Jesús Rodríguez: “El alineamiento automático de esta administración con los EE.UU. es perjudicial para la Argentina”

-¿Encuentra puntos de comparación entre la caída de Maduro y la de Leopoldo Galtieri y la posterior transición de la Argentina en los años ’80?
-Primero tratemos de caracterizar frente a qué estamos tras la primera acción militar directa de los Estados Unidos en Sudamérica por más de un siglo, en un país, Venezuela, que está gobernado desde hace 26 años por el régimen bolivariano. Vos hablás de transición, pero todas las transiciones tienen un dato incierto, y es el de cuál será el resultado. Y eso vale para lo que sucedió en Argentina y en el resto de los países de América del Sur después del ’83. Vale para lo que sucedió después de la implosión de la Unión Soviética. Lo que determina la probabilidad de un resultado más o menos previsible es la existencia o no de procedimientos claros para esa transición. Si hay algo que caracteriza esta situación en Venezuela, es la incertidumbre de los procedimientos de esa transición. El ejemplo paradigmático de transiciones con procedimientos muy claros y precisos es Chile. La Constitución de Pinochet determinaba cómo iba a producirse esa transición. No estaba claro si Pinochet iba a aceptar el resultado. Y la acción de los Estados Unidos, y de los oficiales de la Junta Militar chilena, impidió que Pinochet ignorara el resultado del plebiscito de 1988.
-Hablemos de esa incertidumbre y de los procedimientos…
-Hoy tenemos una situación donde, Maduro no está más, pero el régimen sigue intocable. Pero el juicio a Maduro y su esposa incluye, y valen las mismas razones para Diosdado Cabello, que sigue como responsable del Ministerio del Interior. Entonces, las mismas razones que llevaron a la detención, a la captura y al traslado de Maduro valen para el señor Diosdado Cabello, que sigue estando en la cúspide del poder del régimen en Venezuela hoy.
-¿Eso en qué se traduce?
-Se traduce en que no sabemos cómo se desarrollan los acontecimientos. Hay pasos que se están dando, como la liberación de algunos presos. Pero está claro de que estamos ante una situación de una alta conflictividad que está a la vuelta de la esquina. Los colectivos chavistas. Las acciones del Tren de Aragua y las facciones del ELN y las FARC colombianas que están desplegadas en el territorio venezolano. Las eventuales nuevas acciones militares…
-No me ha dicho si encuentra o no puntos de comparación con la transición argentina
-Es que todavía no sé si es una transición. Casi te diría que estamos frente a una reconfiguración del régimen.
-¿Qué análisis hace de la intervención de Trump que divide aguas, pero que goza de simpatía en la opinión pública y de los venezolanos por el nivel de crueldad de la dictadura de Maduro?
-A mí me resultan absolutamente comprensibles las múltiples e innumerables razones de los venezolanos. Dos de cada tres votaron en Venezuela y les robaron la elección, como para ponerse contentos frente a la captura de Maduro. Son más que comprensibles y reconocibles las innumerables razones para comprender el júbilo de los ocho millones de venezolanos que están fuera del país expulsados por América. Así que eso no admite ningún tipo de cuestionamiento, pero al mismo tiempo que digo eso, digo que es imposible encontrar una razón justificada para entender o para comprender o para validar la acción militar directa de los Estados Unidos. Está claramente en contra del artículo segundo de la Carta de las Naciones Unidas. Entonces, los riesgos de esa lógica deben estar contemplados en el análisis que se haga.
-Podemos ampliar este concepto…
-Es complicado. Y también hay que decir. en relación a esa acción militar, que sabemos y escuchamos y leímos tantas veces sobre la presencia cubana en Venezuela… El secretario de Estado, Rubio hizo un statement a la salida de un encuentro con el liderazgo político en el Congreso en el que habló de tres etapas o fases para Venezuela (estabilización, recuperación y transición). Yo llamo la atención de que esa lógica imperó cuando implosionó la Unión Soviética. Y en Rusia lo que sucedió con esa secuencia conceptual de mercado y luego las instituciones fue la aparición de los oligarcas rusos que sembraron una situación de una economía de violencia. Los riesgos de esa lógica creo que deben estar considerados en el análisis que se haga.
