No podían permitirse una vivienda en su país y cruzaron la frontera para comprar una aldea abandonada: el ahorro de la pareja de casi 100.000 dólares en renovaciones

Yip Ward y Paul Mappley vivían en una caravana en Tunbridge Wells, en el Reino Unido, cuando recibieron una propuesta que difícilmente hubieran imaginado.
En 2020, un amigo les habló de una propiedad singular en Normandía, Francia. No se trataba de una casa convencional ni de un terreno para construir, sino de una pequeña aldea que estaba a la venta.
La pareja viajó hasta allí para conocer el lugar y, después de una breve visita, tomó la decisión. Compró la aldea por 12.000 libras esterlinas –alrededor de 16.000 dólares-, un monto que pudo reunir con la venta de un tractor viejo y otras pertenencias.
De vivir en una caravana a ser propietarios de una aldea en Normandía
La oportunidad llegó de manera fortuita. Fue un amigo de la pareja, que tenía una propiedad en la zona y quería venderla, quien les acercó la propuesta.
“Siempre nos preguntan cómo encontramos el pueblo, y no es que lo estuviéramos buscando. Fue un encuentro casual con un amigo que tenía una propiedad y la estaba vendiendo”, contó Yip al medio DailyMail.
La pareja conoció el lugar abandonado en Francia. a partir de un amigo. Foto: Captura/YTMás adelante, la pareja adquirió las construcciones vecinas por otras 14.000 libras, hasta completar el conjunto de siete casas rurales y las distintas construcciones que forman parte del lugar.
“Sin duda, lo vemos como una alineación de los planetas. Fuimos a buscar un lugar arruinado que había sido abandonado hace 30 años y lo reconstruimos”, explicó Yip.
La propiedad, bautizada La Buslière, llevaba décadas sin recibir el mantenimiento necesario. El deterioro era considerable y la cantidad de tareas pendientes había llevado incluso a los vendedores originales a cambiar de opinión sobre la conveniencia de conservarla, debido a la magnitud de las obras que requería.
Manos a la obra: financiación y restauración durante la pandemia
La pareja pudo concretar la operación gracias a una particularidad de las normas francesas, que les permitían disponer de un plazo de hasta ocho meses después de la compra para entregar la totalidad del dinero.
Ese margen fue fundamental. Mientras avanzaban con los trámites, Yip y Paul comenzaron a trabajar para reunir los fondos que necesitaban. Durante ese período, continuaron ganando dinero con sus empleos como jardineros paisajistas en el Reino Unido.
La primera etapa consistió en recuperar las construcciones más deterioradas. El trabajo fue mucho más complejo de lo que podía sugerir una primera impresión.
El ahorro de casi 135.000 dólares gracias al trabajo por cuenta propia
La restauración de La Buslière demandó tiempo, dinero y un esfuerzo considerable. Sin embargo, Yip y Paul encontraron una manera de reducir buena parte de los costos: hacerse cargo personalmente de la mayor cantidad posible de tareas.
En el proceso contaron con la colaboración de Ian, un amigo constructor de 62 años, que los ayudó a avanzar con las obras.
La decisión de no contratar todos los trabajos a terceros tuvo un impacto importante en el presupuesto. Según sus cálculos, consiguieron ahorrar más de 100.000 libras esterlinas –casi 135.000 dólares- al realizar ellos mismos gran parte de las reformas.
También recurrieron a las redes sociales para recaudar fondos y conseguir recursos que les permitieran continuar con el proyecto.
La experiencia fue exigente y, como reconocieron, también costosa. Pero el resultado comenzó a tomar forma. La cabaña original ya fue transformada en una casa de vacaciones y el lugar cuenta además con un remolque para caballos que trasladaron desde el Reino Unido y que tuvo una recepción muy positiva.
La iniciativa incluso llegó a la televisión. El proceso de recuperación de la aldea quedó documentado en el programa de Channel 4 “Help! We Bought A French Village!”, que mostró las distintas etapas de la transformación.
Ahora, después de años de trabajo, la pareja asegura que atraviesa una etapa de mayor avance. Su próximo objetivo es terminar la segunda casa rural para el verano de 2027.
“Ahora sí que estamos avanzando a buen ritmo. Nos decimos a nosotros mismos que no podemos creerlo. Todo el lugar es nuestro”, expresó Yip. Y agregó que la experiencia todavía le resulta difícil de asimilar: “Viniendo de donde venimos, creo que la gratitud por estar aquí nunca se agotará. Me deja sin palabras”.
“No queremos que sea una metrópolis”
Aunque la propiedad podría convertirse en una fuente importante de ingresos mediante el alquiler de sus siete casas rurales, Yip y Paul no tienen intención de transformar La Buslière en un complejo turístico convencional.
Su objetivo es otro. Una vez que finalicen las obras, planean instalarse allí de manera permanente y preservar el ambiente tranquilo que encontraron cuando llegaron.
“La gente dice que, una vez que las siete cabañas estén terminadas, vamos a ganar una fortuna. No queremos que sea una metrópolis”, señaló Yip.
La pareja considera que la tranquilidad es uno de los principales atractivos de la aldea. De hecho, asegura que quienes se hospedan allí suelen destacar precisamente esa característica.
“Todos y cada uno de los huéspedes que se alojan aquí dicen que no pueden creer lo tranquilo que es”, contó. “No hay contaminación lumínica, es un lugar fantástico y no queremos estropearlo con siete cabañas habitadas”, explicó.
Talleres, mercados de verano y cine al aire libre: los planes para el futuro
En lugar de destinar todas las construcciones a alojamientos, Yip y Paul quieren darles otros usos y convertir la aldea en un espacio de encuentro.
Las casas rurales que no se utilicen como viviendas o alojamientos podrían transformarse en talleres. También tienen previsto organizar ferias y mercados durante el verano, con actividades que permitan aprovechar las características originales de la propiedad.
Entre sus ideas figura la realización de encuentros mensuales con cine al aire libre y pizzas preparadas en los antiguos hornos que encontraron en el lugar.
La propuesta incluye recuperar elementos que forman parte de la historia de la aldea. Entre ellos se destacan los dos hornos de pizza originales, que esperan utilizar para acompañar las actividades.
La intención también es mantener una estética alejada de las comodidades y los materiales más habituales en las construcciones modernas. Por eso, anticiparon que no habrá televisores en las cabañas ni ventanas de PVC.
Transforming This Lost Hamlet… One Job at a Time (156)
Fuente: www.clarin.com



