Annaliese Holland tiene 25 años, padece una enfermedad terminal y solicitó la muerte voluntaria: “Papá, déjame ir”

Cuando apenas superaba los diez años de edad, Annaliese Holland fue al hospital porque sentía una molestia en la pelvis. Lo que no imaginó jamás es que esta aumentaría sin parar, y menos aún que, durante años, los médicos no podrían detectar el motivo de su dolor.

Pero eso no sería todo para la entonces adolescente, sino que, más tarde, le darían la noticia de que padecía una enfermedad tremendamente grave e irreversible, que le daña todo el cuerpo y ni siquiera le permite comer.

Ahora, después de más de una década de sufrimiento y gracias a la oportunidad que brinda el estado donde vive, Annaliese tomó una decisión que parece trágica, pero que para ella es un alivio: terminar con su vida.

El diagnóstico inicial que cambió su vida para siempre: “Llevo diez años sin poder comer”

Annaliese Holland, quien nació 25 años atrás, vive en Adelaida, capital del estado Australia Meridional, Australia.

Aunque su infancia parecía totalmente normal, cuando tenía 12 años, su vida dio un giro radical. Un día, tras dirigirse al hospital porque sentía dolor pélvico, fue diagnosticada de endometriosis, una afección dolorosa por la que un tejido similar al que recubre el interior del útero —llamado endometrio— crece fuera de este órgano.

Por muchos años, los médicos no pudieron diagnosticar a Annaliese. Foto: IG (annaliese_holland)Por muchos años, los médicos no pudieron diagnosticar a Annaliese. Foto: IG (annaliese_holland)

A pesar de que a la niña le practicaron una laparotomía para extirpar la endometriosis, su dolor persistió, lo que evidenció que había algo más que le causaba la molestia.

Sin embargo, el de Annaliese se convirtió en un caso atípico, ya que pasaban los años sin que los profesionales pudieran determinar qué enfermedad sufría.

Encima, a medida que le realizaban decenas de pruebas para ver si podían hallar el origen del dolor, su estado de salud empeoraba cada vez más. En particular, padecía una intensa presión en la zona intestinal.

“Sentía como si mi intestino estuviera obstruido, pero en realidad no había nada que lo obstruyera. Tenía las heces tan atascadas que las vomitaba o las expulsaba por el estómago”, especificó crudamente Annaliese al medio australiano News.

Por este motivo, ingresó al Hospital de Mujeres y Niños de Adelaida, donde le dijeron que había perdido gran parte de su intestino y que tenía insuficiencia intestinal.

Esta afección impide que los intestinos absorban los nutrientes y líquidos suficientes para satisfacer las necesidades del cuerpo humano.

Como resultado de ella, Annaliese no pudo comer nunca más. “Llevo diez años sin poder comer. Cada vez que como, sufro náuseas intensas, vómitos, dolor extremo y múltiples obstrucciones intestinales”, detalló.

Por su enfermedad, Annaliese no puede comer alimentos normales. Foto: IG (annaliese_holland)Por su enfermedad, Annaliese no puede comer alimentos normales. Foto: IG (annaliese_holland)

En reemplazo del tipo de alimentación tradicional, desde entonces, recibe nutrición parenteral total (TPN, por su sigla en inglés). Este método suministra líquidos y nutrientes en una solución que se infunde a través de una vía intravenosa en el torrente sanguíneo.

“Sin la TPN, hubiera muerto de hambre. Antes de ella, estaba desnutrida, con bajo peso y muriéndome de hambre”, recordó en una emotiva entrevista.

Luego de pasar nueve meses en el Hospital, ella y su madre aprendieron a administrar la TPN sin ayuda de los médicos, por lo que pudieron regresar a su casa. Pero la niña ya no era la misma: tenía varios objetos, que la acompañan hasta hoy día y le permiten vivir, colocados en su cuerpo.

“Necesito un tubo en el estómago para drenar y otro tubo para recibir medicamentos. También tengo una vía en el pecho, conocida como vía Hickman, que se encuentra en la vena yugular”, explicó Holland.

A pesar de todo, la australiana había logrado salvar su vida y, aunque el tratamiento es súper costoso y tedioso, al menos podía transitar los días en su hogar. No obstante, junto a su mayoría de edad, otro inesperado diagnóstico le complicaría aún más su existencia.

