Hizo historia: Michaela Benthaus, la ingeniera de 33 años que se convertió en la primera persona en silla de ruedas en viajar al espacio


A lo largo de los años, miles de misiones espaciales marcaron hitos y cientos de astronautas quedaron registrados en los libros de astronomía. Sin embargo, recién en 2025 una persona con silla de ruedas formó parte, por primera vez, de un viaje al espacio.

Su nombre es Michaela Benthaus, es una ingeniera alemana de 33 años, y el pasado 20 de diciembre hizo historia al formar parte de la misión NS-37, que despegó desde el sitio de lanzamiento de Blue Origin —la empresa aeroespacial financiada por Jeff Bezos— en West Texas, Estados Unidos, a bordo del cohete New Shepard.

Su nombre quedó ligado a un viaje espacial que no sólo atravesó la atmósfera, sino que también desafió los límites tradicionales de quiénes pueden ocupar un asiento rumbo al cosmos.

En un vuelo suborbital de poco más de diez minutos, la cápsula cruzó la línea de Kármán, considerada el límite entre la atmósfera terrestre y el espacio exterior que se encuentra a 100 kilómetros sobre el nivel del mar.

Siempre quise ir al espacio, pero nunca lo consideré algo que realmente pudiera hacer”, declaró Benthaus a CNN antes del vuelo que se convirtió en un sueño cumplido.

Para Michaela, ese viaje fue mucho más que un logro personal. Fue un acontecimiento satisfactorio luego de años de trabajo, preparación y resistencia frente a circunstancias que podrían haber detenido a cualquier otra persona.

A los 26 años, un tiempo antes de este hito histórico, ella sufrió un accidente de bicicleta de montaña que le provocó una lesión medular y la dejó con paraplejia, dependiente de una silla de ruedas para moverse.

A pesar de que ese golpe cambió su vida, fue también el impulso que la llevó a hacer todo lo posible por conseguir un asiento en una cápsula New Shepard.

Cuenta que durante la recuperación, centró sus energías en los desafíos de ingeniería e investigación que podía abordar utilizando una silla de ruedas para su movilidad.

Fue su formación como ingeniera en mecánica y aeroespacial lo que la llevó a integrarse al programa de graduados de la Agencia Espacial Europea, donde continuó su carrera profesional y participó en actividades relacionadas con vuelos de gravedad cero y simulaciones de misiones espaciales.

El viaje de Michaela al espacio requirió meses de entrenamiento especializado y adaptaciones para asegurar su seguridad y comodidad en la nave.

Bajo el lema “el espacio es para todos“, Blue Origin realizó modificaciones específicas dentro de la cápsula, como la incorporación de una tabla de transferencia para que pudiera moverse de su silla al asiento y sistemas para asegurar su posición durante la ingravidez

“El New Shepard se diseñó teniendo en cuenta la accesibilidad. El vehículo es autónomo y cuenta con ascensor en la torre de lanzamiento, lo que facilita el acceso a los vuelos espaciales a un mayor número de personas”, explicó la empresa de transporte espacial.

Además, Hans Koenigsmann, uno de los cinco compañeros que viajó con ella, había recibido capacitación para brindarle asistencia en caso de ser necesario.

Sus colegas describieron que, durante el despegue y la llegada a la atmósfera, la joven ingeniera se rió e incluso intentó ponerse cabeza abajo en la cápsula para sentir mejor la ingravidez, mientras la imagen de la Tierra girando bajo sus pies se quedaba grabada en su memoria.

Al finalizar el vuelo, Michaela afirmó que “Uno nunca debe renunciar a sus sueños”, recordando a quienes enfrentan barreras físicas y sociales que lo aparentemente inalcanzable puede convertirse en realidad cuando se trabaja con determinación.

Más allá de la hazaña personal, Benthaus se propone que su viaje sea un punto de partida para que “más personas con diversidad funcional puedan imaginarse participando en la exploración espacial y en otras esferas antes cerradas para muchos”.

Fuente: www.clarin.com

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