La pelea Bullrich-Villarruel que terminó con la Policía y el impacto del AFA-Gate en la Casa Rosada

El jueves, a última hora, en lo más alto del Gobierno se debatía si sería prudente que Karina Milei asistiera, al otro día, a la jura de senadores en el Congreso. La secretaria General de la Presidencia no tenía palcos asignados y Victoria Villarruel había puesto condiciones formales para permitirle el ingreso. “Que me llame ella o que pidan autorización. Esta es mi casa”, le transmitió a Patricia Bullrich. Karina se negó, aunque sus asistentes mandaron un mail con un pedido a la Cámara de Senadores, que no tuvo respuesta porque fue enviado después de las diez de la noche, cuando en los despachos de la Presidencia de la Cámara alta ya no quedaban empleados. “Si es mucho problema, me bajo y listo”, llegó a plantearle Karina al propio Presidente. Milei no estaba dispuesto a que su compañera de fórmula le ganara esa batalla. La pelea con la vice se libra en todos los escenarios, incluso en los que asoman como más superficiales. Así interpretan el poder en el universo libertario.

Bullrich, Manuel Adorni y Diego Santilli hablaron esa noche con la hermanísima, que insistía en que no tenía sentido ir si iba a pasar un mal momento con la Policía. “Pero si a la Federal la manejamos nosotros, ¿cómo no te van a dejar entrar? Quedate tranquila, vamos a ir con vos”, le dijeron sus compañeros de Gabinete.

Diego Santilli, Karina Milei y Manuel Adorni, el viernes, en el palco del Senado. Foto: Federico López Claro.Diego Santilli, Karina Milei y Manuel Adorni, el viernes, en el palco del Senado. Foto: Federico López Claro.

El viernes, un rato antes de la ceremonia de jura, Bullrich ya estaba dentro del recinto cuando Karina, Adorni y Santilli llegaron juntos al Congreso con la intención de entrar por la puerta que da a Hipólito Yrigoyen. Los tres estaban acompañados por el subjefe de la Federal, Mariano Giuffra, y un grupo de robustos efectivos. “No están autorizados a pasar, no tienen invitación”, les dijo el personal de Seguridad del Senado. Los custodios de la Federal reaccionaron: “O se corren o pasamos igual”. Hubo una discusión fuerte y forcejeos. Varios se corrieron, otros se pusieron tensos frente a la advertencia de que podían ser detenidos y, al menos uno, bloqueó el paso y desafió: “No nos vamos a apartar, tenemos una orden y la vamos a cumplir”.

Los policías que iban con los ministros, por orden de Giuffra, avanzaron como si estuviesen frente al desalojo de transeúntes que hacen un piquete y hubo fuertes forcejeos: uno de los hombres que se resistían trastabilló y casi termina en el suelo. Los ministros aceleraron el paso y subieron a un palco del primer piso que, en principio, tenía asignado la familia de Alejandro Fitzgerald, que juraba como secretario administrativo. Fitzgerald accedió a ceder sus butacas y entonces la Federal envió tres policías de civil para que se sentaran y reservaran los lugares hasta que llegaran los ministros. Luego se sumarían el principal asesor karinista, Eduardo “Lule” Menem, y el referente de la juventud de La Libertad Avanza, Sharif Menem.

El incidente marcó el comienzo de la nueva era en el Congreso, después del triunfo del oficialismo en las elecciones del 26 de octubre. Según la concepción mileísta, se abre una posibilidad de avanzar sin tantos preludios ni discusiones que juzgan estériles. Este período tendrá a Bullrich como protagonista del oficialismo en el Senado. Desde la Casa Rosada apuestan a que se convierta en el contrapeso de Villarruel, a quien califican de traidora, y a la que buscan correr de la escena pública lo más posible. Bullrich vendría a ser, para los hermanos Milei, la garantía de que Villarruel no se interponga en sus planes. Pero desde el entorno de la presidenta del Senado, se muestran apegados a las leyes y a los reglamentos internos del cuerpo y no evalúan dejarse correr por sus ex socios, ni siquiera en asuntos que parezcan menores. “Ellos mandan en la Rosada y nosotros mandamos acá”, confían.

Villarruel y Bullrich se reunieron a solas hace quince días. La reunión fue buena, pero no lo suficiente como para pensar en que puedan llegar a trabajar juntas y arribar a buen puerto. Ninguna de las dos quiso fotos. La ministra de Seguridad le había mandado antes un ejemplar de la Constitución Nacional. Para Villarruel fue como una provocación. El día del encuentro, la vice le regaló a la ministra una botella de vino. Después de esa primera cita, promocionada en los medios, se produjeron otras dos charlas, reservadas y que no fueron difundidas. Tuvieron más diferencias que coincidencias. Bullrich no es fácil. Villarruel tampoco. “Habrá que alquilar un palquito para ver a las dos en acción”, decía un operador del PJ que el viernes se movía detrás de los soldados de Cristina.

Javier Milei prefiere perderse la posibilidad de una foto con Donald Trump que cruzarse con Tapia.Javier Milei prefiere perderse la posibilidad de una foto con Donald Trump que cruzarse con Tapia.

