Brutal asalto a turistas en Mar del Plata: se llevan su camioneta con media familia en la casa rodante y abandonan a dos nenes en la ruta

Pensó que sus hijos mayores, de 8 y 11 años, habían soltado sin querer el freno de mano de la camioneta y que por eso el vehículo comenzaba a moverse. No los veía, porque él estaba atrás, en la casilla rodante con su esposa y sus otros dos chiquitos, que tienen 7 y 2 años. Recién llegaban a Mar del Plata desde San Rafael, Mendoza, para concretar “el viaje soñado”.

Pronto, corrió para ajustar el freno. Había estacionado al costado de la ruta y lo que ocurría, la camioneta y la casilla avanzando solas, era un peligro. Pero al acercarse, aun en la oscuridad de la noche, descubrió que el motivo era otro: alguien estaba al volante, llevándoselos.

Los ladrones eran tres. Aceleraron y el hombre, sin saber dónde estaban Maro y Miro, los chicos más grandes, corrió detrás de la camioneta. “Alcancé a subirme al enganche del camper y como puede a la caja. Empecé a pegarle al techo, al vidrio del lado izquierdo, y de pronto se abrió la ventanilla que está al medio de la luneta y me mostraron un arma: ‘Te largas o te quemo, te largas o te quemo’, me gritaba uno”, contó a Clarín Jesús David Matmud (44), el turista mendocino asaltado en el ingreso a la ciudad.

La familia mendocina y su remolque, tras el asalto

Hace un relato cronológico del robo, pero divide la secuencia en escenas, como en una película, porque al tiempo que él era amenazado en la caja de la camioneta, ya circulando a velocidad, su mujer, Rocío y los otros dos chiquitos, Luna y Mirco, habían quedado en la casilla rodante, con la puerta abierta, y los otros dos nenes, Maro y Miro, solos, al costado de la ruta 226 a la intemperie, en plena noche.

“Como animales, como si llevaran a tres perros colgados para hacerlos sufrir, así iba mi familia atrás. Un robo animal, pero fue más que un robo. Fue un hurto, un intento de secuestro, un intento de homicidio. Una locura lo que vivimos”, explica Jesús, comerciante dedicado al calzado en San Rafael. “Todo el año ahorrando, haciendo un esfuerzo, para que en dos minutos…”, dice con bronca.

Eran casi las once de la noche del lunes cuando la familia, a poco de llegar, decidió detenerse para bañarse. Se detuvieron en una estación de servicio Axion, en el kilómetro 7 de la ruta 226, la que une Mar del Plata con Sierra de los Padres. Habían salido de San Rafael a las tres de la tarde del domingo, unas 30 horas después, con paradas y descanso incluidos, llegaban a destino.

Pero en la Axion no pudieron usar los sanitarios. Por eso, cuenta Matmud a este diario, condujo un poco más y se detuvo al costado de la ruta, que a esa altura tiene banquina asfaltada. Unos 500 metros adelante comienza la zona urbana, con el barrio La Herradura.

La camioneta apareció 24 horas después del robo en otro barrio de Mar del Plata.

“Salimos de la camioneta y fuimos a la casilla rodante para bañarnos. En la camioneta estaba todo, las llaves, los teléfonos en el asiento y plata en la guantera. Por eso, cuando vimos pasar a tres chicos caminando hacia la estación de servicio, los mandé a Maro y a Miro para que vieran qué pasaba. Nosotros nos quedamos bañando a los más chiquitos, y de pronto se empezó a mover. Pensé que sin querer habían soltado el freno de mano y salté”, narró.

“Aceleran con todo”, describe: “Corro, me subo arrastrando al enganche de la casilla y logro rasguñar y trepar a la caja, les gritaba, pedía auxilio, y me ponen el arma en la panza”.

Alojado en la casa de un amigo, todavía en Mar del Plata, aunque no sabe cuánto tiempo más se quedará (el plan inicial era venir a pasar dos semanas de vacaciones), Matmud dice que lo único que les pedía a los delincuentes era que frenaran porque su familia estaba atrás, y que le dieran su teléfono. “Tenés la plata en la guantera, dame el teléfono asi llamó a parientes para que me manden plata para volverme. Llevate todo, flaco”, recuerda que negoció.

Todo en movimiento. Un colectivero advirtió lo que ocurría e intentó bloquear el paso cruzándoles el ómnibus, pero los ladrones lo esquivaron mordiendo el cordón de la vereda, ya en la zona urbanizada, y en ese maniobra abollaron a un auto. De pronto doblaron para meterse en el barrio “en una calle oscura”.

“Por favor, dejame bajar a mi familia”, les gritaba. Su esposa y los dos chiquitos venían con la puerta de la casilla rodante abierta, hasta que el delincuente al volante frenó. Contó que el ladrón que iba en el asiento del acompañante bajó y escapó a pie, que solo quedaron dos.

“Mi mujer baja, no entendía qué pasaba, bajo a Mirko y a Luna y ellos salen de vuelta, corriendo subo, y nos llevan arrastrando como 70 metros. Se suelta primero mi mujer y me suelto también yo, porque me decía que me iba a meter un tiro en las piernas”.

Le dejaron el teléfono. Mandó a su amigo en Mar del Plata la ubicación y pensaba en los otros dos nenes, que “habían quedado 4 ó 5 kilómetros atrás, tienen 8 y 11 años, solos en la ruta, les podía pasar cualquier cosa, los podía haber atropellado un auto o alguien s se los pudo haber llevado”, y algo así pensó en ese momento, porque cuando regresaron al lugar donde habían quedado, donde empezó la pesadilla, los nenes no estaban.

“Era gritar, llorar, una desesperación -narra aun en shock Matmud-. Por suerte los encontró mi amigo”, habían caminado unos trescientos metros desde donde habían quedado. Dos horas y media después, dice, apareció la camioneta en un descampado del barrio Hipódromo. Interviene la fiscal Lorena Yrigoyen. Los delincuentes aun no fueron localizados.

Habían viajado otros años a Mar del Plata, con casilla rodante la primera vez, la habían comprado especialmente para estas vacaciones. “El viaje soñado, no lo puedo creer”, lamenta el hombre, y dice que no sabe cuánto tiempo se quedarán en la ciudad. Tenemos que arreglar la camioneta, el enganche, lo que rompieron, y nos dejaron sin nada, con lo puesto. “Ya nos queremos volver. Los chicos no paran de llorar, quieren irse a casa”.

Fuente: www.clarin.com

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