La terrible enfermedad de Annaliese Holland: “Cada vez que la ingresan al hospital, lucha por su vida”

Cuando Annaliese cumplió 18 años, pudo ser atendida en el Hospital Royal de mayores, ubicado en Melbourne, donde finalmente le dijeron que tenía una enfermedad muy grave: ganglionopatía autonómica autoinmune (GAA), un extraño trastorno neurológico que ataca el sistema nervioso autónomo, dañando los nervios que controlan la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la digestión y la micción.

Paradójicamente, la adolescente, quizás porque arrastraba años de hospital en hospital, recibió con alegría la noticia. Sin embargo, lo que sí lamentó fue no haber recibido el diagnóstico antes.

“Aunque no es un buen diagnóstico, fue un alivio por fin tener un nombre. Podíamos comenzar a investigar, podíamos empezar a tratarlo. Pero al mismo tiempo, me sentí decepcionada. ¿Por qué no se descubrió antes?”, dijo la joven al diario británico Daily Mail.

Luego de salir del hospital de Melbourne, Annaliese fue trasladada a la Unidad de Nutrición Parental del Centro Médico Flinders, que se ubica en el estado en que ella vive (Australia Meridional).

Allí estuvo ocho años y recuerda que recibió una atención muy buena y conoció a gente muy valiosa, en especial a un doctor llamado Andrew Holt, quien le salvó la vida muchas veces.

Más allá de las situaciones que Annaliese consideraba positivas, lo cierto es que su salud no paraba de empeorar, ya que su enfermedad principal le generaba muchas otras secundarias.

La australiana comenzó a sufrir el trastorno de Addison, por el que las glándulas suprarrenales no producen suficientes hormonas, lo que causa cansancio extremo, pérdida de peso, falta de apetito y problemas en los huesos, entre otras cosas.

Además, se fracturó la columna vertebral en cuatro lugares, se partió el esternón por la mitad y, por los esteroides que consumía, contrajo necrosis, lo que ha provocado que sus dientes se ennegrezcan y empiecen a caerse.

Annalise junto a su padre, Patrick Holland. Foto: captura YT (News)Annalise junto a su padre, Patrick Holland. Foto: captura YT (News)

En conjunto, estas enfermedades le producen un dolor debilitante crónico y náuseas, e inclusive llega a vomitar hasta 10 veces por día. Pero hay algo que le causa aún más sufrimiento: la sepsis.

Esto es una respuesta descontrolada del organismo a una infección, que empieza a dañar los propios tejidos y órganos, causando fallas que pueden hasta ocasionar la muerte. Por su extremadamente débil estado, a lo largo de su vida, Annaliese ha sufrido sepsis en más de 20 oportunidades, y en muchas de estas han tenido que reanimarla en el hospital.

Cada vez que la ingresan al hospital, lucha por su vida”, dijo Patrick Holland, el padre de la joven, a News. “La cantidad de veces que Annie ha estado en el hospital y al borde de la muerte… tener que estar ahí sentado viéndola pasar por eso… pero (ella) es increíble”, agregó, mientras contenía las lágrimas.

A pesar de todo, Annaliese resistió a cada prueba que le ponía la vida. Sin embargo, tiempo después otro diagnóstico devastador y una posibilidad que le brindó su estado la impulsarían a tomar una drástica decisión.

“Papá, déjame ir”: la triste decisión final de Annaliese Holland

Corría el año 2022 cuando Annaliese Holland recibió la peor noticia: su enfermedad es terminal.

Ante ello, la joven decidió comenzar con cuidados paliativos y, además, empezó a difundir su historia, algo que no había hecho hasta entonces.

En 2022, Annaliese se enteró de que su enfermedad era terminal. Foto: IG (annaliese_holland)En 2022, Annaliese se enteró de que su enfermedad era terminal. Foto: IG (annaliese_holland)

También, desde aquel momento, ha organizado eventos benéficos para ayudar a otras personas enfermas y, en particular, a la Unidad de Nutrición Parental del Centro Flinders, a cuyos integrantes define como su “segunda familia”.

En este sentido, en septiembre de 2024, inició una colecta para comprar insumos y contratar más personal médico para el lugar. Hoy, más de un año después, ha logrado conseguir con ella más de 17.000 dólares en carácter de donaciones.

Sin embargo, Annaliese no pudo hacer nada para detener sus episodios de sufrimiento y, de hecho, tuvo momentos en los que deseó morirse. Según contó, uno de ellos ocurrió en 2023, cuando le extirparon el colon y pasó tres semanas en terapia intensiva. “Ese fue probablemente mi momento más oscuro”, detalló.

