BTS o el desafío cotidiano de amarse a uno mismo
El 24 de septiembre de 2018, un joven de 24 años llamado Kim Nam-joon (RM), se presentó ante la 73º Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, con mucha seriedad y en un perfecto inglés como líder de la banda surcoreana BTS. Allí pronunció un histórico discurso en durante el lanzamiento de la iniciativa Generation Unlimited de Unicef donde convocó a la juventud: “Hemos aprendido a amarnos a nosotros mismos, así que ahora les insto a que ‘se expresen’”, haciendo alusión a lo aprendido a través de sus últimos discos (la trilogía de Love Yourself) y destacando el gran empuje de sus fans.
Yo apenas había escuchado un par de canciones de ellos en 2015, pero entonces el algoritmo empezó a hacer su trabajo y comenzó a mostrarme contenido de este grupo de k-pop masculino que lideraba RM acompañado por Kim Seok-jin (Jin), Min Yoon-gi (Suga), Jung Ho-seok (J-Hope), Park Jimin (Jimin), Kim Tae-hyung (V) y Jeon Jung-kook (Jungkook). Escuché “Let go” del tercer álbum en japonés “Face Yourself”, y ya nada fue igual. Igual que Alicia, en el País de las Maravillas, “caí en la madriguera del conejo” y comencé a escuchar a BTS, primero en japonés. Y cuando ya había consumido todo en japonés, comencé con el contenido en coreano, y nunca más salí de ahí. Sus videoclips, videos de giras y ensayos, sus historias, la aplicación para conversar con sus fans, sus documentales de viaje, sus programas de entretenimiento de Youtube, los subproductos (videojuegos, animaciones, membresía) y videos explicativos de otras fans, hasta que finalmente me recibí de “Army” (nombre de los fanáticos de BTS).
Finalmente, después de siete años de verlos solo a través de una pantalla, en octubre llegaron a Argentina con su Arirang World Tour. Y el primer concierto en el Estadio Único de La Plata no solo albergó un concierto de pop coreano; fue el cumplimiento de una promesa largamente esperada y el testimonio de la madurez de un fenómeno global. Para quienes hemos seguido los pasos de BTS, la jornada tuvo un carácter casi histórico.
La experiencia comenzó horas antes del show principal, durante la prueba de sonido. En ese espacio despojado de los artificios de las pantallas y el maquillaje, ver a los siete ahí adelante, reales, respirando el mismo aire, cantando, bromeando e interactuando con Army, fue inédito. Fue el momento exacto en el que la retórica de “regresar a los escenarios” se transformó en una realidad palpable en suelo argentino.
El concierto principal consolidó los cánones simbólicos más anhelados por el fandom local. El pico de comunión cultural se alcanzó cuando el grupo subió al escenario vistiendo las camisetas oficiales de la selección argentina de fútbol, un gesto que excedió el mero protocolo turístico para convertirse en una validación explícita a la pasión de una de las comunidades más fieles de la región. En el plano estrictamente musical, la inclusión en el repertorio de “Hold Me Tight” -una de las baladas melódicas más ricas de su catálogo inicial-funcionó como un guiño de gratitud hacia la vieja guardia de seguidores, rescatando la profunda sensibilidad vocal que caracterizó sus primeras etapas.
Haber vivido todo esto me hizo reflexionar profundamente sobre el mensaje de Love Yourself, el concepto con el que los conocí. Siete años atrás, este mensaje irrumpió en la industria musical como un faro de aceptación personal para millones de personas. Hoy, el análisis de este concepto adquiere una nueva dimensión. Personalmente, en ese entonces, sus palabras me sirvieron de refugio, pero hoy, viéndolos madurar en el escenario tras su regreso del servicio militar, entiendo ese mensaje desde un lugar mucho más maduro.
Ver a un BTS post-servicio militar, ya siendo mayores de 30 años, resulta evidente que Love Yourself no es un eslogan estático, sino un proceso de construcción identitaria que los propios artistas continúan transitando. Ya no se trata de los jóvenes que buscaban validación en las listas de éxitos, sino de músicos adultos que han lidiado con la pausa, el aislamiento obligatorio del servicio y la presión de las expectativas globales. Su identidad actual, expuesta en la madurez interpretativa de este Arirang Tour, se percibe más honesta y reconciliada con sus propias transformaciones humanas.
