunca. Bajo una escalera y me meto por las piedras sola en la oscuridad”.

Los amigos arriesgaron sus vidas al caminar por los barrancos. Primero, encontraron su zapatilla a las tres de la mañana y a los pocos metros estaba su cuerpo. Más tarde, la policía localizó el celular de Valeria a 200 metros del lugar donde fue encontrada.

“El deporte no mata, sana”

“Era una chica fuerte, con gran estado físico. Una chica que se podría haber defendido, pero en esa zona no había luz, no había nadie. Era la boca del lobo”, describe su hermana.

“Gracias al deporte te puedo asegurar que ella encontró su pasión que era levantar pesas", confiesa Jessica Schwab sobre su hermana.

Jessica cuenta que su mamá está devastada: “Teníamos muchos planes a futuro. Nos íbamos a ir juntas de viaje, éramos muy unidas”.

El parecido físico entre las hermanas es evidente, incluso hasta en el tono de voz. En muchas ocasiones, los vecinos y amigos las confundían. “Cuando atendía un teléfono, mucha gente pensaba que era yo y era ella. Los amigos me llaman ahora y me dicen que no pueden creer lo igual que hablamos”.

Las últimas palabras que Valeria le dijo a su hermana aquel martes siguen ahí, en la mente de Jessica y se mezclan con el sin fin de charlas que tuvieron. “Capaz me dijo: ‘dejame de joder con la bici’, porque todo el tiempo le decía cosas de la bici y ella me cargaba. Yo la cargaba con el gimnasio”, recuerda entre risas.

El deporte fue algo más que las unió. “El amor por el deporte creo que fue más una cuestión de salud mental, nos refugiamos las dos en eso y salimos adelante”, confiesa.

Y agrega: “Gracias al deporte te puedo asegurar que ella encontró su pasión que era levantar pesas y yo encontré el mío que es el ciclismo. La estaba sacando adelante de todos sus problemas”.

Valeria estudió en la escuela del petróleo. Trabajó en YPF, siendo una de las pocas mujeres en la sala de control, pero la desvincularon.

Jessica siente la necesidad de responder a ciertas críticas por la decisión de su hermana de hacer ejercicio durante la noche: “El deporte sana, no mata”.

Cómo sigue la investigación

La tristeza se mezcla de forma inevitable con la necesidad de justicia. Jessica, junto a su abogado Mauro Fonteñez, se presentó en la Justicia para asegurar que se respeten los derechos de Valeria y su familia.

Jessica Schwab habló con Clarín en la puerta de fiscalia de Comodoro Rivadavia. Foto: Martín Levicoy.

El abogado explica que buscaran “controlar la legalidad del proceso” y colaborar con la fiscalia para que el caso se resuelva.

“Como operador del sistema considero importante creer en las instituciones”, dice Fonteñez. Y agrega que los resultados de la autopsia y la prueba de ADN serán cruciales para avanzar en la investigación.

El certificado de defunción de Valeria Schwab dice que murió por asfixia. Es lo único que le confirmaron a Jessica sobre la muerte de su hermana hasta el momento.

“Hay indicios de sospechosos, pero no se pueden difundir para no entorpecer la investigación. Lo que si es determinante es la prueba de ADN de las uñas a los fines de determinar la autoría y la colaboración de otros autores”, señala el penalista.

A pocos días del crimen de Valeria, circuló la información que indicaba que uno de los sospechosos del asesinato había sido hallado muerto en una casa donde trabajaba como albañil. Según trascendió, el hombre presentaba rasguños en la cara.

Frente a estas versiones, el abogado aclaró que “todavía lo sigue evaluando la Fiscalía” y reitera que prefiere no brindar precisiones al respecto para no entorpecer la investigación.

Por su parte, Jessica niega cualquier vínculo de su hermana con este hombre y pide que “que no se inventen cosas”, ya que, según ella, “se está dando información que no es la correcta.

Multitudinaria marcha de antorchas en Comodoro Rivadavia, para exigir justicia por Valeria Schwab, víctima de femicidio, y Diego Serón, el joven hallado sin vida tras diez días desaparecido.

El martes 20 de enero, más de 3.500 personas se movilizaron por Comodoro para pedir justicia y decir basta a la impunidad. Las calles de la ciudad se iluminaron con la luz de las velas que llevaba cada manifestante. Entre ellos estaban los familiares de personas desaparecidas, como las hijas de Juana Morales.

Jessica remarca la importancia de que la sociedad se involucre. “A raíz de la movilización aparecieron muchos más testigos. Es clave que la gente se anime a testificar, porque todo suma”.

Pero cuando se le pregunta por los graves hechos que sacuden a Comodoro Rivadavia –la desaparición de dos jubilados hace más de tres meses y los recientes asesinatos de Diego Serón y su hermana– no encuentra explicación, solo desconcierto.

“La verdad que trato de encontrar respuestas. Me pongo a pensar; ¿Qué pasó acá? ¿Por qué se dieron las cosas así?, cierra.

Comodoro Rivadavia. Enviada especial

Fuente: www.clarin.com

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