Sebastián De Caro:“Sentí que era el momento de devolver todo lo aprendido”


Sebastián De Caro es una figura difícil de encasillar porque nunca aceptó quedarse quieto. Es el Correcaminos y Coyote al mismo tiempo: inalcanzable y romántico, popular y desesperado. Y nada de eso implica una lectura negativa. De Caro es actor, guionista, director, escritor, conductor, columnista y ensayista pop, su recorrido atraviesa la televisión masiva de los 90, el cine independiente, el streaming, la radio y la literatura, siempre con una misma obsesión, o iluminación urgente: ser testigo, artífice, Godzilla y arqueólogo de cómo se construyen los relatos culturales y principalmente cómo esos relatos moldean la manera en que miramos, deseamos y habitamos el mundo. A diferencia de otros nombres de su generación, De Caro nunca se acomodó en un solo territorio ni se refugió en una identidad estable: eligió el movimiento, la deriva y la mezcla como método. Vive en el streaming, vive en sus libros, vive en sus reflexiones. La Argentina no tiene un pensador de la cultura popular como Sebastián de Caro. Desde Montaña Rusa –emblema de una televisión que todavía creía en la ficción cotidiana– hasta Todos contra Juan, proyecto adelantado a su época que hoy funciona como archivo profético del ego, el cinismo y la cultura del yo, desde películas propias como 20 mil besos o Matrimillas hasta su presente en Luna de Papel, su nuevo proyecto, De Caro construyó una figura singular en la cultura argentina: la del divulgador pop que no explica desde arriba ni ironiza desde la distancia, sino que conecta. Un narrador capaz de enlazar un tanque televisivo con Hijitus, Sandro, el tenis, la ciencia ficción, el cómic o la música popular sin jerarquías ni solemnidad, entendiendo que la cultura no es un museo sino un sistema vivo de asociaciones, que la cultura poco tiene que ver con Likes aunque ese sea el método de divulgación.

En un ecosistema mediático dominado por el comentario rápido, la opinión urgente y la lógica del algoritmo, De Caro insiste en otra temporalidad: la de la observación, la anécdota, el paseo y la pregunta abierta. Sus libros –entre ellos La mentira más hermosa y La flor más falsa del mundo– ya habían formulado una preocupación central de su pensamiento: la idea de que los seres humanos empezamos a comportarnos como algoritmos, perdiendo escucha, sorpresa y humanidad. Esa inquietud, lejos de agotarse en el ensayo, encuentra ahora una forma narrativa nueva, una respuesta reactiva a la modernidad que termina, paradojicamente, siendo más moderna que los nuevos medios, esos que repiten –como se repite la comida– modos viejos, noticias viejas, romances viejos y fanatismos viejos con caras nuevas..

Ese recorrido múltiple de De Caro y ese pensamiento en movimiento confluyen hoy en Luna de Papel, un proyecto que propone salir del estudio, caminar la Ciudad y volver a mirar Buenos Aires como si fuera una novela de aventuras. Un gesto contracultural en tiempos de encierro digital: volver a la calle, a la historia mínima, a los objetos, a los lugares y a las capas invisibles que todavía laten bajo la superficie de lo cotidiano.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

—A lo largo de tu carrera fuiste actor, director, escritor, conductor y narrador de obsesiones culturales. Y lo seguís siendo. Entonces, ¿en qué punto personal aparece Mítico! y por qué sentiste que este proyecto pedía salir del estudio y del streaming tradicional para ir a caminar la Ciudad?, ¿implica una lectura de la realidad de nuestros medios o está más cerca de otras creaciones tuyas, más lúdicas?

—Mítico! como canal y Luna de Papel (canal y programa) son espacios totalmente inéditos para mí, esto se debe a con quienes encaré el proyecto: la gente de Rivera, Inlimbo y Lucho Leyrado. Fue como juntar todo lo de muchos años y tirar con todo. Notas, crónicas, ideas y sobre todo poder contar todo ese mundo de fascinaciones que van desde un tanque a Hijitus pasando por el tenis.

