Dorando Pietri, el corredor que llegó primero pero no ganó

Nació y murió en su amada Italia, la tierra que había forjado su carácter disciplinado entre trabajo y deporte. Dorando Pietri se convirtió en un símbolo del no aflojar, pasando a la vez por lo menos deseado, como es ser retirado de la pista en camilla.
El momento que lo convirtió en una leyenda olímpica ocurrió en el Reino Unido. Miles de ojos se posaron sobre el joven de apenas 22 años en la maratón de Londres de 1908. Esperaban, no sin gritos y emoción, la llegada de ese muchacho bajo de altura, aunque de una resistencia envidiable.
Aquellos Juegos Olímpicos iban a realizarse en Roma. Sin embargo, la erupción del Monte Vesubio dos años antes hizo que la laboriosa organización pasara a ser responsabilidad británica.
La vida de Pietri, entre la pastelería y el deporte
El 16 de octubre de 1885, Dorando Pietri nació en el municipio de Correggio, para luego ser criado en la ciudad de Carpi. Si bien trabajó en una fábrica, fue la profesión de pastelero la que lo mantuvo ocupado hasta sus inicios en el deporte profesional.
Empezó a tomarse en serio la exigente disciplina física cuatro años antes del gran evento, cuando vio pasar una carrera por Carpi. Se envalentonó y, con su ropa de trabajo puesta, empezó a correr por detrás de Pericle Pagliani, el corredor más famoso en la Italia de comienzos del siglo XX.
Días después, tuvo su debut en la ciudad de Bolonia, donde quedó segundo en una competencia de 3.000 metros. Desde entonces comenzaron los éxitos: los 30 kilómetros en París (1905) -en el que Dorando aventajó por seis minutos a su oponente- y la victoria en la maratón clasificatoria para los Juegos Olímpicos intercalados de 1906.
Aquella fue una edición especial de los JJ.OO. celebrada en Atenas. Tal evento -que existió por única vez ante la imposibilidad de Grecia de continuarlo- tuvo el fin de revitalizar estas competencias ante la desorganización y el caos en las ediciones de Paris 1900 y St. Louis 1904.
Sin embargo, ante su discontinuidad, los resultados de los Intercalados no fueron reconocidos por el Comité Olímpico Internacional (COI). Decisión que de todos modos no perjudicó al atleta italiano.
Por más que en la clasificatoria logró un tiempo de 2 horas y 48 minutos (según destacó la página del club Podistica Torino), Pietri no pudo replicar el triunfo. En la capital griega se retiró en el kilómetro 24 por problemas intestinales.
La orden real que llevó a los metros de más
En esta historia también se encuentra la respuesta al por qué las maratones tienen una distancia de 42 kilómetros y 195 metros.
Olimpíadas de 1908 en Londres. Foto: ArchivoSe le sumaron estos metros a los 42 kilómetros que, según la leyenda, corrió el soldado griego Filípides desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria sobre los persas en el año 490 a.C.
En realidad, el plan original contempló 41.843 metros, con el comienzo del recorrido en el Castillo de Windsor, en el condado de Berkshire, al sudeste de Inglaterra. El final estaba en el Estadio de White City, construido para dicho evento. Pero se agregaron unas cuadras más para así situar la meta frente al palco real.
Ese cambio –reconocido oficialmente en 1921– llevó a que por primera vez en la historia la maratón fuera de 42 kilómetros y 195 metros.
En los diarios de la época se utilizó la modificación para promocionar aun más el acontecimiento deportivo, el cual forma parte de las disciplinas olímpicas desde 1896. Entre ellos el Daily Mail, que dio a conocer la maratón de Londres como “la carrera de larga distancia más grande jamás celebrada”.
Además de los 2.000 policías reclutados y el apabullante público, estuvo presente un distinguido escritor que dejó la escena en palabras.
La ayuda que derivó en la descalificación
Entre el calor de aquel 24 de julio, dieciséis naciones estaban representadas en el punto de largada. De los 55 competidores iniciales, fueron 27 los que llegaron a lograr la hazaña deportiva.
Dorando Pietri fue el primero en llegar, pero luego de haberse caído cinco veces. La exasperación del público aumentó al ver que al fondista le faltaban 300 metros para consagrarse campeón. Ya había pasado la entrada del estadio, pero su fatiga lo hizo ir directamente al suelo.
