Se casó con el amor de su vida, poco después murió en la horca: el caso de Alireza Sepahi


Alireza Sepahi, de 25 años, fue ejecutado el lunes en el centro de Irán. Estaba bajo arresto desde enero y se había librado de la ejecución en julio tras sufrir un infarto.
Murió en la horca de la cárcel de Isfahan junto con un hombre de 21 años, Alireza Raissi, por protestar el 8 de enero en la Plaza Alikhani de su ciudad.
El detalle que dramatizó aún más el asunto fue que justo antes de su ejecución, Sepahi se casó con su pareja, Mahshad Kashani, de 22 y también detenida por las protestas, en una ceremonia efectuada por teléfono en vísperas de la ejecución.
Según la agencia noticiosa Mizan, del poder judicial, y reportes de varios grupos de derechos humanos, ambos fueron condenados por integrar un grupo armado y poner en peligro la seguridad nacional.
Irán ejecutó a 34 personas por las protestas masivas de finales de diciembre y enero, según la oenegé Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega. Grupos de derechos humanos dicen que las manifestaciones fueron contenidas con una represión que mató a miles de personas.
Sepahi fue arrestado el 10 de enero, pocos días después de los hechos que se le reprochaban, junto a su madre, quien fue condenada a cinco años de cárcel.
El caso contra él presentó “graves deficiencias de procedimiento”, incluyendo “menosprecio por las pruebas de la defensa”, como las imágenes que muestran que él no estaba en la zona en el momento en que murieron los policías, según la ONG Abdorrahman Boroumand Center, con sede en Estados Unidos.
Tras su condena, Sepahi debía ser ahorcado en público el 28 de julio en la Plaza Alikhani junto a dos hombres, uno de ellos su primo Abolfazl, según IHR.
Sin embargo, “sufrió un ataque cardíaco y fue transferido al hospital”, contó Mai Sato, relatora especial de la ONU sobre derechos humanos en Irán, que agregó: “Recibió el alta unos días después y volvió a prisión, donde vivió cada día con miedo a la ejecución, hasta que llegó el momento”.
La Corte Revolucionaria de Isfahan rechazó su apelación, y sus familiares fueron citados para un encuentro final. Pero Sepahi tenía un último plan.
Su abogado organizó una llamada telefónica con Kashani, encarcelada en otra prisión de Isfahan, para que recitara los votos matrimoniales antes de que muriera, con autorización de ambos padres.
Cuando el abogado pidió permiso para llevar adelante la boda, con una dote consistente en “un ejemplar del sagrado Corán, un trozo de caramelo de azúcar cristalizada y una rosa roja”, ambos padres respondieron afirmativamente, según la grabación de audio divulgada por organizaciones de derechos humanos, como IHR.
Pero todo fue a distancia, ya que las autoridades penitenciarias le negaron permiso a la pareja de verse en prisión por última vez.
“Los abogados esperaban que el casamiento sirviera para aplazar la ejecución, pero las autoridades afirmaron que la novia no era familia del prisionero e impidieron una ceremonia en persona”, dijo Roya Boroumand, cofundadora del Centro Abdorrahman Boroumand.
Sato afirmó que incluso después de la ejecución, “el horror continuó para su familia”, debido a que su cuerpo no fue devuelto para su entierro en Isfahan, sino transferido a Kashan, a unos 200 kilómetros de distancia.
Fuente: www.clarin.com



