Bajo cero y con los puños en alto: la foto de Diego Maradona en la Muralla China que nació de una promesa a sus hijas :: Olé

Noviembre de 2003. El calendario marca que Diego Maradona acaba de cumplir 43 años. Para entonces, su vida era un laberinto entre Cuba y el magnetismo de una leyenda inagotable. Lejos del ruido cotidiano de Buenos Aires y del calor popular que lo perseguía en cada rincón, el Diez viajó a Pekín en el marco de una gira que combinaba la presentación de su autobiografía traducida al mandarín con eventos comerciales. Sin embargo, había algo que no pensaba negociar antes de subirse al avión de regreso: pisar la Gran Muralla China.
Entre recuadros correspondientes al Torneo Apertura de aquel momento, la travesía quedó inmortalizada en las páginas de Olé. Con la soltura y la trastienda que solo el ex capitán de la Selección Argentina podía regalar, la crónica dejó al descubierto el verdadero motor que lo llevó hasta la cima del monumento milenario: ” Era una promesa que les hice a mis hijas“, confesó tras completar el ascenso a bordo de un teleférico.
Fiel a su estilo, el recorrido no fue una simple visita protocolar o un paseo turístico convencional. El astro no solo desafió el viento helado y las bajísimas temperaturas de las montañas asiáticas para inmortalizar la postal que daría la vuelta al mundo, sino que también se despachó con una de sus ocurrencias.
Al enterarse que Pelé había recorrido el mismo tramo un tiempo atrás, soltó una carcajada, aceleró el paso y redobló la apuesta con total picardía. ” Puedo correr más“, advirtió desafiante cuando le señalaron el punto exacto en el que el brasileño se había quedado sin aire.
En plena caminata, el pibe de Fiorito no pudo con su genio. Entre los bloques de piedra milenarios, bajo la mirada atónita y fascinada de los guardias de seguridad y los habitantes locales, apareció una pelota. Con el polar negro cerrado hasta el cuello para contrarrestar el frío, el Diego frenó el tiempo: la durmió con la frente, tiró un par de jueguitos y convirtió el monumento histórico en un potrero argentino improvisado. Así, entre la locura por conseguir un autógrafo y el desborde de su comitiva, ratificó que el idioma del fútbol es universal.
En aquel viaje, a Pelusa le quedaba un solo deseo en el tintero: entrar a Japón para presenciar la Copa Intercontinental que Boca iba a disputar frente al Milan, una travesía que finalmente se vio frustrada por trabas con el visado nipón. No obstante, el destino ya había escrito su propia página.
La imagen levantando los brazos sobre los adoquines de Badaling no fue solo una parada más en su agenda: fue el juramento cumplido de un padre a miles de kilómetros de casa y una postal eterna.
El libro que Diego Maradona fue a presentar a China en 2003
Aunque la postal en la Muralla China se robó todas las miradas, el viaje de Diego Maradona a Pekín en noviembre de 2003 tuvo un fuerte motor comercial: la presentación oficial de la edición en mandarín de su autobiografía, Yo soy el Diego de la gente.
Dicho libro, que fue escrito por los periodistas Daniel Arcucci y Ernesto Cherquis Bialo, ya era un éxito rotundo en Occidente y buscaba expandir el culto del Diez en el gigantesco mercado asiático.
Fuente: www.ole.com.ar