Los jueces lo ayudaron a levantarse y cruzar la meta. Inmediatamente después quedó inconsciente y lo tuvieron que sacar con una camilla.
En la foto donde se lo ve con el listón de llegada casi en el pecho, hay un hombre al que se adjudicó erróneamente ser el célebre escritor Arthur Conan Doyle.
El creador de Sherlock Holmes sí estuvo presente, pero con motivo de una cobertura periodística para el Daily Mail. “¿Es posible que justo ahora, en este último momento, se le escape el premio de entre los dedos?”, se preguntó en su crónica.
Conan Doyle detalló cómo las “manos amigas” motivaron al italiano a levantarse. Aunque ellas fueron justamente el motivo de su descalificación. De todos modos, Pietri no fue el único extenuado.
“Gradualmente, los corredores fueron colapsando (en el trayecto). Pietri no era el favorito, sino los estadounidenses”, contó la autora británica Janie Hampton a la BBC. Y en sintonía con las apuestas, la medalla de oro se la llevó John Hayes, el norteamericano que venía detrás del joven de los dulces.
Igualmente, Pietri fue honrado por la propia Alejandra de Dinamarca. La reina consorte británica le entregó una copa de plata, equivalente a la que recibió el ganador.
La reina consorte le entregó de todos modos un premio a Pietri. Foto: ArchivoAnte lo insólito de la situación, no había tiempo para hacerle un grabado al trofeo, por lo que la esposa del rey Eduardo VII le entregó una nota en la que lo destacó como un hombre valiente y maravilloso.
La revancha contra Hayes y la última maratón en Buenos Aires
A fines de ese mismo año, se recreó en Estados Unidos la competición entre Pietri y Hayes. El 25 de noviembre, en el Madison Square Garden de Nueva York, 20.000 espectadores vieron al italiano vencer.
Fue luego de haber replicado la distancia de la maratón dentro del estadio, y de que ambos atletas estuvieran igualados la mayor parte de la carrera. Esta vez, Pietri había ganado en buena ley, con un tiempo de 2 horas 44 minutos.
Era tan elevado el interés del público neoyorquino –integrado por la numerosa comunidad italiana- que tres semanas después Pietri volvió a competir en el mismo lugar, aunque con otro oponente: el famoso corredor canadiense Tom Longboat.
El número de personas expectantes fuera del recinto aumentó, y las apuestas se inclinaron a favor de Longboat, contó el New York Times en su artículo The first case of marathon fever.
El canadiense de origen indígena, que no estaba acostumbrado a las pistas cubiertas, terminó ganando. Por su parte, Pietri recordó lo duro del esfuerzo físico. Colapsó a pocas vueltas del final y se fue de la pista en camilla, como ya le había pasado del otro lado del Atlántico.
Pietri corrió su última maratón en Buenos Aires, vestido con una camiseta blanca que llevaba la bandera italiana bordada en su pecho.
En la capital de Argentina, el 24 de mayo de 1910 se celebró la “maratón del Centenario”, en referencia a los cien años desde la Revolución nacional en el país sudamericano.
En tal escenario festivo, el italiano logró su mejor marca personal, la cual fue de 2:38:48.2 segundos. Por detrás suyo llegaron el español Antonio Creuz y el argentino Aníbal Carro.
Su carrera deportiva finalizó un día antes de cumplir los 26 años, tras la victoria en una carrera de Gotemburgo, Suecia, en octubre de 1911. Un mes antes se había despedido en la ciudad italiana Parma, donde no le costó ser el primero en llegar en un trayecto de 15 kilómetros.
Junto a su hermano se dedicó a manejar un hotel, pero su habilidad en los negocios no gozó de la misma fortuna. Luego de la quiebra, se trasladó a San Remo, una ciudad costera al noroeste de la península itálica. Allí trabajó en un taller hasta su muerte en 1942, causada por un infarto a los 57 años.
Sobre el “héroe italiano” de 1.59 metros de altura se hizo una miniserie, Il sogno del maratoneta (2012), ficción basada en la novela homónima del escritor Giuseppe Pederiali.
Fuente: www.clarin.com



