Baluis y Dalila viven a 4.800 metros de altura en los Andes: “A partir de las 6 de la tarde ya da miedo por lo que cuentan de las lagunas”

A unos 4.800 metros sobre el nivel del mar, en los Andes de Perú, Baluis y Dalila llevan una vida muy diferente de la que se conoce en las ciudades. Rodeados de montañas, lagunas y extensas zonas sin vegetación, se dedican a la crianza de alpacas y truchas, en un territorio donde el clima puede cambiar en cuestión de minutos.
Su historia fue registrada por el creador de contenido José Medrano en YouTube, quien recorrió los caminos de la región para conocer cómo sobrevive esta pareja en uno de los sectores más aislados de la cordillera. Durante la visita, además de mostrar sus actividades cotidianas, conoció los relatos sobre unas lagunas que despiertan temor entre los habitantes.
“A partir de las 6 de la tarde ya esta parte se llega oscuro, se tapa con la nube todo“, explicó Baluis mientras recorrían uno de esos espejos de agua. Según su testimonio, los sonidos que se escuchan en determinados horarios llevaron a los pobladores a evitar acercarse cuando comienza a anochecer.
Las misteriosas lagunas de los Andes que despiertan temor entre los pobladores
El recorrido comenzó en Padriyupampa, donde Baluis mantiene una piscigranja artesanal. Desde allí, el grupo emprendió un viaje hacia Futón Quebrada, el paraje donde Dalila permanece cuidando a las alpacas.
El trayecto requiere aproximadamente una hora en motocicleta, aunque a pie puede demandar entre cuatro y cinco horas. No existen caminos convencionales y las lluvias convierten las pequeñas huellas de tierra en superficies resbaladizas.
Durante el ascenso, Baluis mostró dos lagunas conocidas como Tamias Esquina y Coche Coche. Esta última, según explicó, es considerada especialmente peligrosa por los habitantes de la zona.
Baluis y Dalila cuentan cómo es vivir a 4.800 metros de altura. Foto: YouTubeEl hombre recordó un episodio en el que un joven murió después de ingresar al agua. Según su relato, cuando recuperaron el cuerpo encontraron heridas que describió como rasguños. Se trata de un testimonio local, sin información independiente que permita establecer las circunstancias de esas lesiones.
Sin embargo, lo que más llamó la atención del visitante fueron las historias que Baluis compartió sobre lo que sucede en las lagunas al caer la tarde.
“A partir de las 6 de la tarde canta gallo“, relató, en referencia a los sonidos que, según los pobladores, se escuchan cerca de uno de los cuerpos de agua.
En los Andes peruanos, Baluis se dedica a la cría de truchas. Foto: YouTubeTambién mencionó otros ruidos que los habitantes interpretan como fenómenos misteriosos. “Hacen chicos encantos, criaturas lloran“, expresó en una parte de su relato, recogido en una transcripción con algunas dificultades de audio. Por esa razón, aseguró que prefieren mantenerse alejados de esos lugares durante la noche. “Nosotros ya no nos acercamos mucho“, explicó.
Según Baluis, durante las primeras horas del día es posible recorrer los alrededores con mayor tranquilidad. Sin embargo, la situación cambia cuando comienza a oscurecer y aparecen las nubes.
Los relatos forman parte de las creencias y experiencias transmitidas por quienes conocen el lugar. No existen pruebas en el material de que los sonidos tengan un origen sobrenatural, aunque el aislamiento, la profundidad de las lagunas y la escasa visibilidad contribuyen al temor que describen sus habitantes.
Cómo es la vida de Baluis y Dalila a 4.800 metros de altura
Más allá de las historias de las lagunas, la vida cotidiana de la pareja está marcada por el trabajo y las dificultades que impone la montaña.
Baluis explicó que lleva aproximadamente ocho años dedicado nuevamente a la crianza de truchas. Sus instalaciones están construidas de manera artesanal con piedras, tierra y canales que permiten aprovechar el agua de los ríos.
Dalila, mientras tanto, permanece en una estancia situada a mayor altura, donde cuida las alpacas. Durante determinadas temporadas, ambos trabajan en distintos sectores de la montaña.
Dentro de una pequeña casita de piedra y paja, cocinan trucha con arroz. Foto: YouTubeLas viviendas son pequeñas construcciones de piedra y madera, con techos elaborados a partir de vegetación de la zona. En el interior utilizan una cocina que también les permite mantener el ambiente caliente.
La alimentación incluye truchas frescas, papas nativas e infusiones de hierbas. Son productos que obtienen del entorno y que forman parte de sus comidas habituales. Pero permanecer allí durante todo el año resulta imposible. Cuando llegan las precipitaciones intensas y las nevadas, las condiciones obligan a trasladar los animales hacia sectores más bajos.
“Acá vivimos nada más este mes de octubre, hasta mitad de octubre“, comentó Baluis al explicar que deben abandonar progresivamente las zonas más elevadas cuando empeora el tiempo.
Un paisaje típico andino, con llamas y la montaña árida de fondo. Foto: YouTubeEl hombre también describió las dificultades que enfrentan para desplazarse. “Es una vivencia muy complicada“, reconoció. Durante la visita, una nevada cubrió rápidamente el paisaje y complicó el regreso de los visitantes. La nieve volvió resbaladizos los caminos y dificultó la circulación de la motocicleta.
Dalila, por su parte, permaneció en la estancia junto a sus animales y perros, con la intención de continuar allí aproximadamente dos semanas más antes de descender. La experiencia permitió mostrar una forma de vida que exige resistencia física, conocimiento del territorio y una relación permanente con la naturaleza.
Para Baluis y Dalila, las montañas representan su hogar y su principal fuente de sustento. Sin embargo, también son un lugar en donde el frío, la soledad y las historias transmitidas entre generaciones recuerdan que vivir a casi 5.000 metros de altura implica convivir diariamente con riesgos y misterios.
Esta pareja VIVE SÓLO en un inhóspito rincón de los Andes Peruanos | Padrillo pampa
Fuente: www.clarin.com