-¿Y ustedes con qué problemas se encontraron en la transición argentina en los ’80?
-La transición en Argentina en el año 83 era la de un país con condición de paria en el concierto internacional. Había sido derrotado en una guerra con una potencia de la OTAN, en Malvinas. Había oficiales que entrenaban fuerzas irregulares en Centroamérica. Había un país que desconocía un laudo arbitral con su país limítrofe, Chile. Estaban las consecuencias y las repercusiones del terrorismo de Estado y la represión ilegal. Era un país que necesitaba esencialmente recuperar prestigio y la vocación internacional. Las acciones del presidente Alfonsín fueron en esa línea. Resolver el conflicto limítrofe, con un país hermano en menos de un año. Inició la acción penal contra los líderes guerrilleros, los juicios en el Consejo Supremo a los comandantes y luego no se cumplió. Y por eso fue a la justicia, el juicio en sede civil. El reconocimiento y la reputación internacional son decisivos para la consideración de los actores globales.
-¿Incursiones como la de Donald Trump colaboran en las transiciones realmente?
-Yo en general no creo que el fin justifica los medios. Creo que fines nobles no pueden obtenerse a través de medios innobles. Tengo amigos venezolanos muy cercanos que que han sufrido tortura, que han sufrido simulacros de de fusilamiento. Así que entiendo perfectamente eso. Pero el problema son las consecuencias que se derivan de acciones de este tipo. Estados Unidos se fue de Afganistán después de 20 años sin haber estabilizado la situación. Eso es un problema. No es una cuestión de circunstancia.
-¿Cómo se establecieron las prioridades en la transición con Alfonsín?
-El presidente Alfonsín tenía una visión estratégica y sabía que la democracia en Argentina no se iba a consolidar si no había democracia en América Latina. Por eso fue su compromiso para generar condiciones para la democratización de América Latina. En eso también hubo una controversia con el pensamiento académico en Estados Unidos. Una teoría hablaba de que había que mantener gobiernos autoritarios, porque si caían esos gobiernos autoritarios se pasaba a gobiernos totalitarios. O sea que, si se caía el régimen militar, llegaba el comunismo, pensando en que eso pasó Cuba, Nicaragua. Alfonsín y su gobierno, por el contrario, desarrollaron y aplicaron una idea contrapuesta: la democracia como garantía frente a el comunismo. Y por eso en el 84 hubo democracia en Uruguay, y en el 85 la hubo en Brasil, y en el 89 la hubo en el Paraguay y en el 90, la hubo en Chile. Hubo acciones concretas en esa dirección.
-¿Ustedes pudieron haber tomado otro camino?
-La decisión del presidente Alfonsín no fue ni el resultado de un análisis de conveniencia ni tampoco la de atender una demanda popular. El juicio a los comandantes y a la represión ilegal es la conclusión de un razonamiento de una profundidad ética y moral mayúscula sobre la base de que no podía haber una claudicación ética y tampoco podía haber una un juicio basado en la venganza o la revancha. Se habla poco de que antes de entregar el poder las Fuerzas Armadas de la dictadura, sancionaron una ley de amnistía para los guerrilleros y también a los actos de la represión. Buscaban el condicionamiento de la democracia que llegaba. La idea era reducir los márgenes de acción, achicar los grados de libertad para la toma de decisiones. Por eso esa transición permitió la democratización de América Latina, y que fuéramos terminando con el ciclo de golpes en la Argentina y con la violencia como política legitimada en nuestro país.
