Uno de los hermanos Menéndez podría quedar libre antes de lo previsto


Erik Menéndez, quien junto a su hermano Lyle cumple una condena por el asesinato de sus padres, José Enrique y Mary Louise “Kitty” Menéndez en 1989, fue trasladado del Centro Correccional Richard J. Donovan en San Diego, California, a un hospital debido a una “condición médica grave”.

De acuerdo con el medio TMZ, el hermano menor —que hoy tiene 54 años— sufrió cálculos renales el viernes 18 de julio, por lo que tuvo que ser trasladado a un hospital cercano y “es posible que no regrese” a la cárcel.

Si bien se encuentra en “buenas condiciones”, fuentes consultadas por el medio estadounidense indicaron que el gobernador de California, Gavin Newsom, analiza el cambio en la condición médica de Erik para determinar si es apropiado un “permiso de prisión”.

De cara a la audiencia que los hermanos Menéndez tendrán el próximo 21 de agosto para solicitar la libertad condicional, su abogado Mark Geragos consideró que Erik debería ser “suspendido médicamente”.

Creo que es el término adecuado para que pueda trabajar con el abogado de libertad condicional y ponerse al día y estar listo para hacerlo y dar lo mejor de sí. Creo que es lo único justo y equitativo que se puede hacer”, indicó a TMZ.

Los hermanos fueron sentenciados a prisión perpetua sin posibilidad de libertad condicional en 1996, pero después de 29 años tras las rejas, el juez Michael Jesic acortó la sentencia a 50 años.

Ahora los hermanos Menéndez son elegibles para libertad condicional bajo la ley de delincuentes juveniles de California, ya que cometieron el crimen antes de los 26 años. Solo necesitaban la aprobación de la junta de libertad condicional del estado para ser liberados.

José Menéndez, a sus 45 años, era un próspero directivo de una empresa cinematográfica, mientras que “Kitty” había elegido la dedicación plena a su familia; y los hijos, de 18 y 21 años, estaban rodeados de confort y con la posibilidad de cumplir cada uno de los caprichos.

El grupo completo tenía como residencia una casa de 850 metros cuadrados que había pertenecido en diferentes etapas a Elton John y Prince, ubicada en Beverly Hills.

Su vida transcurría en esa burbuja de lujo. Esa noche del 20 de agosto de 1989, la familia había salido a navegar en un yatch alquilado. A la vuelta, los padres se dispusieron a mirar la televisión y los jóvenes fueron al cine.

La primera versión de la historia es que a su regreso Lyle y Erik encontraron a José y Kitty desparramados en el piso, sin vida y rodeados de sangre.

Lyle llamó enseguida al 911 y explicó la situación. Los jóvenes tenían una buena coartada y en un primer momento su relato pareció verídico.

Tras ser descartados como sospechosos y gastado parte de su herencia, llegó con la confesión del mismo Erik. Al sentirse atormentado, comenzó una terapia y en una de esas sesiones develó el horrendo crimen. “Nosotros lo hicimos. Nosotros matamos a nuestros padres”, sostuvo.

El psicólogo grabó las sesiones. Y, como también fue amenazado, su novia decidió declarar. En un principio mucha gente descreyó de esta versión. Hasta que en 1992 fueron formalmente acusados por el Gran Jurado de Los Ángeles.

Como defensa, alegaron abusos sexuales por parte del padre. Aunque esto fue desestimado.

Los hermanos fueron condenados a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Además, fueron destinados a diferentes penales por los riesgos de fuga.

En abril de 2018, luego de muchos pedidos y casi dos décadas sin verse, fueron ubicados en la misma prisión. Sin compartir celda.

Durante el tiempo separados se escribían cartas y jugaban al ajedrez por esa vía. Según un periodista que cubrió el caso, al verse ambos se pusieron a llorar.

Fuente: www.clarin.com

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