Crear puentes infinitos | Perfil


Crear puentes infinitos | Perfil

Hace diez años estrenamos La Fiesta del Viejo, nuestra relectura de Rey Lear, de Shakespeare, en el Espacio Callejón. Y ahora el camino nos vuelve a traer adonde todo empezó, para celebrarlo. Regresamos en el marco de una gira por Argentina, coproducción de las compañías Estro y Projet 26, en la que además presentaremos Espejismos del tiempo, una obra de danza-teatro que vuelve la mirada sobre nuestras infancias.

Son dos obras que me ayudan a tender puentes entre el pasado y el presente, entre la palabra y lo no dicho, entre el acá y el allá, entre el recuerdo y la imaginación. Puentes que también son preguntas. Puentes generosos que me orientan en el viaje a la memoria para ver qué podemos hacer con eso que hay en nosotros de aquello que ya no está. Y, sobre todo, me ayudan a encontrar una unión fundamental: la de mi vida de hoy con mi tierra. Es que el camino me trajo a vivir hace un tiempito a Francia, desde donde, dos siglos atrás, partieron mis antepasados hacia el sur del mundo. ¿Qué une aquello con esto? Quién sabe.

El camino se vuelve puente entre lugares y tiempos, entre búsqueda artística y necesidad de encuentro. Obra y vida se mezclan, y aparecen Shakespeare, el presente, la infancia y su resonancia, los amigos del teatro, el club que fue, el viaje, lo irremediablemente perdido y la pulsión por seguir adelante. No es acá o allá, es el puente. Es ir y venir. Es acá “y” allá, en el momento que toca. Es el movimiento del viajero.

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¿Qué une a esos inmigrantes conmigo? ¿Hay dolores compartidos? ¿De qué escaparon y hacia dónde? ¿Qué buscaban? ¿Qué encontraron? ¿Qué nos hace movernos? ¿Cuán extranjeros somos de nuestra propia historia? ¿Qué tan protagonistas podemos ser de nuestro viaje? ¿Cómo saber cuál es el próximo paso?

“Para saber cuál es el próximo paso, hay que ir hacia atrás”, dice uno de los personajes de Espejismos. A lo mejor tiene razón.

En La Fiesta del Viejo, al volver a Shakespeare, tendemos un puente entre generaciones, entre la vejez y lo que se hereda, entre las pérdidas y aquello que sigue viviendo en quienes vienen después. También entre una obra escrita hace siglos y las preguntas que aún nos hacemos hoy. En “Espejismos del tiempo”, el puente es la escena: la danza y el teatro se encuentran, el cuerpo conversa con la palabra y la infancia regresa transformada por el tiempo y la imaginación. Una obra mira hacia la vejez; la otra, hacia la niñez. Y en ese ir de un extremo al otro hay una pregunta compartida: ¿qué queda en nosotros de las personas, los lugares y los tiempos que ya no están? ¿Dónde queda la niñez que habitamos? ¿Dónde está el viejo que seremos? Crear es también eso: reunir lo que parece separado y descubrir que todavía tiene algo para decirnos. Crear es uno, o muchos puentes, que nos permiten habitar las distancias y encontrarnos del otro lado.

En ambas obras, en mi vida en Francia, en la escritura y en los ensayos, en las reflexiones, la pedagogía y la creación, me doy cuenta de que estoy en eso: en volver hacia atrás para entender el paso que doy en el presente. Parece nomás que en nuestra historia están las pistas del ahora y del después. Quizás por eso volvemos al Espacio Callejón. Para compartir y celebrar un camino presente y para darnos un abrazo teatral. Estamos felices y nos encantaría compartirlo con el público, con los de acá y con los de allá. Antes de irnos para seguir volviendo. ¡Bienvenidos y bienvenidas!

*Dramaturgo y director.



Fuente: www.perfil.com

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