-Es casi un lugar común decir que las transiciones entrañan un momento de gran inestabilidad e incertidumbre
Incertidumbre y riesgo. Volviendo al caso argentino. Tres intentos de golpe de Estado. Un ataque guerrillero a un cuartel militar, 13 paros generales y 8000 conflictos sindicales. Eso pasó en el primer turno democrático.
-¿La crisis económica con Alfonsín y que opacó sus logros la considera parte de la transición?
Sí, claro. La transición por ruptura, por la derrota de Malvinas y sin acuerdo de ningún tipo con la dictadura en retirada, tuvo dos resultados. Uno luminoso que permitió el juicio a los comandantes, único caso en la región y el mundo , y otro desafortunado. La falta de acuerdo entre los partidos y la candidatura de Menem fueron una fábrica de incertidumbre. Y la incertidumbre tiene extraordinarios costos económicos y sociales. Lo mismo pasó cuando Fernández – Cristina ganaron las paso en 2019
-¿Y hay alguna autocrítica como parte del radicalismo y tu pertenencia a la Internacional Socialista, que idealizó como movimientos de “liberación” a las izquierda que terminaron en dictaduras? Como dice Milei, “zurdos” “comunistas” …
Definitivamente ninguna. Nunca estuvimos desde la Unión Cívica Radical encandilados con la propuesta. Yo mismo he hablado sobre la Democradura del régimen bolivariano. Dictadura, ni del proletariado. Populismo, ni progresista. Venezuela es una electodictadura. No admite matices.
-Usted recordó que cuando Estados Unidos invadió Panamá para capturar al ex dictador Manuel Noriega, Argentina condenó el ataque, que dejó numerosos muertos. Ahora, el presidente Milei apoyó por completo la captura militar de Maduro en Venezuela.
Un país como el nuestro que tiene entre sus activos intangibles reputacionales internacionalmente un Premio Nobel de la Paz, que es Saavedra Lamas, reconocido por su defensa de la paz y el multilateralismo, es muy desgraciado que hoy se ha visto en el mundo a nuestro país con una alineamiento acrítico a posiciones que reniegan de esos principios. Y te voy a dar un ejemplo. En el mes de febrero de este año, nuestro país votó en las Naciones Unidas en contra de una resolución. propiciada por Ucrania y la Unión Europea repudiando la invasión rusa en Ucrania. Y cambió su voto porque Estados Unidos cambió su voto, después de haber votado diez resoluciones en esa dirección. El tema de las reglas que deben guiar el orden global y el repudio a esa lógica de recurrir a la fuerza contra la integridad territorial e independencia de los países, como pasó en Ucrania es ahí cuando hablamos de Panamá
Cuando Estados Unidos capturó al presidente Noriega, el presidente argentino era Carlos Menem y el canciller era Domingo Cavallo. Y la Argentina, en diciembre del año 89 votó una resolución en las Naciones Unidas repudiando el hecho. Y hubo gobiernos de distinto signo, Menem, y Cavallo incluidos (ambos aliados a EE.UU.), que reclamaron la solución pacífica de las controversias como un mecanismo. Y la vigencia del artículo dos de la Carta de las Naciones Unidas. Por eso las decisiones de esta administración (la de Javier Milei) de alineamiento automático son perjudiciales para la nación argentina.
Jesus Rodíguez, dirigente político en entrevista con ClarínFoto. Ariel Grimberg.
Las varias vidas de un protagonista del alfonsinismo y la transición democrática
Jesús Rodríguez, economista y político argentino, nació en Quilmes, provincia de Buenos Aires, el 16 de junio de 1955. Su trayectoria pública está marcada por un compromiso sostenido con los valores democráticos, el desarrollo social y económico y la defensa del multilateralismo, siempre desde la Unión Cívica Radical (UCR), partido central en su formación política.
Se formó en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini y en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó en 1979 como licenciado en Economía. Su carrera política se consolidó con la restauración democrática: en 1983, con apenas 28 años, fue elegido diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires, en un contexto de reconstrucción institucional tras la dictadura.
