Manuel Bonilla, agricultor de 82 años: “La juventud no quiere trabajar en el campo porque es muy duro, pero no se puede perder la tradición”


El futuro del campo español se enfrenta a un abismo demográfico sin precedentes ante la falta de relevo generacional. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), más del 40% de los agricultores españoles superan los 65 años y los menores de 35 años no llegan al 4% del sector.
Este alarmante panorama ha puesto en alerta a organizaciones agrarias como la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (ASAJA) y ha dado voz a personas como el veterano agricultor malagueño Manuel Bonilla. A sus 82 años, el productor está triunfando en redes sociales junto a su nieto Dani con sus consejos y opiniones.
La cuenta en la que suben el contenido, La granja de Dani, acumulaba en apenas unos meses más de 300.000 seguidores en diferentes redes sociales. Sin embargo, la idea surgía de una necesidad totalmente diferente: el nieto del agricultor, Dani, se marchaba a Filipinas temporalmente y buscaba la manera para sentirse cerca de sus familiares pese a la distancia.
Ahora, abuelo y nieto, ambos de nuevo en Málaga, aprovechan para reflexionar sobre la situación alarmante que vive la agricultura. “El campo es lo que le da la vida al pueblo. El campo es la comida nuestra y, si el campo se abandona, se abandona todo”.
El octogenario asume con total naturalidad la dureza de este oficio: “La juventud no quiere trabajar en el campo porque yo comprendo que es muy duro, pero tiene que salir gente joven para que no se pierda la tradición antigua”.
El relevo generacional es inexistente en un terreno que tanto ofrece para el día a día. De hecho, diversas organizaciones agrícolas promueven diferentes medidas para tratar de adaptar las labores del campo a la actualidad, con la presencia de herramientas tecnológicas.
Entre estas innovaciones promovidas por el sector para hacer la profesión más atractiva y menos sacrificada físicamente, destacan la digitalización de cultivos, el uso de drones para optimizar el riego y el análisis de datos para el control de plagas.
Esta es una cuestión que Bonilla considera esencial para continuar con este legado agrícola. “La generación mía ya se está acabando, quedamos muy pocos. La juventud es la que tiene que meter el cuello porque nosotros estamos casi acabados”.
El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación también aporta a esta problemática con la organización de cursos para jóvenes agricultores en los que ofrecen a las nuevas generaciones acceso a formación práctica y conocimientos útiles para el desarrollo de su actividad agraria.
El principal objetivo de Dani con la creación de esta cuenta en redes sociales es que no se pierda la sabiduría de personas como su abuelo, que continúan trabajando en el campo. “Hago un llamamiento a la gente joven para que se dedique al campo”, reclama.
El octogenario es consciente de la preferencia de la juventud por otras profesiones que no requieren tanto trabajo físico. Sin embargo, indica la importancia de los productos del campo para poder comer.
Una tradición que él se niega a que se pierda tras haber pasado por tantas generaciones y que la administración central busca retener mediante programas públicos como el Cultiva (impulsado por el propio Ministerio), diseñado para estancias formativas de jóvenes en explotaciones modelo y facilitar así el traspaso de este conocimiento histórico.
Fuente: www.clarin.com