A pesar de ello, y debido a otro horrible episodio, la australiana todavía tenía ganas de vivir. De acuerdo a su testimonio, una vez sufrió una convulsión tan pero tan fuerte que pensó que se moría, lo que luego le hizo valorar que, aunque muy enferma, aún tenía la posibilidad de vivir.

“Cuando tienes una convulsión, tu cerebro se apaga para protegerse debido a la falta de oxígeno, así que da mucho, mucho miedo”. Estaba en la parte de atrás de la ambulancia, llorando, diciéndole a mamá: ‘Por favor, no dejes que me maten, por favor, quiero vivir, quiero vivir, no dejes que no me reanimen, haz todo lo posible’”, recordó Annaliese aquel trágico suceso.

Además, agregó, quería continuar por sus familiares. “Uno sigue adelante por sus seres queridos. Porque sabe que sufrirán la ausencia, y eso es difícil.”, dijo.

En junio de 2023, no obstante, sucedió un hecho que fue el puntapié para generar un cambio de opinión en Annaliese. Una joven de 23 años llamada Lily Tai, de la que era muy amiga pues también residía el Centro Flinders, decidió someterse al programa de muerte asistida voluntaria (VAD, por su sigla en inglés) que ofrece el estado de Australia Meridional.

La ley que habilita y regula la VAD entró en vigor en dicho estado a principios de 2023. Para aplicar al programa, la persona debe ser mayor de edad, tener una enfermedad que sea incurable, progresiva y que probablemente cause la muerte en un plazo corto de tiempo, estar sufriendo constantemente y tener la capacidad para tomar la decisión libremente, sin coacción.

La VAD se diferencia de la eutanasia tradicional porque son los propios pacientes, y no un médico, quienes se administran los medicamentos recetados para poner fin a su vida.

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Annaliese Holland despide a su amiga

El día que Lily falleció, Annaliese estuvo a su lado. Recordó que ambas bromeaban acerca de que en el cielo podrían volver a comer las cosas que les gustaban. Los medios de comunicación locales cubrieron aquel momento.

“Me estarás esperando allí arriba”, le dijo Annaliese a Lily, y esta le contestó: “Estaré con los brazos abiertos”, mientras ambas se tomaban de la mano y Lily, poco a poco, moría.

Tras este suceso, los episodios en los que Annaliese se batía a duelo con la muerte continuaron, hasta que la joven tomó el mismo camino que su amiga.

La decisión final llegó tras una de sus tantas reanimaciones, y se la comunicó a su padre.

“Miré a mi padre y le dije: ‘Papá, por favor déjame ir, no te odiaré. Y me contestó: ‘Lo entiendo, entiendo perfectamente que estés cansada'”, explicó la protagonista al medio local News.

Aunque el objetivo inicial de Annaliese era simplemente que no la reanimen cuando tuviera la próxima falla en su organismo, finalmente también aplicó al programa de muerte asistida (VAD).

Para ser aprobada, tuvo que pasar por un proceso de tres semanas de charla con psicólogos y por otras pruebas, hasta que, en noviembre de 2025, le llegó la noticia de que le habilitaron la posibilidad.

Increíblemente, la australiana se puso muy contenta por ello, ya que aseguró que sufre demasiado y que así logró “sacarse de encima un peso (la vida)”.

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Annaliese Holland, la joven australiana que eligió morir.

“Creo que es muy raro estar feliz, pero me puse tan contenta cuando supe que me habían aprobado que lloré. No quiero despertarme cada día con la ansiedad del dolor que sé que me espera. El dolor de morir de hambre cuando ya no puedan alimentarme, o el horror de la sepsis”, expresó Annaliese luego de conocer su acceso a la VAD.

Ahora, solo aguarda decidir el modo y el momento adecuados, con el objetivo de dañar lo menos posible a sus familiares. “Es difícil porque siento dolor y luego paz, pero entonces les transmito ese dolor a mi familia. Tengo esa lucha interna de no querer lastimarlos, así que pensaré bien cómo hacerlo”, contó con muestras de alivio.

“Una de las cosas más valientes que puedes hacer es decir ‘quiero que me implanten un VAD’. No es rendirse, es que ya tuviste suficiente y luchaste muy duro. Estoy extremadamente agradecida de poder tener esa oportunidad. Al fin y al cabo es mi cuerpo. He pasado más de 12 años siendo un número, no una persona”, concluyó Annaliese Holland ante News, en la última entrevista pública que brindó.

Fuente: www.clarin.com

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