La ciudad como relato. Luna de Papel propone algo poco habitual en el ecosistema digital: suspender la urgencia del scroll y reemplazarla por deriva, capas de sentido y tiempo narrativo. Convertir Buenos Aires en una Ciudad para explorar y no simplemente para consumir. En lugar de explicar, señala; en lugar de cerrar, abre; en lugar de ordenar, invita a perderse. La Ciudad aparece como un palimpsesto de historias, donde cada esquina guarda un relato posible y cada anécdota es la puerta de entrada a otra.

—“Luna de Papel” propone convertir Buenos Aires en una especie de Londres del siglo XIX, con historias dentro de historias, lejos del minuto de reel. ¿Cómo nació esa idea de “cajas chinas” y qué querías contar?

—Quiero que la gente que nos vea quiera salir de la casa a la aventura y sentir que navegar en la lancha de “Muchacho” de Sandro o visitar Villa Ocampo pueden ser nuestro Indiana Jones y los cazadores del arca perdida.

—Después de experiencias tan distintas, ¿sentís que Mítico! es el proyecto que más se parece a tu cabeza funcionando en libertad?

—Cumplí 50 y dije: “llegó la hora de devolver”. Mientras te contesto esto estoy terminando una novela para Planeta en la colección Minotauro (un sueño hecho realidad). La novela es ciencia ficción, desde ya, y ese proceso de escritura hace meses me conectó con poder entregar de manera bien directa toda esa ruta de vehículos pop que rigen todo para mí.

Pensar el pasado desde el presente. En sus libros, De Caro explora una preocupación que atraviesa también Luna de Papel: la sensación de que los seres humanos ya actuamos como algoritmos, repitiendo patrones, respondiendo estímulos, perdiendo la capacidad de escuchar, de sorprendernos y de demorarnos. Frente a eso, su propuesta no es nostálgica, sino activa: recuperar lo táctil, lo errante, lo imperfecto, y traducirlo al presente sin museificarlo.

—Decís que el canal es una carta de amor al siglo XX escrita desde el siglo XXI. ¿Qué del pasado te sigue pareciendo imprescindible y qué del presente te obliga a narrar distinto?

—Del pasado lo táctil, ver cómo hacemos para que el perfume de un vinilo o una revista vieja se traduzcan. Y el mundo actual nos obliga a un ritmo estético, en la medida de lo posible, que sorprenda.

Un proyecto colectivo. Lejos de la figura del autor solitario, Mítico! y Luna de Papel se construyen como un proyecto colectivo, donde las ideas se discuten, se prueban y se afinan en grupo. Esa lógica dialoga con una tradición cultural que entiende la creación como conversación y no como gesto individual.

—Dijiste que el proyecto está hecho junto a Rivera, Inlimbo y Lucho Leyrado. ¿Qué tiene de colectivo este nuevo comienzo y cuáles son los próximos pasos?

—La conquista de la galaxia.

—En “Luna de Papel” conviven literatura, industria, música y cine sin jerarquías, como rincones y no como altares. ¿Cómo se arma esa curaduría emocional?

—Charlamos mucho, mucho. La mayoría de los del equipo son músicos, gente muy acostumbrada a sintetizar todo en notas, en lenguaje, en sensaciones. Son la mejor y más creativa compañía posible.

Suspender la lógica del like. Uno de los gestos más claros del proyecto es el pedido explícito de suspender la reacción automática: mirar sin pensar de inmediato si hay que likear, comentar o compartir. En un ecosistema donde incluso la rebeldía suele estar coreografiada, esa suspensión funciona como una pequeña insubordinación cultural.

—Pedís de entrada suspender ese lenguaje inmediato de ver algo pensando si hay que likear o comentar. ¿Qué implica ese pedido hoy?

—Es la manera, en el siglo XXI, de decir “Síganme los buenos”.

—Si pensás en tu recorrido completo, ¿qué te gustaría que descubra alguien que entra por primera vez a “Luna de Papel”?

—Me gustaría que sea lo primero que haga mi dark knight versión. O sea, un tipo de 50, empezando la otra mitad con menos prisa y más precisión.



Fuente: www.perfil.com

Artículos Relacionados

Volver al botón superior