Los tres shows en Buenos Aires no fueron solo la celebración del éxito; fue la constatación de que, mientras el fandom crece y evoluciona en sus vidas personales, BTS hace exactamente lo mismo sobre el escenario, demostrando que el lazo que los une sigue siendo uno de los fenómenos socioculturales más genuinos del siglo XXI.
La estrategia de Corea del Sur para convertir su entretenimiento en un imán cultural
Hacia el año 2009, el fenómeno global hoy conocido como Hallyu u “ola coreana” comenzaba a trazar sus primeras rutas de distribución masiva. A diferencia de las industrias culturales tradicionales de la región, como la japonesa, la producción audiovisual de Corea del Sur halló en la distribución online una ventaja competitiva clave: la accesibilidad. En aquel mapa digital temprano, hitos cinematográficos de la talla de Oldboy, junto con el magnetismo pop de agrupaciones como Girls’ Generation o Super Junior, ya daban cuenta de una sofisticación industrial latente. Una veta comercial que alcanzaría su primer gran hito viral en 2012 con el impacto global de Gangnam Style de PSY. Sin embargo, para gran parte de la audiencia, estos consumos representaban hallazgos aislados antes que una militancia cultural definida.
La fisonomía de este mercado cambió drásticamente con la llegada de la crisis sanitaria en 2020. El estallido de la pandemia obligó a BTS, el principal bastión del K-pop contemporáneo, a cancelar su ambiciosa gira mundial Map of the Soul Tour. Tras un breve regreso a los escenarios presenciales a finales de 2021 en los Estados Unidos y Corea del Sur, el grupo precipitó un punto de inflexión institucional durante el evento anual Festa en junio de 2022. Allí, los siete integrantes anunciaron un cese temporal de sus actividades grupales para priorizar sus carreras en solitario y cumplir, de manera escalonada, con el servicio militar obligatorio de dos años exigido por su país natal.
Lejos de contraerse ante la ausencia de su mayor embajador, la maquinaria cultural surcoreana experimentó una metamorfosis estructural sin precedentes entre 2020 y 2025. Los bienes de consumo estrictamente digitales -música, series y cine- funcionaron como plataformas de tracción para exportar un estilo de vida integral. Para el cierre de 2025, el sector reportó un récord histórico de exportaciones valuado en 14.900 millones de dólares. El impacto se trasladó de forma directa a la economía real: el sector gastronómico (K-Food) alcanzó la cifra inédita de 13.620 millones de dólares en envíos al exterior, mientras que la industria cosmética (K-Beauty) registró un alza del 12,3% hasta consolidar 11.400 millones de dólares. Por primera vez en la historia económica del país, ambos rubros ingresaron al Top 10 de los principales sectores exportadores generales de Corea del Sur.
Este ecosistema expansivo -apuntalado por el fenómeno televisivo de El Juego del Calamar (2021), la diversificación solista de los miembros de BTS, la maduración de proyectos globales como Blackpink o NewJeans y la emergencia de nuevas agrupaciones- preparó un terreno fértil para el reencuentro de la banda. El pasado marzo de 2026, el septeto oficializó su regreso definitivo con el lanzamiento de su quinto álbum de estudio, Arirang, dando inicio inmediato a una masiva gira mundial homónima. Al cierre del balance financiero de septiembre, el Arirang World Tour ya registraba una recaudación de más de 561 millones de dólares en taquilla global.
El tramo latinoamericano del tour concluyó formalmente este sábado en Brasil. Tras una histórica travesía regional que convocó a 853.000 espectadores a lo largo de cinco países de la región, la agrupación regresó a Seúl para un breve receso técnico durante el mes de noviembre. El itinerario internacional se reanudará posteriormente con fechas programadas en el sudeste asiático -incluyendo escalas en Taiwán, Tailandia, Malasia y Singapur- y Oceanía, completando así un calendario que supera las 80 presentaciones y consolida la gira de reencuentro más lucrativa y de mayor impacto sociocultural de la temporada.
Fuente: eltribunodejujuy.com
