empezó en un crucero y terminó frente a las tumbas de soldados argentinos

Lo que para muchos es un sueño lejano, para María Rosa Poma, una vecina de San Salvador de Jujuy, se volvió realidad hace muy poco tiempo. Logró pisar las Islas Malvinas por primera vez. El viaje llegó como un regalo de su hija, que vive en Estados Unidos, y que la invitó a subir a un crucero que partió desde Buenos Aires con destino final en Ushuaia, pasando por Montevideo, Puerto Madryn, Punta Arenas, Malvinas y la Antártida.
Llegar a las islas no fue sencillo. “Éramos tres mil quinientos pasajeros, así que para desembarcar tuvimos que hacer cola desde la una de la mañana. Solo entran 150 personas por bote y todos querían ser los primeros”, relató María Rosa.
El desembarco fue a través de botes menores y, ya en tierra, un grupo de residentes ofreció recorridos turísticos. “Nos subimos a una trafic y empezamos a conocer las islas”, contó Poma.
La experiencia en las Islas Malvinas: costumbres británicas y una vida entre dos mundos
El paso por la ciudad dejó una impresión fuerte, había carteles en inglés, colectivos rojos de dos pisos, manejo del lado inverso y costumbres británicas. Pero lo que más impactó a la jujeña fue el diálogo con quienes viven allí. “Los hijos de los chilenos que ya nacieron en Malvinas son ingleses. Si quieren estudiar en la universidad, tienen que ir a Inglaterra”, explicó.
El sistema de salud también sorprendió. Según les explicaron, para casos simples hay un centro médico local, pero si la situación es compleja, el traslado se hace a Punta Arenas, Montevideo y recién después a Inglaterra. Argentina no entra en la cadena de derivaciones.
Darwin: silencio, respeto y tumbas sin nombre
El momento más fuerte del viaje fue en el cementerio de Darwin, donde descansan soldados argentinos caídos en la guerra de 1982. “La guía nos dijo: ‘sabemos que esto es muy importante para ustedes’ y nos dejaron tiempo para recorrer en silencio”, contó. Allí, apareció una postal que Poma no olvidará: las cruces blancas que dicen “Soldado argentino solo conocido por Dios”. “Es impresionante”, resumió.
Antes de volver al barco, compró un imán de recuerdo. En Malvinas decía “Falkland Islands”. En Ushuaia compró otro que decía “Las Malvinas son argentinas”. Y se llevó los dos. “Por supuesto que me quedo con el segundo”.
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Fuente: www.todojujuy.com




