Crece la distancia entre Milei y la Iglesia: los obispos critican su apertura selectiva hacia las confesiones religiosas


Con la muerte del Papa Francisco concluyó una singular etapa en la Iglesia católica en el país signada por el singularísimo hecho de que por primera vez en dos mil años de cristianismo había un pontífice argentino. Para el clero vernáculo no se trataba solamente de que un compatriota era el sucesor de Pedro -con todo lo que eso implicaba desde el punto de vista religioso-, sino de una figura reconocida por sus sobresalientes condiciones políticas y su excepcional manejo de la información en su tierra.
Su alto perfil político disparó intensas polémicas por su presunta preferencia por el peronismo, la cara que les podía a sus visitantes y lo que decía o dejaba de decir, favorecidas por la famosa grieta. Precisamente, las tensiones provocadas por la polarización política constituyeron el principal escollo para que se concretara su visita al país. ¿Debió venir de todos modos y así quizá haber contribuido a achicar la grieta? ¿O todo lo que hubiera hecho o dicho habría generado más controversia?
Pareció ayudar a la eventual visita de Francisco -y en general a la relación entre la Iglesia y el Gobierno- que Javier Milei -tras un pasado de descalificaciones y pedidos públicos y privados de disculpas- lo abrazara y Jorge Bergoglio -que le había dedicado una filosa crítica- le concediera una larga y cordial audiencia en el inicio de su presidencia. Pero ese clima de reconciliación contrastó con una relación cada vez más fría y distante con las autoridades de la Conferencia Episcopal.
El dato más elocuente es que Milei nunca les contestó a los obispos el pedido de audiencia para presentarle los saludos navideños en 2024. Ante la ausencia de una respuesta los prelados optaron en 2025 por transmitirle el saludo por carta, en la que con los depurados modos eclesiásticos le pedían -en implícita alusión al ajuste- que asegurara la paz social. El Presidente les respondió diciéndoles que trabajaba en esa línea.
Pero los obispos están dolidos porque Milei se hizo un lugar a lo largo del último año para recibir a pastores argentinos, llegando a convertirse en el primer presidente en rezar con evangélicos en la Casa Rosada. Incluso viajó a Resistencia, Chaco, para participar de la inauguración de un mega templo en el que pronunció un discurso de alto voltaje político que generó el rechazo de sectores del propio ámbito evangélico.
También recibió al principal predicador de Donald Trump, el pastor Franklin Graham -hijo del famoso Billy Graham-, que vino al país para encabezar dos multitudinarios encuentros de oración en el estadio de Vélez. Y en línea con su inclinación por la espiritualidad judía -además del férreo alineamiento con el Estado de Israel- recibió a autoridades judías como al Gran Rabino Sefardí de Israel, David Yosef.
Los obispos valoran la sensibilidad religiosa de Milei, pero lamentan que su actitud de apertura hacia las confesiones religiosas sea selectiva. En cambio, la vicepresidente Victoria Villarruel inauguró un oratorio católico en el Senado, pese a que un reconocido pastor criticó su instalación por considerar que el Estado argentino no es confesional y que, en todo caso, el espacio debió ser multirreligioso.
Todo lleva a pensar que las críticas de los obispos y de los curas villeros a aspectos del Gobierno -como los recortes en los fondos para las universidades o para las personas con discapacidad- explican la distancia de Milei. En cambio, no recibe casi críticas de los evangélicos, que tiene con él una alianza en la oposición al aborto, si bien en eso también hay una coincidencia con la Iglesia católica.
No faltan en el oficialismo quienes justifican la actitud de Milei hacia la Iglesia católica porque afirman que el clero católico no fue crítico de otros gobiernos, particularmente los peronistas. Pero en el Episcopado dicen que siempre denunciaron las situaciones sociales y que lo seguirán haciendo por mandato evangélico. Aunque hace rato que no denuncian la corrupción.
Los emergentes más críticos
Los indicios de cómo seguirá el vínculo en el nuevo año no preanuncian una relación plácida. Por lo pronto, las principales figuras de la Iglesia católica que llegaron a los puestos más altos promovidas por Francisco y que abrazan su legado vienen siendo muy críticas del Gobierno, aún después del contundente triunfo electoral de La Libertad Avanza.
El actual presidente de la Conferencia Episcopal, el arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, llegó a preguntarse tras la ayuda económica de los Estados Unidos a Milei “qué se está dando a cambio, cuál es la letra chica porque como dice la frase cuando la limosna es grande… Uno puede pensar que hay demasiados requerimientos”.
Otro tanto dijo sobre la ayuda el vicepresidente primero, el arzobispo de Córdoba, Ángel Rossi, quien afirmó que “uno tiene la sospecha de que no apuestan efectivamente por nosotros, sino que habrá algunos recursos nuestros que les vienen bien. Ojalá me equivoque, pero no creo que nos miren con cariño”.
Además, Rossi celebró que el Congreso haya frenado el recorte de los fondos para personas con discapacidad, al afirmar. “No puedo creer que haya esta inhumanidad en algunos planteos. Por supuesto que habrá que controlar abusos (…), pero cuando un número es más que un rostro empezamos a rumbear mal”.
Colombo y Rossi junto con el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, y el arzobispo de La Plata y presidente de Cáritas, Gustavo Carrara, con edades que van de los 52 a los 67 años, emergen como las principales figuras de una Iglesia católica con marcado acento social no dispuesta a callarse.
En el caso de Rossi, por ser cardenal -el único de los cuatro-, participó de la última elección papal en la cual -como su antecesor Raúl Primatesta, que impulsó la candidatura de Juan Pablo II- tuvo una intervención clave para que los conservadores permitieran con su voto llegar a los dos tercios requeridos para consagrar Papa a Robert Prevost.
La frialdad y distancia del Gobierno respecto de la Iglesia católica no es un hecho menor cuando se baraja la firme posibilidad de que León XIV venga este año al país -y también a Uruguay, donde ya empezaron los preparativos- como el propio Robert Prevost lo admitió, pero sin precisar la fecha.
La profundización de una relación fría y distante del libertario con la Iglesia católica no allanaría la concreción del viaje. Habrá que ver qué tanto le interesa a Milei que efectivamente venga al país un pontífice que sigue puntillosamente la línea social de Francisco.
Fuente: www.clarin.com



