El goleador inesperado de River que expone la sequía de los delanteros :: Olé


Que Gonzalo Montiel haya sido la principal carta ofensiva de River en Junín, con dos goles (uno anulado) apareciendo dentro del área rival, deja dos lecturas. Habla muy bien de Cachete y lo destaca por su actitud y rebeldía para sumarse al ataque y a la vez refleja un déficit alarmante ante la necesidad de ganar los cuatro partidos restantes. El lateral derecho es uno de los killers del Millonario tanto en el semestre (3) como en el año (7) y hoy asoma como el jugador más peligroso en ataque mientras los delanteros siguen con el hilo en la mano sin poder enhebrar la aguja y ser punzantes.
Sebastián Driussi estuvo cerca en Junín, pero ya son cinco los partidos que arrastra sin convertir. Lucas Beltrán no puede cortar la sequía desde su vuelta a Núñez y el único festejo de Rafael Santos Borré -en Copa Argentina- fue, como diría el Chavo del 8, sin querer queriendo. Entonces, aunque preocupan, los números no sorprenden: River gritó apenas 17 goles en los 15 partidos que disputó en lo que va en esta segunda parte del año y el 18% fueron obra de Montiel, mismo porcentaje que acumulan los tres puntas juntos.
El termómetro ofensivo pasa por el Gordo, goleador absoluto del plantel (9) en el año, pero con su físico como amenaza. De hecho, el atacante quedó marginado de las primeras cinco jornadas del Clausura y de la ida de octavos de la Copa Sudamericana producto del desgarro en el gemelo izquierdo sufrido antes del reinicio de la competencia.
A su lado, la gran luz de esperanza es Ángel Correa, la pieza más desequilibrante del medio hacia adelante y el único capaz de frotar la lámpara con una gambeta o un pase entre líneas que rompa los esquemas. Sumando las tres conquistas del ex Tigres, aun así los registros no mejoran y reflejan la sequía ofensiva.
“Mientras tengamos situaciones no es preocupante, creamos y el juego lo tenemos. Muy pocos equipos tienen situaciones como las tiene River”, enfatizó Ponzio, mirando la mitad del vaso de lleno, aunque internamente es consciente de que los partidos se ganan dejando la pelota en el fondo de la red: “Si somos eficaces a la hora de ejecutar, los partidos se van a hacer más cómodos”.
Aunque River suele acercarse y merodear el arco rival, a la hora de la verdad no concreta y le falta ese segundo clave que hace la diferencia para convertir. Por momentos con abuso del juego interior y sin la lucidez a la hora de tomar decisiones en la zona de definición, los goles son amores en el fútbol. Y de momento, el Millonario, por estas horas fuera de la zona de playoffs y en la cornisa en la anual pensando en la Libertadores 2027, también está lejos de poder conquistar a sus hinchas.
Fuente: www.ole.com.ar



