Pam Redmond advierte sobre los nombres inspirados en series y películas: “Quedás unido para siempre al personaje o al actor”


La tendencia de bautizar a los recién nacidos con nombres provenientes de series y películas exitosas ha generado un debate profundo entre expertos en onomástica.
Casos emblemáticos como el auge de “Khaleesi” tras el estreno de series masivas como Game of Thrones o “Kylo” el antagonista de la última, y más moderna, trilogía de Star Wars. Demuestran esta tendencia en alza de utilizar nombres de series o películas para nombrar a los recién nacidos.
Para referentes como Pam Redmond, esta decisión implica un vínculo indisoluble entre el menor y una imagen ajena. Elegir un nombre por fanatismo somete al individuo a cargar con la reputación de un personaje o el desempeño de un actor durante toda su vida.
“Quedás unido para siempre a la imagen de ese nombre, ese personaje, ese actor. Podés superarlo. Puede superarte. Yo personalmente no lo haría. Podría usarlo como complemento. Escuché de alguien que le puso Solo como segundo nombre a su hijo porque era un gran fan de Star Wars”, alertó la especialista en nombres Pam Redmond.
Si bien es posible superar esa asociación, la advertencia radica en que la figura pública podría evolucionar de forma negativa en la trama o en la realidad. Por ello, se sugiere que estas referencias se utilicen como segundos nombres, permitiendo una mayor libertad de identidad para el futuro adulto en contextos formales.
Desde una perspectiva opuesta, la colega de Redmond, Sophie Kihm remarca que “los riesgos de que la cultura pop arruine un nombre son bajos. Yo diría, adelante. Me parece una idea genial”.
Además, argumenta que los padres poseen escaso control sobre la personalidad final de sus hijos, por lo cual un nombre con carácter puede ser una herramienta de distinción.
La era del contenido bajo demanda ha cambiado radicalmente la forma en que las referencias culturales se instalan en la sociedad. Al existir una oferta tan diversa y fragmentada, es cada vez más difícil que un nombre quede pegado a una sola obra para el público general.
Lo que para un grupo es una referencia clara de un animé poco conocido, para el resto del mundo es simplemente un nombre exótico, lo que diluye el impacto de la asociación directa.
Actualmente, muchos padres optan por opciones breves que faciliten la pronunciación en diversos idiomas, buscando una identidad globalizada.
La sonoridad y la armonía con el apellido paterno y materno siguen siendo factores determinantes para evitar cacofonías o rimas indeseadas.
Finalmente, la búsqueda de originalidad no debe ignorar la facilidad con la que el nombre se integrará en las diferentes etapas de la vida, desde el jardín de infantes hasta el ámbito profesional. Un nombre demasiado vinculado a una villanía o a un fenómeno comercial efímero podría generar situaciones de incomodidad innecesarias.
Fuente: www.clarin.com