Durante su primer mandato se destacó rápidamente como dirigente: en 1984 fue elegido presidente del Comité Nacional de la Juventud Radical y luego reelecto diputado en sucesivos períodos. Participó activamente en la Convención Constituyente de 1994 y ocupó responsabilidades clave en momentos críticos del radicalismo. En los últimos meses del gobierno de Raúl Alfonsín, en un escenario de fuerte inestabilidad política y económica, asumió como ministro de Economía, experiencia que consolidó su perfil técnico y político.
Lejos de replegarse, buscó renovar al radicalismo desde adentro. En 1989 fundó el Ateneo del Centenario, una línea interna de perfil centroizquierdista, y en 1999 regresó al Congreso como diputado por la Alianza, donde fue vicepresidente del bloque durante el gobierno de Fernando de la Rúa.
En los últimos años, su figura quedó especialmente asociada a la transparencia y el control del Estado. Desde 2016 se desempeña como Auditor General de la Nación y, desde 2020, como presidente del organismo, con un rol central en la fiscalización de la gestión pública.
Su proyección internacional acompaña esa visión institucionalista. Desde 2017 es vicepresidente de la Internacional Socialista y participa en espacios vinculados a los derechos humanos. Crítico de las limitaciones de organismos como la OEA o la ONU frente al caso venezolano, advierte sin embargo contra las salidas simplistas: “Un mundo afincado solo en el poder es más incierto, más inseguro y más peligroso”.
Multilateralista, internacionalista, pero un sensato contra el autoritarismo, cuando se le pregunta si su postura entraña una crítica profunda a la política exterior de Milei y el estilo de su alineamiento automático a Donald Trump reitera evitando confrontar: “Creo que hablar de que un país que tiene a Saavedra Lamas como premio Nobel por su contribución al multilateralismo, la solución pacífica de las controversias y la promoción de la Paz no admite el alineamiento automático y acrítico , como lo prueba la posición argentina en el caso Panamá de 1989 cuando Menem y Cavallo rechazaron la captura de Noriega con injerencia militar directa y abierta en abierta violación de la carta de Naciones Unidas”.
Itinerario
Jesús Rodríguez nació en Quilmes, Provincia de Buenos Aires, en 1955. Fue presidente de la Auditoría General de la Nación, máximo órgano de control externo de la Argentina (2020-2023). Anteriormente, fue Auditor General, a propuesta de su partido, UCR. Es Prosecretario de la Fundación Alem y fue su impulsor y Vicepresidente entre 2017-2022. Integra el Club Político Argentino y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Formó parte del CIPPEC. Integra el Comité Ejecutivo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. Dirigió el Programa de Fortalecimiento Legislativo de FLACSO. Asesoró empresas y sindicatos, y fue consultar de OEA, INTAL, CEPAL y BID. Fue Ministro de Economía de Raúl Alfonsín. Es representante partidario en la Internacional Socialista, fue dos veces su vicepresidente. Fue diputado nacional en cuatro mandatos, y presidió las comisiones de Presupuesto y Hacienda, además autoridad del Bloque Parlamentario. Fue electo para integrar la Convención Nacional Constituyente de 1994 y fue autoridad en la Comisión de Reforma Federal y del bloque partidario que presidió Alfonsín. Está casado, tiene tres hijas y cuatro nietos.
Al toque
Proyecto: Estudiar Historia.
Un líder: Raúl Alfonsín.
Un prócer: Mariano Moreno.
Una comida: Linguini con Mariscos.
Una sociedad: la Argentina de la movilidad social ascendente.
Un recuerdo: el nacimiento de mis 3 hijas.
Un placer: Caminar por la playa a primera hora de la mañana.
Un sueño: San Lorenzo Campeón.
Una película: Aún estoy aquí ( Brasil).
Una serie: The Americans.
Un libro: Posguerra de Tony Judt.
Un desafío: Mejorar (mucho) la interpretación del Saxo tenor.
Fuente: www.clarin.com



