El acuerdo con la Unión Europea le permitirá a la Argentina ampliar mercados y posicionar sus productos en el mundo


Aunque se trata de un acuerdo preliminar tras más de 25 años de idas y vueltas, con documentos acordados anteriormente que naufragaron, el paso dado este viernes entre el Mercosur y la Unión Europea, con un giro positivo final de Italia y pese a la oposición de Francia, se considera una señal positiva para la Argentina en materia estratégica.

Expertos consultados por este diario, como Marcelo Elizondo, presidente de la International Chamber of Commerce (ICC) en Argentina, y Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera Argentina (Ciara) y director del board del Centro de Exportadores de Cereales (CEC), ven importantes ventajas para el país. Estas fueron planteadas en su momento por el acuerdo biregional alcanzado en 2019 en coincidencia con el gobierno de Mauricio Macri y su entonces negociador, Horacio Reyser; y más recientemente por la ex canciller Diana Mondino y quien fue su Secretario de Relaciones Económicas Internacionales, embajador Marcelo Cima.

Se trata del acceso a mercados nuevos y del camino para que lleguen nuevas inversiones europeas al país. Interesa la agroindustria, agroalimentos, minerales y energía que Europa necesita.

Y como dice Elizondo, “cambiará la matriz del Mercosur a través de primer gran tratado comercial del bloque sudamericano” y, por su alcance territorial, se perfila como el acuerdo comercial más grande del mundo. “Hasta ahora, el Mercosur solo había cerrado acuerdos parciales o de menor escala, principalmente con países vecinos como Chile.”

El presidente Milei y su segunda Cancillería, que empezó con el reemplazo de Mondino por Gerardo Werthein, se concentraron en buscar un acuerdo comercial con los Estados Unidos, que fue anunciado pero en la realidad no firmaron. Donald Trump, sostienen, quiere antes asegurarse la reforma laboral y tributaria que el Gobierno debe batallar en el Congreso a partir de febrero.

El canciller Pablo Quirno escribió en X: “Luego de más de 30 años de negociaciones, firmaremos el 17 de enero en Paraguay un acuerdo histórico y el más ambicioso entre ambos bloques.”

Quienes llevan temas de comercio internacional, no sólo afirman lo mucho más beneficioso del acuerdo Mercosur- UE para la Argentina, por la complementariedad de las economías, sino también que no implica darle la espalda a China, con la que creció de manera exponencial el comercio. El propio Milei dijo recientemente que por su relación con Trump no va dejar de relacionarse comercialmente con los chinos.

Un informe de la Usina de Gustavo Idígoras, habla de la “ventana estratégica para la Argentina” que este representa para un mundo más cerrado con tensiones geopolíticas, guerras comerciales y un progresivo debilitamiento del multilateralismo.

“La UE —tercera economía mundial, con 450 millones de habitantes y un ingreso per cápita promedio de USD 43.000— importa productos agroindustriales por unos U$S 220.000 millones anuales. Sin embargo, la participación argentina en ese mercado es todavía marginal: apenas el 3%. El acuerdo busca revertir esa ecuación, otorgando acceso preferencial y reglas estables para el comercio bilateral”, señala el informe.

Más acceso, menos aranceles y reglas claras

El pilar comercial del acuerdo establece que el 99,5% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur tendrá beneficios arancelarios en la UE. Para la Argentina, esto implica la eliminación inmediata o gradual de aranceles para una amplia gama de productos clave: soja y derivados, carnes, vinos, biodiesel, economías regionales, pesca, maní, frutas y alimentos procesados, indica el informe que coinciden con otras informaciones.

En los productos más sensibles —como carnes, arroz, etanol, lácteos y miel— se establecen cuotas arancelarias con volúmenes relevantes. Un punto estratégico para el país es que la entrada en vigor será bilateral: el primer Estado del Mercosur que ratifique el acuerdo podrá utilizar el 100% de las cuotas asignadas al bloque hasta que se sumen los demás socios, lo que abre una ventaja concreta en términos de timing exportador.

Elizondo señaló que las pymes europeas podrían aliarse bajo este paraguas con las de Argentina, y que los consumidores argentinos podrían acceder a productos de calidad europeos y las empresas argentinas tener más acceso a bienes de capital y bienes de capacidad productiva europeas.

Un ancla para la política económica argentina

Más allá del comercio, el acuerdo tiene implicancias macroeconómicas y regulatorias. Argentina se compromete a no aplicar restricciones cuantitativas ni sistemas discrecionales de exportación e importación con la UE, dejando atrás herramientas como las actualmente no existente DJAI (Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación) o los ROE (Registros de Operaciones de Exportación), al menos en ese vínculo comercial.

Además, el país asumió el compromiso de eliminar los derechos de exportación (retenciones) para los productos enviados a la UE a partir del tercer año de vigencia, con excepciones acotadas. En el caso de la soja, las retenciones quedan topeadas y comienzan a reducirse gradualmente hasta consolidarse en un máximo del 14% al décimo año. Esto convierte al acuerdo en un “ancla” que limita vaivenes históricos de la política comercial argentina, señala Idígoras, a través de su informe que también lleva el sello de la Fundación INAI.

Ventajas sanitarias y previsibilidad frente a un socio

Otro beneficio clave es el capítulo sanitario y fitosanitario, que fija plazos, procedimientos y mecanismos de consulta para evitar barreras arbitrarias. En un contexto de endurecimiento regulatorio europeo, la Argentina gana previsibilidad y un canal institucional para resolver conflictos, posicionándose mejor frente a competidores extra-regionales.

Por primera vez, la UE acepta diálogos específicos en biotecnología e inocuidad alimentaria, un punto sensible para la producción agroindustrial argentina.

El acuerdo incorpora compromisos laborales y ambientales, reafirma el Acuerdo de París y busca evitar medidas ambientales unilaterales. Aunque la UE mantiene su agenda verde, se reconoce la necesidad de consenso internacional y se evita una referencia directa al controvertido reglamento europeo sobre deforestación.

En propiedad intelectual, la Argentina reconoce 355 indicaciones geográficas europeas, mientras que la UE acepta 220 del Mercosur (104 argentinas). Si bien esto generó resistencias por el uso histórico de nombres considerados “genéricos”, se acordaron períodos de adaptación y excepciones para productores preexistentes.

Hoy la UE es el segundo socio comercial del Mercosur y su principal inversor externo. Para la Argentina, el acuerdo no solo amplía mercados, sino que ofrece previsibilidad, reglas consolidadas y una plataforma para integrarse a cadenas globales de valor en un mundo cada vez más fragmentado.

En síntesis, el acuerdo Mercosur–UE aparece como un punto de inflexión: no resuelve por sí solo los problemas estructurales de la economía argentina, pero sí redefine el marco externo en el que el país puede volver a crecer exportando, especialmente desde su agroindustria.

En el tweet que escribió este viernes para festejar el acuerdo, el Canciller Quirno escribió: “Todos ganamos: La Argentina y los países del MERCOSUR accederán de manera preferencial a la UE, la tercera economía global, un mercado de 450 millones de personas, que representa cerca del 15% del PBI mundial. La UE eliminará aranceles para el 92% de nuestras exportaciones y otorgará acceso preferencial para otro 7.5%. De esta forma, el 99% de las exportaciones agrícolas del MERCOSUR se verán beneficiadas.”

Luego, como suele decir el asesor, Santiago Caputo escribió “La Argentina liderada por el Presidente @jmilei decide competir, producir y crecer con reglas claras y en libertad. TMAP 🇦🇷🇦🇷🇦🇷 La Argentina será próspera.”



Fuente: www.clarin.com

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