Milei se abstuvo de publicar un tuit contra Villarruel, como hubiera hecho hasta hace algún tiempo. El primer mandatario cumple de modo estricto un acuerdo que hizo con su equipo de no confrontar casi con nadie. La estrategia conciliadora -que los más optimistas se animan a llamar de construcción política- podría estirarse, al menos, hasta que se debata en sesiones extraordinarias parlamentarias el paquete de leyes que comprende desde la reforma laboral hasta el Presupuesto. La idea es evitar roces con la oposición, pero también con economistas, sindicalistas y hasta con periodistas. Crear, aunque no sea más que ficticio y temporal, un clima de armonía.

El otro Milei, el que se imponía hasta la derrota legislativa del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires, hubiera salido -por ejemplo- con los tapones de punta contra Claudio “Chiqui” Tapia, el titular de la AFA, a quien en Balcarce 50 consideran un enemigo. Tapia quedó en el ojo de la tormenta luego del reconocimiento a Rosario Central, que despertó el repudio de muchas hinchadas y que, al mismo tiempo, desvió el foco en su patrimonio y en su estrecha relación con Maximiliano Ariel Vallejo, el titular de Sur Finanzas, la financiera que investiga la Justicia. Según la DGI, Sur Finanzas puso en circulación 818 mil millones de pesos con el fin de lavarlos.

Vallejo es acusado de ser el cerebro de esas operaciones. Su historia es la de muchos que empezaron pobres y, en pocos años, amasaron una enorme fortuna. Hay sectores del Gobierno que sostienen que en el fútbol argentino impera una mafia y que hay sobradas pruebas de “irregularidades”. Bullrich propuso investigar a Tapia y a sus laderos.

El repudio a Tapia se volvió más fuerte cuando el Tribunal de Disciplina de la AFA resolvió una pena sin precedentes contra Estudiantes, que había hecho un “espaldazo” para no aplaudir el “título” de Rosario Central. La AFA dispuso suspender dos partidos a los jugadores que participaron del acto e inhabilitar por seis meses a Juan Sebastián Verón para desempeñarse como presidente de Estudiantes. Milei, en apoyo a Verón, publicó un tuit con la foto de un Bilardo joven abrazado a Osvaldo Zubeldía. Sucedió el jueves, un rato después de que Adorni posteó en X que el Presidente se bajaba del viaje a Washington que tenía previsto para el próximo viernes, cuando se sortean los rivales de la Selección para el Mundial del año próximo en Estados Unidos.

"Me quedan muchos años más", dijo el presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia.“Me quedan muchos años más”, dijo el presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia.

“Fue la manera más contundente de enviar un mensaje por el desastre que es la AFA. No nos podemos meter porque la FIFA podría sancionar a la Selección, pero fue nuestra manera de enviar una postura contundente. Sacrificamos el encuentro con Trump”, explicaban ayer en la cima del Ejecutivo.

La Asociación del Fútbol Argentino es, desde hace muchísimos años, una colosal estructura de poder, donde conviven muchos de los actores sociales: deportistas, políticos, economistas, barrabravas, empresarios, lobistas e importantísimos miembros de la familia judicial. Sin ir más lejos, el Tribunal de Disciplina que acaba de sancionar a Estudiantes está presidido por Fernando Mitjans, ex representante del Consejo de la Magistratura, esposo de Marcela Losardo, ex ministra de Justicia de Alberto Fernández. Su vicepresidente, Sergio Fernández, es juez de la Cámara en lo Contencioso y hermano del operador Javier Fernández. Néstor Barral, otro de los miembros del Tribunal, es juez de la Cámara Federal de San Martín y Esteban Mahiques, -que no adhirió a la sanción- fue funcionario del Ministerio de Justicia en la época de Mauricio Macri.

El Tribunal de Ética de la AFA, por otra parte, está presidido por Diego Gustavo Barroetaveña, juez de la Cámara de Casación Penal Federal e integrante del Consejo de la Magistratura y uno de sus miembros, Ramiro González, es fiscal en Comodoro Py. Esto son, tan solo, algunos ejemplos y que no implican el aval de ningún delito. Pero sí muestran que existe una relación. Hay muchos más casos. Quienes conocen a Tapia afirman que la estrategia de hacer convivir a dirigentes de fútbol con integrantes de la Justicia y de la política fue un consejo que el “Chiqui” tomó, primero de Julio Grondona y, más recientemente, de Daniel Angelici.

Pertenecer al mundo del fútbol, desde luego, tiene sus privilegios. Es parte del plan de seducción de la AFA. No hay quien quiera una entrada para un partido de su equipo o de la Selección y no la tenga. O que no pueda pedir una foto con Messi o, simplemente, un pase para asistir a un entrenamiento. Los vínculos son fluidos.

Hay dirigentes, que hoy se le empiezan a animar a Tapia, que piden revisar la lista de quienes viajaron a los últimos mundiales y las facilidades que tuvieron para asistir. Habría muchas sorpresas. Quien sabe, demasiadas.

Fuente: www.clarin.com

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