Baruch Spinoza, filósofo neerlandés: “He procurado no reírme de las acciones humanas, ni deplorarlas ni odiarlas, sino comprenderlas”

Baruch Spinoza, el filósofo neerlandés del infinito y la libertad de pensamiento, se considera uno de los grandes representantes del racionalismo moderno del siglo XVII. Su concepción del ser humano y la naturaleza de las decisiones mantienen su vigencia aún tres siglos después de su muerte.
Nacido en Ámsterdam el 24 de noviembre de 1632, murió a los 44 años en La Haya, al oeste de los Países Bajos, el 21 de febrero de 1677. En su obra “Tratado teológico-político” (1670), publicado de forma anónima, fue uno de sus textos más revolucionarios.
En aquellas páginas expuso una crítica al texto bíblico y defendió la libertad de filosofar como pilar imprescindible para la paz del Estado, motivo por el cual fue censurado y prohibido.
“Ética demostrada según el orden geométrico” (1677), su escrito cumbre, fue publicado de forma póstuma con la estructura de un tratado matemático. Mediante definiciones y axiomas expuso toda su teoría moral.
El “Tratado político” (1677), fue su última obra y quedó inconclusa por su muerte, pero en los fragmentos que alcanzó a escribir profundizó en las estructuras institucionales y la organización del Estado republicano.
Escribía en latín, pero su prosa era amena y buscaba la comprensión universal. “Sed sedulo curavi, humanas actiones non deridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere“, es una de las frases que eternizó en su ópera prima.
“He procurado no reírme de las acciones humanas, ni deplorarlas ni odiarlas, sino comprenderlas“, sería la traducción más cercana al español de aquella frase.
La filosofía de Baruch Spinoza
Como buen exponente del determinismo y la naturaleza humana, Spinoza consideraba que las acciones humanas no son arbitrarias ni “malas” por naturaleza, sino el resultado de causas necesarias.
Spinoza sostenía que las pasiones, emociones y conductas humanas están sujetas a las mismas leyes naturales de causa y efecto que rigen cualquier otro fenómeno del universo.
Baruch Spinoza también es conocido como el “Príncipe de la inmanencia”. Foto: ArchivoCriticaba a los filósofos y teólogos que dedicaban su tiempo a satirizar o condenar las debilidades humanas y proponía adoptar una postura analítica y lo más imparcial posible.
Tal como haría un científico, pensaba que los filósofos debían estudiar las emociones y decisiones humanas sin prejuicios morales, buscando únicamente sus causas explicativas.
En pleno periodo barroco, postuló la deconstrucción del dualismo, lo que implicaba la superación de la división cartesiana entre mente y cuerpo.
De la censura a la reivindicación
Pocos pensadores sacudieron los órdenes políticos y filosóficos como lo hizo Spinoza. Rompió con los esquemas que predominaban en la época y su influencia fue vital para grandes filósofos como Hegel, Marx y Nietzsche.
Los textos de Spinoza fueron incluidos en el Índice de libros prohibidos de la Iglesia católica en 1679. Su obra circuló de forma clandestina y fue reivindicada por otros grandes filósofos alemanes recién principios del siglo XIX.
Pintura de Samuel Hirszenberg que representa el rechazo de los judíos de Ámsterdam al filósofo Baruch Spinoza. Foto: Wikimedia Commons/Dominio públicoLa noción de “Dios” para él no refería a un ser dotado de omnipotencia que Lo definió como “una sustancia que abarca todo lo real, todo lo que existe”.
El concepto de Dios de Spinoza se relaciona con el orden necesario y eterno de lo que él llamó “la sustancia infinita”. En su filosofía no hay dualismo: alma y cuerpo no son entes separados, sino que se trata de una y la misma cosa, pero vista desde distintas perspectivas.
En otras palabras, alma y cuerpo son dos atributos diferentes de la misma sustancia. El pensador neerlandés proponía un método hermenéutico o de interpretación de la Biblia en los límites de una racionalidad y negaba cualquier resplandor de milagro, ya que consideraba que lo sagrado está dentro de la realidad física.
Concebía la razón como un instrumento vital para alcanzar la felicidad. En esa línea de pensamiento la ética se basa en una profunda comprensión de la naturaleza humana y el universo.
El bienestar personal, según la filosofía panteísta
Para Spinoza el bienestar personal no depende de evitar el sufrimiento, sino de una adecuada comprensión de las leyes naturales y la capacidad de alinearse con ellas.
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¿Qué es la filosofía?
Proponía contemplar nuestras acciones y sentimientos como si fuesen líneas, con la intención de que se crucen la corriente fría de la argumentación y la corriente cálida de las pasiones, para que entre ambas construyan un razonamiento que culmine con la felicidad.
Al adquirir una mayor comprensión de las leyes naturales que rigen nuestra mente y las emociones, aseguraba que podemos transformar aquellas pasiones en sentimientos más constructivos: amor, alegría y serenidad.
La razón en la ética de Spinoza es el medio que permite a los seres humanos liberarse de ser esclavos de sus propias pasiones.
La meta de aquel “Tratado teológico-político” radicaba en defender el libre pensamiento. Proponía que cada quien rinda “culto a Dios según el propio juicio”, ya que no consideraba que religión y libertad fuesen opuestos; incluso creía que la religión, al igual que la razón, imparten enseñanzas comunes de caridad, justicia y amor al prójimo.
Con aquel postulado Spinoza intentó refutar a quienes le acusaban de ateísmo y promovía un Estado que permitiera la libertad de modo “que cada uno piense lo que quiera y diga lo que piense”.
Fuente: www.clarin.com



