Fortalezas y heridas que deja el clásico :: Olé

Especulábamos ayer desde esta pieza sobre lo que se jugaban Boca y River en el clásico, y cómo podían llegar a quedar parados según les hubiera ido en la Bombonera. Hoy ese mapa está más a la vista y en carne viva, después de un partido en el que pasaron muchas cosas previsibles y pocas que pudieran sorprender.
Boca encara los últimos metros con la fortaleza del caballo ganador, que todavía tiene que pegar algunos fustazos pero sigue teniendo abierto un horizonte abundante de títulos y estrellas por venir. Y que con cada paso que da, más se vigoriza, más cree en sí mismo y más miedo les mete a los rivales.
River, ya sin la zanahoria de un Súper que le cambiara el humor y le diera un empujón para pelear por los objetivos de segundo orden que le quedaban, se alejó de otra chance de Libertadores que no sea salir campeón del Clausura, al que está lejos de ser un candidato.
Todavía tiene que estar atento a resultados de los demás para consolidar su clasificación a la Sudamericana y un puesto para pelear en su zona con el que, además de clasificarse, no le queden todos los playoffs de visitante.
Boca lo hará agrandado y graduando las fuerzas que le demandan tantos frentes abiertos al mismo tiempo. No ha tenido sus mejores actuaciones en los dos últimos clásicos, pero en ambos le alcanzó para ganarlos. Hay variantes, juego, llegada al gol y una fuerte presencia de ánimo, a la altura de su historia.
River llegará hasta donde llegue en el Clausura con lo que tiene (el formato ha ayudado a equipos que tenían menos), pero será a los tropezones, con incertidumbre sobre quién será su entrenador y a cuántos del plantel actual se sacará de encima después de los sonoros fracasos individuales de este año. Y encima, surfeando la pésima relación con la AFA, que no tiene miras de mejorar.
Fuente: www.ole.com.ar







