Francesc Torralba, filósofo español, sobre la crianza de los hijos: “La sobreprotección es un impedimento clave para desarrollar la cultura del esfuerzo”


La maternidad o paternidad transforma la vida de un persona. Desde el momento en el que un hijo llega a la familia, las prioridades cambian y aparecen nuevos retos y responsabilidades.
La crianza no tiene una hoja de ruta marcada, cada padre o madre se deja llevar por sus propias experiencias y circunstancias. Esto puede hacer que los progenitores improvisen sobre la marcha, repitan patrones de la infancia o cometan determinados errores.
Uno de los más comunes, según el filósofo, teólogo y catedrático español Francesc Torralba, es pensar en los hijos como una propiedad. Según explicaba el experto catalán en una de sus últimas intervenciones, esta forma de entender la crianza está estrechamente relacionada con la sobreprotección.
“La sobreprotección es un impedimento clave para desarrollar la cultura del esfuerzo. Es la tendencia a evitar la caída, a evitar la contrariedad, a quitar el obstáculo para que no se frustre, para que no fracase, para que no sufra“, afirmó en uno de los últimos episodios del pódcast Gente sin límites.
Y agregó: “Se van apartando las piedras de su camino y se hace una visión de la vida completamente equivocada. Si no le acostumbras y le sobreproteges, la consecuencia final es que se hunde frente a la primera piedra“.
Por ello, el especialista insiste en las consecuencias de este tipo de crianza. “Aquí hay una mala praxis educativa, que es la sobreprotección y el paternalismo. Esto da lugar a una generación a la que hemos llamado ‘copo de nieve, generación de cristal o generación de porcelana’ porque se rompen a la mínima”.
Sobre la sobreprotección también se pronunciaba la psicopedagoga Sonia López Iglesias. Según contó en una entrevista con La Vanguardia, “sobreproteger es desproteger” ya que este comportamiento impide que los hijos desarrollen “las habilidades sociales, comunicativas, de regulación emocional que necesitan para hacer frente a los retos diarios”.
En este sentido, Torralba recalca la necesidad de aceptar a los hijos como individuos independientes, con identidad propia, y no como una extensión de uno mismo.
“Un hijo no es una propiedad, ni una posesión. El posesivo de primera persona del singular está mal empleado. Yo digo ‘mi polo’, ‘mi moto’ o ‘mi casa’, pero decir ‘mi hijo’ tiene un significado totalmente diferente porque no es tuyo, no es una propiedad, no lo has comprado y no lo puedes vender”, subraya.
Y detalla: “Es un ser humano que tiene unos derechos, unos deseos y un proyecto de vida en el que necesita apoyo”.
Según el filósofo, muchos padres adoptan una actitud muy posesiva y de apropiación con sus hijos, incluso en la forma de hablar.
“Muchos dicen ‘me ha sacado estas notas’ o les dicen qué estudiar y qué hacer. Y eso en el hijo crea un verdadero malestar. Un hijo no nos pertenece ni cuando es pequeño ni cuando es mayor. Cuando es pequeño es muy vulnerable y necesita nuestro apoyo y cuando es mayor, vuela”, resalta.
En la misma línea se pronunciaba el filósofo Santiago Gerchunoff en una conversación con La Vanguardia: “Desde siempre decimos ‘tener’ hijos como si fueran una propiedad. Es algo que se ha extremado”.
Para el experto, concebir a los hijos como un proyecto personal e individual de desarrollo, donde ellos son extensiones o proyecciones de lo que uno quiere ser, es un absoluto error.
Nerea Parraga Frutos, La Vanguardia
¿Por qué nos sentimos TAN VACÍOS aunque lo tengamos todo? | Francesc Torralba
Fuente: www.clarin.com



